POLÍTICA
17/04/2018 07:58 CEST | Actualizado 17/04/2018 07:58 CEST

ETA ultima su disolución

La banda terrorista está acabada. Ahora tiene que decidir cuándo lo anuncia con el menor cisma interno posible y cómo lo convierte en un acto de propaganda.

Vincent West / Reuters
Un operario municipal tapa una pintada en euskera que rezaba "ETA, el pueblo está contigo" en Guernica, en octubre de 2011.

"ETA declara que ya es una organización desarmada", "ETA asegura que ha iniciado un debate interno sobre su ciclo y función", "ETA somete a votación el documento que marca su final"... Desde que en abril de 2017 la banda terrorista ETA anunció a través de la BBC su intención de entregar las armas se han ido sucediendo los titulares que constatan su desaparición inexorable. Sin apenas capacidad operativa ni margen de actuación por las sucesivas operaciones policiales que llevaron a su anuncio del cese de la violencia en octubre 2011, lo que le queda es disolverse. Ahora, al fin, cuando se cumplen 50 años de su primer asesinato, parece que el anuncio está cerca.

Según ha informado la agencia Europa Press citando fuentes de la lucha antiterrorista, está a la espera del momento propicio para anunciar su disolución e intentar rentabilizarlo propagandísticamente. Los restos de la organización trabajan ya con borradores y discuten sobre los términos del comunicado en el que anunciarían su desaparición definitiva, añaden estas fuentes.

El qué y el cuándo

Básicamente, en ETA saben que tienen que decir "se acabó" pero quieren transmitir que su proyecto sigue vigente, aunque la pelea se pueda dar por otras vías. Tienen que ver cómo justificar 829 muertos y miles de heridos, secuestrados, extorsionados y amenazados. Y cuándo es mejor momento para decirlo. La banda, indica la citada agencia, baraja varias fechas, pero de momento la primera meta volante ha pasado sin que haya novedades: al parecer, uno de los días marcados en rojo en el calendario era el pasado Domingo de Resurrección, 1 de abril, coincidiendo con el Aberri Eguna o Día de la Patria Vasca. Tradicionalmente es un momento en el que los terroristas han aprovechado para lanzar comunicados importantes.

Sin embargo, ha habido "tensiones internas" que han impedido que se anuncie ya la disolución. Para que no hubiera un vacío, ETA mandó al diario Gara una "declaración con motivo del Aberri Eguna" en la que volvía a justificar su pasado criminal. El texto está dedicado a "honrar" a sus militantes, aunque sí admite que "este año es especial debido al proceso de debate que está a punto de concluir", sin que aporte fecha alguna.

La banda aduce que el "enfrentamiento" ha durado "demasiadas décadas y que en los últimos años ha intentado "abrir un nuevo ciclo dejando atrás el anterior". No obstante, sigue ensalzando la violencia, critica la dispersión de presos etarras y destaca el "enorme esfuerzo para culminar el desarme", calificando de "trabas y trampas" las sucesivas operaciones policiales que han dado al traste con su entramado. "Haga lo que haga ETA, el relato de lo ocurrido en España no da lugar a alternativas", replicó el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, al conocer el contenido del comunicado.

La siguiente fecha que se maneja como posible para el esperado anuncio es la del 31 de julio, indica EP. Ese día es una referencia en la historia de los etarras, pues el mismo día de 1959 es cuando el grupo escindido de las juventudes del Partido Nacionalista Vasco (PNV) del que nació la banda envió a la dirección de la formación nacionalista su manifiesto fundacional, nueve años antes de su primera víctima mortal, el guardia civil José Pardines.

​​Según ha publicado el diario El País, ETA se está centrando en la búsqueda de una cobertura internacional que arrope su declaración de desaparición por venir, de ahí también la dilación del proceso. Dicha tarea está recayendo en el mismo grupo que participó en la preparación de la Declaración de Aiete, previa al cese definitivo del terrorismo de ETA (2011), el llamado GIC (Grupo Internacional de Contacto), coordinado por el abogado surafricano Brian Currin, y en la que participan, entre otros, el exsecretario general de Interpol, Raymond Kendall, y el profesor israelí y asesor en los acuerdos de Camp David II, Alberto Spektorowski. Este diario adelanta los plazos dados por Europa Press y sostiene que el comunicado final se emitirá entre finales de mayo y la primera quincena de junio.

Está por ver, pues, cuándo se nueve ficha, qué procedimiento seguirá la banda para escenificar su desaparición y qué palabras empleará para no hablar de derrota. Y quedan las preguntas que su paso forzado traerán consigo: si habrá finalmente reconocimiento del dolor causado, si se acercarán a las víctimas (ha habido presencia de la izquierda abertzale en algunos homenajes recientemente, pero son casos contados) y cómo abordarán su reclamación clásica del acercamiento de presos y los beneficios penitenciarios.

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Regis Duvignau / Reuters
La Policía francesa porta bolsas con armas de ETA, encontradas en las fosas y zulos indicados por la banda en Saint-Pee-sur-Nivelle, el 8 de abril de 2017.

"Al final del camino"

La caída en picado de ETA fue reconocida por los propios terroristas el pasado 22 de febrero, cuando asumió en otro comunicado que "el final del ciclo resultaba cada vez más evidente" y que, por ello, había sometido a votación de sus militantes un documento en el que sostenía que había llegado "al final del camino" y que lo que tocaba era integrarse en la izquierda abertzale, renunciando a la "estrategia político-militar".

"La situación más beneficiosa para nosotros, así como para los sectores populares y la clase trabajadora vasca, no es otra que dejar la anterior fase definitivamente atrás y abrir totalmente la nueva", decía el texto. "Nos corresponde cerrar el tiempo del conflicto armado y las situaciones relacionadas, para ofrecer todas nuestras fuerzas a potenciar el proceso político (...) Y la única forma de hacerlo es que tomemos directamente la iniciativa, sin esperar a nada ni a nadie", abundaba. Palabras en las que no aparecía, en ningún momento, una petición de perdón por sus crímenes, de los ya enjuiciados y los que están por esclarecer, casi 400 casos que la Eurocámara ya ha emplazado a España a armar e investigar.

Por el momento se desconoce el apoyo o la oposición que ha encontrado el documento de fin de etapa entre los integrantes de la banda, en su inmensa mayoría presos (hay 230 encarcelados en España y 57 en Francia). Libres, en la clandestinidad, apenas queda una decena de terroristas, según fuentes de la Guardia Civil. En noviembre de 2016 fue detenido en Francia de Mikel Irastorza, el considerado jefe de ETA en ese momento. En octubre pasado se efectuó el último arresto de etarras conocido; tuvo lugar en Berlín (Alemania) y puso entre rejas a Mikel Barrios -considerado máximo responsable de las estructuras que aún le quedan a ETA- y a Iñigo Gulina Tirapu. Tres nombres que nada tienen que ver ya con los que resonaban hace una década -Thierry, Txeroki-, más ligados a la lucha callejera o kale borroka que al asesinato, conectados con organización juvenil Segi.

La "foto de la derrota"

Tanto desde el Gobierno como desde el PP se advierte de que un comunicado de disolución de ETA no tiene que cambiar su postura frente a ellos. La secretaria general del Partido Popular en el País Vasco, Amaya Fernández, avanzó que la nueva situación "no generará un acercamiento automático de presos ni la modificación de la política penitenciaria" y exige a los presos etarras que antes "se arrepientan del daño causado", informa la agencia de noticias ANSA. El ministro de Justicia, su colega de partido Rafael Catalá, también ha descartado cambios en el régimen penitenciario de los presos de ETA. "Hay mucho trabajo que hacer antes de poner el foco en los beneficios penitenciarios de quien tanto dolor ha causado", y, concretamente queda pendiente "la resolución de casos judiciales pendientes", dijo.

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE), por su parte, ha exigido este martes al Ejecutivo "la foto final de la derrota de ETA" mediante el desmantelamiento definitivo de la banda terrorista protagonizado por las Fuerzas de Seguridad, que evite la "propaganda" que quiere hacer la organización de su disolución.

Siete víctimas del terrorismo miembros de COVITE han realizado esta reclamación frente al Ministerio del Interior y han denunciado que "la inacción del Ejecutivo está permitiendo a ETA hacer propaganda de su final". "Hace siete años que ETA anunció el cese de la violencia y desde entonces el Gobierno le suplica que se disuelva. No oímos decirles a los terroristas del Dáesh que se disuelvan, ni a los ladrones que dejen de robar, ni a los violadores que dejen de violar porque a los delincuentes no se les suplica, se les detiene", ha denunciado Consuelo Ordóñez, la presidenta del colectivo.

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