Internacional

"Cuando sea primer ministro, lo primero que haré será quitar la valla de la frontera con Serbia"

CARLOS CARNICERO

József Tóbiás (Kisvarda, 1970) tiene una enorme tarea por delante. Quiere desmantelar la revolución conservadora y xenófoba del primer ministro húngaro Viktor Orbán. Lo tiene difícil, pero representa al único partido en Hungría que podría aspirar a hacerlo. Desde hace poco más de un año, es el líder del Partido Socialista Húngaro (MSZP, en sus siglas en húngaro), la fuerza política que gobernó hasta 2010. Fue entonces cuando FIDESZ, el partido de Orbán, tomó el poder y emprendió “la revolución de los 2/3”, así llamada por la mayoría de la que goza en el Parlamento y caracterizada por los cambios continuos en la Constitución y las leyes más importantes.

En su despacho en el Parlamento húngaro, József Tóbiás, que es diputado desde 1998, recibe a El Huffington Post y conversa sobre los retos de su liderazgo, la xenofobia de Vicktor Orbán y la crisis de refugiados en Hungría y en Europa.

Pregunta- Usted fue elegido con el 92% de apoyo de su partido en julio de 2014, tras dos duras derrotas en las elecciones generales y europeas (abril y mayo de 2014, respectivamente). ¿Qué balance hace de este año de liderazgo? ¿Ha logrado volver a conectar su partido con la sociedad húngara?

Respuesta- Los últimos cuatro años el partido ha sufrido derrotas muy serias. Durante un tiempo hemos tardado en entender las razones de nuestros malos resultados electorales. Nos ha costado entender no sólo lo que nosotros hicimos mal, sino también saber qué es lo que piensa la sociedad húngara.

Nos convertimos en un partido elitista. Es así. Perdimos el contacto con los votantes. Aunque tuviéramos actos del partido y hubiera mucha participación, no hablábamos el mismo idioma que la gente corriente. Los votantes estaban preocupados por una serie de cuestiones y nosotros hablábamos de otras cosas.

Cuando observé las imágenes de aquella periodista golpeando a los refugiados... ¡Eso no es Hungría!

En 2014 mi nuevo liderazgo tuvo que decidir si continuábamos por ese camino o si por el contrario debíamos situar los valores de izquierda en el lugar que les corresponde en el partido. Queremos construir un partido que no solo es de sus miembros sino también de la sociedad que quiere vivir en una mejor Hungría.

P- En España ahora se llama “casta” a los políticos que han perdido la conexión con la sociedad. Usted habla de élite. ¿Qué acciones han tomado usted y los miembros de su partido para dejar de comportarse como la élite o la casta? ¿Han dejado de viajar en coches oficiales?

R- Elitista no quiere decir qué coche tiene uno. Por cierto, yo tengo un Skoda. A lo que me refiero es a que siempre debes recordar de dónde vienes. Vuelve a la calle en la que naciste. Vuelve a hablar con la profesora que te enseñó en la guardería. Hay que estar con la gente. Esa es la razón por la que estamos empujando a toda nuestra organización para que conecte de nuevo con la sociedad civil.

Si cuando eras pequeño tu familia no tenía dinero para comprarte zapatos y corrías descalzo, la pregunta no es si ahora lo tienes para vestir bien, sino que debes recordar siempre tus orígenes. Hablar como la gente y vivir como vive la gente normal. Esto es lo más importante para recuperar la credibilidad. Hay un dicho húngaro que dice “la ética está llena de promesas”. La gente no se cree a los políticos. No vamos a crear una nueva Hungría en este despacho. La élite siempre dice a la gente lo que tiene que hacer. Hay que dialogar y decidir juntos.

József Tóbiás, durante la entrevista / CARLOS CARNICERO

P- Tras ser elegido líder de su partido, usted declaró que ofrecería a los húngaros “un nuevo contrato social guiado por la igualdad y los principios de libertad, patriotismo y solidaridad”. Sin embargo, parece que la sociedad húngara es cada vez más conservadora. ¿Cree que puede haber una mayoría que comparta los valores de izquierda que usted proclama?

R- No estoy de acuerdo con esa afirmación. Debe entender la historia de nuestro país para comprender cómo es la sociedad. Hoy en Hungría la gente no habla de solidaridad, pero sí es solidaria. Le pongo un ejemplo. El año pasado hubo una gran nevada y una carretera se colapsó con decenas de miles de coches atrapados en ella. El gobierno se limitó a mandar un mensaje de teléfono a la gente para pedirle que no saliera de los coches. En sólo una hora la sociedad húngara se movilizó y muchos voluntarios llegaron al lugar para llevar agua, alimentos… La mayoría de la gente en Hungría espera que el gobierno la proteja. Si no sienten que el gobierno lo hace, entonces se protegen ellos mismos.

Lo mismo puede decirse de la igualdad. Si todo el mundo depende de su salario y vive al límite, sin dinero suficiente para vivir dignamente, entonces no tienen tiempo para detenerse en cuál es la situación de las otras personas porque están luchando para sacar adelante su propia vida. Pero si ven a alguien cayéndose en la calle, alguien que tiene hambre, entonces dicen ¡esto no es justo! Déjeme decirle que no es justo que hace 25 años – en el momento del cambio, cuando hicimos la transición a la democracia – no teníamos tanta gente pobre en este país como ahora.

La valla no soluciona nada. El gobierno emplea la valla como un mecanismo de marketing y propaganda

P- En Europa los progresistas y también algunos demócratas de diversas ideologías que están preocupados por la erosión del estado de derecho y la democracia en Hungría, tienen puestos los ojos en usted y en su partido. Falta mucho para las elecciones ya que podrían no celebrarse hasta 2018. ¿Qué acciones va a emprender antes para frenar la revolución autoritaria y conservadora de Viktor Orbán?

R- Como miembros de la Unión Europea, necesitamos recuperar nuestra democracia, nuestro estado de derecho y debemos garantizar que la gente tenga bienestar en Hungría y que pueda moverse libremente por Europa. Son tareas mayores que las de otros países europeos.

Al gobierno no le gusta que haya manifestaciones en las calles porque de esa forma la gente percibe el poder que tiene si se organiza. De acuerdo con las nuevas leyes, se ha convertido prácticamente imposible proponer la realización de un referéndum, que depende totalmente de la voluntad del gobierno. Un referéndum sería, no obstante, un buen símbolo porque ayudaría a la gente a ir junta votar…. Estamos apoyando todas las iniciativas de la sociedad civil que se mueven en esta dirección. El año pasado participamos en las protestas sobre el impuesto que pretendía gravar el consumo de Internet. Entonces el gobierno tuvo que dar marcha atrás.

Una de las principales tareas que tenemos por delante es hacer una propuesta consistente sobre cómo mejorar la vida de la gente. ¿Cómo es posible que haya gente que trabaja para tener un salario y no puede sobrevivir prácticamente con ese dinero? ¿Cómo es posible que haya gente que no se sienta segura en su propio país?

En 2017 nuestro partido realizará unas primarias, será la primera vez en la historia de la izquierda húngara. Será un momento clave para involucrar a los millones de ciudadanos que quieren cambio. Debemos decirles: venid con nosotros y cambiemos Hungría juntos. Será un momento también para que cerremos el programa electoral de forma conjunta. Necesitamos involucrar a ciudadanos que no necesariamente sean del Partido Socialista Húngaro.

P- El primer ministro húngaro habla cada vez más con una retórica abiertamente antieuropea, culpando a Bruselas y a sus vecinos de todos los problemas de los húngaros. Esto está dañando la imagen de la Unión Europea en su país. ¿Qué hace usted para combatir esta ola antieuropea?

R- Hay símbolos que son importantes. Aquí tengo detrás la bandera de la Unión Europea y estoy seguro de que se habrá fijado que en este edificio, que es la sede oficial del Parlamento húngaro, no encontrará la bandera azul con las estrellas. Pero aquí está. Hay una de ellas en los despachos de cada socialista en esta casa. Pero es verdad que solo es un símbolo.

Hay valores europeos a los que sencillamente no estamos dispuestos a renunciar. Libertad, cooperación o la Europa social, por ejemplo. Me gustaría encontrar una verdadera igualdad de oportunidades en Europa. Que los ciudadanos en España o Hungría y en tantos otros países tuvieran las mismas oportunidades.

Cuando el primer ministro Viktor Orbán dice algo antieuropeo, nuestra responsabilidad es siempre mostrar al pueblo húngaro lo que hemos conseguido gracias a Europa y lo que damos a Europa. Es verdad que la Unión Europea no es perfecta. O pongamos el caso extremo: algunas veces la UE sencillamente no funciona. Eso no quiere decir que nosotros tengamos que renunciar a los valores europeos.

Créame que aquí hay unos cuantos a los que les gustaría decidir sobre los refugiados de una forma extrema

P- Le quiero preguntar por la crisis de refugiados. Usted ha hablado de la solidaridad de sus conciudadanos, pero en este caso no hablamos – como en el ejemplo que usted ponía de los húngaros atrapados en sus coches – de solidaridad entre ciudadanos húngaros, sino con extranjeros que han huido de la guerra. Hombres, mujeres y niños que vienen de muy lejos. Orbán ha construido una valla con espinas en la frontera de su país con Serbia. ¿Si usted logra ser primer ministro, se compromete a retirar la valla?

R- Para entonces la valla no existirá. Y no interprete esto como que yo no seré nunca primer ministro. La valla no soluciona nada. El gobierno emplea la valla como un mecanismo de marketing y propaganda. Entran los mismos refugiados que antes de que hubiera una valla.

La fecha de hoy es muy importante. Déjeme que le cuente una historia sobre nuestro país. Estos días se cumplen 26 años de cuando el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Gyula Horn, abrió la valla del “telón de acero” en la parte de la frontera húngara y dejó que los ciudadanos de Alemania del este “fueran a casa” para ir al Oeste de Alemania. Aquella noche el gobierno húngaro tomó la decisión de abrir la frontera, uniendo Europa con esa acción. Gyula Horn se convirtió después en el presidente del Partido Socialista Húngaro. No nos mereceríamos representar a Gyula Horn si mantuviésemos este nuevo telón de acero.

P- Entonces, ¿se compromete a quitarla si sigue ahí en el momento en que usted sea primer ministro?

R- Sí, desde luego. Será lo primero que haga.

P- Sr. Tóbiás, estamos viendo imágenes muy duras sobre la situación de los refugiados en su país. ¿Qué ha hecho su partido durante la crisis de refugiados? ¿Qué han hecho por ellos? ¿Les han ayudado de alguna forma?

R- Lo primero que hicimos fue poner la sede de nuestro partido a disposición de quienes querían ayudar a los refugiados. Hemos ayudado a los ciudadanos solidarios y la sociedad civil a organizar la ayuda a los refugiados – se puede imaginar que no cuentan con el apoyo de este gobierno. A nuestra sede han traído muchos bienes, alimentos, ropa, etc. que nosotros después hemos distribuido en la estación de Keleti.

Nuestras organizaciones locales están dando ayuda humanitaria a los refugiados.

Y por supuesto criticamos la retórica del gobierno. No nos conformamos que con que cumplan con la ley, les pedimos que actúen de una forma humanitaria. Todo lo que habla el gobierno es que esta gente no debe venir, que no vamos a estar seguros…Pero la verdad es que esta gente ya está aquí. Están en situaciones terribles.

Cuando observé las imágenes de aquella periodista golpeando a los refugiados….¡Eso no es Hungría! A los húngaros les gusta tener invitados. Estos incidentes suceden por la retórica del gobierno, por lo que han estado haciendo en los últimos ocho meses. Cuando los húngaros ven a alguien en la calle acuden en su ayuda, porque es así como somos.

Por eso cada día criticamos al gobierno y les recordamos lo que tienen que hacer. Y lo mismo pare Europa: si no hay un plan común para los refugiados no podemos hacer nada. Por fin la Comisión propuso un plan. ¡Después de ocho meses!. Han llegado demasiado tarde. Si Europa no impone una solución, entonces serán los más radicales los que quieran imponer su solución a la crisis de los refugiados. Y créame que aquí hay unos cuantos a los que les gustaría decidir sobre los refugiados de una forma extrema.