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03/08/2012 15:07 CEST | Actualizado 07/08/2012 13:12 CEST

Una costurera monta su negocio para salir de la crisis

Paloma Marín / Elhuffpost

"Con la crisis, la gente aprovecha para sacar del armario muchas prendas y arreglarlas, antes de gastar dinero". Desde que montó su tienda de costura, Maribel, madrileña de 57 años, reconoce que cada día son más los vecinos del barrio de Argüelles que se acercan a la tienda. "Sobre todo son pequeños arreglos, como estrechar ropa o meter los bajos de las faldas y los pantalones", comenta.

Maribel no siempre se dedicó a este negocio. Durante más de dos décadas estuvo trabajando en una empresa de alimentación: A causa de la crisis, "la compañía tuvo que cerrar sus puertas y más de un centenar de personas nos fuimos a la calle".

"Cuando me quedé en paro solo pensaba qué iba hacer con casi 60 años. No sabía cómo iba a salir, así que me puse a pensar y recordé la costura". Al igual que la mayoría de las mujeres nacidas en los años cincuenta,"aprender a coser y darle al dedal era lo más normal". Maribel recuerda que fue su abuela materna quien le enseñó a utilizar un dedal y hoy se lo agradece. "Gracias a ella he podido montar mi negocio en plena crisis".

Esta madrileña recuerda el día que le planteó su iniciativa a su marido y a sus hijos. "Les reuní en la cocina y les dije: 'Quiero que me ayudéis a montar mi negocio: una tienda de costura". Al principio, recuerda Maribel, "se asombraron". "Se miraban con cara de póker, hasta que mi marido exclamó: Adelante con ello". Corría 2009; hoy, tres años más tarde, su tienda de "remiendos", como la llama cariñosamente, en la calle madrileña de Andrés Mellado,"va viento en popa".

UN PAR DE PUNTADAS

Esta madrileña reconoce que, tras perder su trabajo y verse haciendo la cola del paro, fue cuando realmente tomó conciencia de las necesidades y "el agobio que se puede llegar a tener". "Así que decidí ayudar de alguna manera. En mi caso, con los estudiantes. No me gusta ver cómo llevan los bajos de los pantalones sin coser. A algunos les da igual, pero a mi no. Se puede ir en vaqueros pero arreglado".

María, oriunda de Logroño, es una de esas estudiantes. "Hace unos meses me acerqué a la tienda. Le pregunté a Maribel por cuánto me salía arreglarme la cintura del pantalón. Ella me preguntó: '¿Y el bajo, está totalmente descosido?'. Me dió un poco de vergüenza decirle que no me daba para todo". "Así que le dije", interrumpe Maribel, "anda, que no te lo cobro. No vas a ir con los bajos sin rematar". Esta logroñesa fue una de las primeras asiduas del barrio. "Ahora vienen más alumnos, sobre todo cuando tienen graduaciones o bodas", añade Maribel.

Para agradecer a esta costurera su solidaridad, algunos de los estudiantes que viven por la zona le traen algún detalle de sus ciudades o pueblos. "Hace un par de días, unos chicos de La Roda me trajeron unos Miguelitos para darme las gracias", comenta sonriendo. "Esto vale más que los siete euros que cobro por cualquier remate", añade mientras se coloca las gafas sobre la nariz.