INTERNACIONAL
19/01/2017 18:55 CET | Actualizado 20/01/2017 13:59 CET

Qué cambios puede hacer Trump en la decoración de la Casa Blanca

Donald Trump aterriza en la Casa Blanca como el presidente del que más se conocen sus gustos decorativos. Los brillos, los dorados, los mármoles... lo que viene siendo el bling bling es la seña de identidad del 45º mandatario estadounidense. No hay más que ver el reportaje fotográfico de su ático en la Torre Trump de Nueva York que la revista ¡Hola! publicaba un día después de ser elegido presidente.

"Sus sólidas puertas exteriores de bronce irradian opulencia", dice el texto que acompaña las imágenes, y "su lujoso interior de mármol está decorado al estilo Luis XIV". Llaman la atención otros detalles como los relojes y jarrones franceses del siglo XVII del vestíbulo o una copia de los frescos de Miguel Ángel de la Capilla Sixtina que adornan los techos del salón y que la propia Melania compartió con sus seguidores de Twitter hace algo más de un año.

Imposible que estos gustos pasen desapercibidos e imposible también no preguntarse qué cabe esperar del desembarco de Donald Trump en la Casa Blanca. Todos los inquilinos que ha tenido la Casa Blanca —George Washington es el único presidente que no vivió en ella— han puesto su sello al llegar y Donald Trump no será diferente. Pese a que él mismo aseguró en People, antes incluso de ser elegido por los estadounidenses, que su intención era tocar poco porque "la Casa Blanca es un lugar especial", su mujer Melania ya ha manifestado su intención de crear una Glam Room (algo así como una sala de belleza, para el pelo, el maquillaje y el vestuario) cuando ella se instale en la Casa Blanca, que será en verano después de que su hijo pequeño Barron termine el curso escolar y dejen su residencia el Upper East Side de Nueva York para irse a Washington.

Donald Trump junto a Melania y Barron durante una Convención del Partido Republicano en julio de 2016

Esa habitación llevará el sello Trump a la Casa Blanca. Pero, ¿qué más cabe esperar de esta nueva etapa decorativa? ¿Habrá espacio para los mármoles y dorados de la Torre Trump de Nueva York? ¿Qué cambios se pueden efectuar y cuándo?

ENTRA TRUMP, SALE OBAMA

La llegada de Trump se producirá justo al terminar los actos de investidura. Cuando la toma de posesión, el desfile por la avenida de Pensilvania y los bailes de investidura hayan concluido, todas las pertenencias de la familia Obama habrán salido del centenario edificio y en su lugar estarán las del presidente electo. Ese será el momento en que pueda empezar a redecorar la residencia presidencial.

"Durante el proceso de traslado, la familia está en la inauguración o viendo el desfile", explica Bradley Blakeman, exayudante del presidente George W. Bush en una entrevista con Elle Decor. "Al terminar el desfile se celebra el baile inaugural, por lo que están fuera de la Casa Blanca durante mucho tiempo. Esto permite que se pueda llevar a cabo este trabajo".

La decoración de su casa, recargada, pomposa y exuberante, refleja poder, fuerza y dominio" (Ángela Gual)

Gary Walters, exfuncionario de la Casa Blanca, describía este traslado en una entrevista con ABC News en 2009 como "una coreografía de ballet muy bien organizada". Para Blakeman, se identifica más con "una operación de precisión militar porque se trabaja contra reloj". Sea como sea, el objetivo siempre es el mismo. "Que no haya cajas vacías o parcialmente vacías en las esquinas, que todo esté guardado donde se supone que debe estar", aclaraba Walters antes de la primera investidura de Barack Obama.

COSAS QUE SÍ Y COSAS QUE NO

Una vez dentro es cuando los presidentes pueden empezar con los cambios. "No creo que vayamos a ver ninguna las estridencias que muchos asocian con su marca", asegura Kate Andersen Brower, autora de First Women: The Grace and Power of America's Modern First Ladies en ABC News. Esas estridencias pasan también por su forma de actuar como anfitriones. Los elegidos visitantes que entran en su ático neoyorquino, que algunos comparan con el Palacio de Versalles, deben ponerse nada más entrar un calzado especial para no dañar el exclusivo suelo.

Precisamente no hay en la Casa Blanca indicaciones sobre tonalidades. El único imperativo es que no puede alterarse el blanco de la fachada exterior, que está protegido más por tradición que por ley.

No es lo único que Trump deberá mantener intacto. Los cambios se efectuarán principalmente en las dependencias del segundo piso, donde se encuentra la residencia familiar, siempre respetando la estructura original. "No va a poder entrar y derribar las paredes", añade la escritora Kate Andersen Brower. Además hay espacios que sólo se puede restaurar, que no redecorar, bajo la supervisión del Comité de Preservación de la Casa Blanca, cuya misión es mantener la integridad histórica de la residencia y revisar las alteraciones que se efectúen en las dependencias estatales. Un ejemplo es la restauración que se comenzó durante el mandato de Bill Clinton en el dormitorio Lincoln y que se acabó durante el mandato de George W. Bush.

En ese segundo piso, en el que Donald y Melania podrán meter mano, hay 16 habitaciones, incluido el citado dormitorio Lincoln y la suite presidencial, y seis baños. Todos los presidentes han dormido siempre en la misma dependencia, que han ido redecorando a su gusto. Esta falta de movilidad responde a una lógica, apuntan en quora.com: es una habitación completa y su localización responde a las necesidades del presidente. Esto significa seguridad, rutas de escape y aislamiento contra dispositivos de escucha y explosiones.

SELLO TRUMP

"La decoración de su casa, recargada, pomposa y exuberante, refleja poder, fuerza y dominio", explica la psicóloga Ángela Gual a El Huffington Post. "Esta clase social, casi aristocrática, se caracteriza por querer mostrar a veces una imagen de grosero superávit y opulencia, para dejar claro que están por encima de los demás, que tienen en abundancia. Son más guapos, más exitosos, más ricos y no tienen limitaciones", continúa la experta, a la que le llaman la atención los brillantes y dorados de su estilo.

El sello presidencial lo han puesto históricamente las primeras damas. Con ayuda de un decorador personal y bajo la supervisión de un conservador de la propia Casa Blanca, las mujeres de los presidentes se han encargado de dar su toque personal al espacio sin llevar a cabo grandes reformas. Al fin y al cabo, hasta ahora, ningún mandatario ha querido pasar a la historia como el que destrozó la Casa Blanca.

Sobre lo que cabe esperar de Trump tiene una versión sólida el diseñador de interiores Kenneth Blasingame, quien se encargó del rediseño efectuado cuando George W. Bush llegó a la Casa Blanca en 2001. En una entrevista con Elle Decor, el interiorista destaca el estilo dorado del apartamento de Trump. "Así que supongo que también lo querrá en la Casa Blanca", dice sin menospreciar los gustos del nuevo presidente, que "aprecia las cosas creadas por los artesanos".

[Trump] es muy del estilo Teddy Roosevelt.Es atrevido, férreo y escandaloso" (Kenneth Blasingame).

Conocedor del mobiliario presidencial, Blasingame apuesta porque Trump vaya a darle relevancia a una gigantesca mesa redonda, que se sostiene sobre búfalos y que el presidente de Filipinas, Elpidio Quirino, regaló a Harry S. Truman en 1952. Y recuerda la presencia de unos sillones franceses dorados con asientos rojos de cuero. "El cuero rojo es muy americano", apunta. Además el rojo es el color del partido republicano de Trump.

Para la decoración de las paredes, el interiorista Kenneth Blasingame sugiere el retrato de Roosevelt hecho por John Singer Sargent. "Es muy del estilo Teddy Roosevelt. Es atrevido, férreo y escandaloso", opina. También sugiere el cuadro de The Builders de Jacob Lawrence,Carl Schurz Park New York de William James Glackens y Boy Fishing de Lilla Cabot Perry. De este último matiza: "El niño es rubio. Me lo imagino como si fuera Trump de pequeño".

EL NUEVO DESPACHO OVAL

Se imponga o no el estilo dorado y suntuoso, las habitaciones privadas de los Trump no tendrán por qué salir a la luz. Tanto es así que la reforma que Michael S. Smith, marido del embajador de Estados Unidos en España, James Costos, hizo para los Obama en 2009 se quedó solo para el disfrute privado. Ni siquiera el periodista Jodi Kantor, autor del libro The Obamas, que estuvo en numerosas ocasiones en la Casa Blanca, accedió a las dependencias privadas de la familia.

Lo que sí se verá es la remodelación del Despacho Oval, que Trump hará igual que sus predecesores. Este cambio suele notarse en muchos aspectos: el color o papel de las paredes, los libros que decoran las estanterías o incluso las sillas, los sofás y otros muebles. También varía la alfombra, para la que cada mandatario suele encargar un diseño específico y cuyo centro suele decorarlo el Sello del presidente de los Estados Unido.

Encuentro de Trump y Obama en el Despacho Oval en noviembre de 2016.

"Las paredes del despacho de Obama se convirtieron en uno de sus elementos más destacados e identificativos al estar envueltas en papel pintado a rayas con tonos vainilla. El carácter de Donald Trump apunta a creer que éste será uno de los primeros cambios que realice, sustituyendo las rayas de los papeles pintados, por cuadros en los que enmarcar sus premios o reconocimientos", asegura la interiorista Asunción Deza, fundadora de Demarques.es.

A Donald Trump parecen gustarle mucho las sorpresas y no asustarle los cambios. Por esa razón, quizá el próximo color que veamos lucir en la tela de los sofás sean intensos y llamativos" (Asunción Deza)

La experta señala que el despacho del anterior presidente destilaba armonía, por el contraste entre los muebles oscuros y las paredes en tonos suaves, pero cabe esperar que el nuevo mandatario dé un giro radical. "A Donald Trump parecen gustarle mucho las sorpresas y no asustarle los cambios. Por esa razón, quizá el próximo color que veamos lucir en la tela de los sofás sean intensos y llamativos [algo similar a lo que hizo Bill Clinton en 1996 o Jimmy Carter en 1977], pero siempre respetando ese toque de distinción propio de su estilo", continúa la experta para la que "una apuesta acorde con el estilo y carácter de Trump sería bañar de dorado los brazos, bordes y detalles de los muebles, consiguiendo el doble efecto: sorprender y cautivar".

Probablemente haya también cambio de cortinas y lo que es probable que no varíe será el escritorio sobre le que trabaje durante los próximos cuatro años. La mayoría de los presidentes de EEUU han utilizado el escritorio Resolute, hecho con madera del buque británico HMS Resolute y que la Reina Victoria regaló al presidente Rutherford B. Hayes en 1880. Desde entonces ha sufrido dos modificaciones: Franklin D. Roosevelt encargó en 1944 un panel frontal para ocultar la silla de ruedas y Ronald Reagan hizo levantarlo un par de pulgadas para acomodar la silla.

Ronald Reagan, en el escritorio Resolute del Despacho Oval.

En ese escritorio Trump se encontrará seguro una sorpresa. La tradición dice que cuando un nuevo presidente llega a la Casa Blanca, su predecesor le deja una nota en el cajón superior del escritorio. El contenido nunca sale a la luz.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR


SOMOS LO QUE HACEMOS