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18/06/2012 20:21 CEST | Actualizado 18/08/2012 11:12 CEST

El Partido Socialista dirige Francia y Grecia preocupa a Europa

Los socialistas tienen todos los medios para gobernar, y eso les simplifica la vida pero les crea obligaciones imperiosas y no les deja excusa posible. Deberán llevar a cabo todas las reformas y cumplir todas las promesas.

El paréntesis de 2007 se ha cerrado: sus dos protagonistas, Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal, han sido derrotados en menos de un mes. Y el Partido Socialista (PS) posee la mayoría absoluta. Hemos pasado la página de los cinco últimos años.

También se ha cerrado esta secuencia política interminable que se prolongaba desde las primarias socialistas. Hastío de los electores, hastío de los candidatos, hastío de los medios de comunicación que, con poca cosa a la que hincarle el diente, vibraron durante unos días al ritmo de Twitter o de los chistes de los humoristas, que han sido muy reveladores pese a su futilidad.

El PS tiene un dominio absoluto. Por primera vez desde 1958, la izquierda posee la mayoría absoluta de las principales instituciones, sobre todo después del giro inédito del Senado hacia la izquierda. No hay que ofenderse por el hecho de que le pase a la izquierda, porque nadie se asombraba cuando la derecha, durante años, controló todas las palancas de mando (en este sentido, la situación actual es simétrica a la de 1995, cuando la derecha obtuvo las regiones mucho antes de la elección de Jacques Chirac). Incluso llegó a tener, en el pasado, el privilegio de controlar tres quintas partes del Parlamento, lo cual le permitía cambiar la Constitución sin tener que recurrir a un referéndum.

Es decir, los socialistas tienen todos los medios para gobernar, y eso les simplifica la vida pero les crea obligaciones imperiosas y no les deja excusa posible. Deberán llevar a cabo todas las reformas y cumplir todas las promesas, desde el empleo hasta la deuda, sin escapatoria, por lo menos hasta las municipales de 2014. Paciencia, pues, para los dirigentes de la UMP que tengan demasiada prisa, y a los que este calendario les da tiempo de adoptar una línea y una estrategia claras. No se puede decir que estas elecciones legislativas -después de unas presidenciales marcadas en la derecha por la galopada en pos de los temas del FN-- hayan aclarado las cosas.

  • Nadine Morano ha perdido dos veces, su escaño y su alma. Le queda Twitter para hacerse oír entre los partidarios que le queden.
  • Claude Guéant quizá lamentará no haber seguido siendo prefecto y haberse entregado en cuerpo y alma a la política de seguridad de Nicolas Sarkozy.
  • Ségolène se ha estrellado, ha perdido La Rochelle y el pedestal, pero ha adquirido un estatus de víctima al que podrá sacar partido.
  • Olivier Falorni se ha convertido en una estrella gracias a los votos de la derecha y a las discrepancias conyugales en el Elíseo.
  • Marine Le Pen ha perdido por escaso margen, pero su sobrina de 22 años, Marion, ha resultado elegida, igual que el abogado Gilbert Collard.

El FN, pues, regresa a la Asamblea Nacional a pesar de que el sistema mayoritario le es muy desfavorable. Marine Le Pen no va a permanecer callada, desea y reclama una recomposición de la derecha, y las tensiones en el seno de la UMP demuestran que un sector de los militantes tendrá una gran tentación de establecer alianzas con el FN; al mismo tiempo, la porosidad ideológica impregna ya a ciertos diputados elegidos, y el veneno está merodeando.

El centro está hecho trizas. He dicho lo que pensaba sobre el destino de François Bayrou, que habría merecido tener un sitio en el hemiciclo, pero, como bien ha dicho Marielle de Sarnez, la muerte del centro comenzó hace 10 años con la creación de la UMP, que pretendía ahogarlo, aunque el Movimiento Demócrata resistiera todavía un tiempo.

En resumen, a Hollande le ha salido bien su apuesta. Es presidente y goza de una amplia mayoría. Ahora solo le queda gobernar. Poner en práctica las reformas prometidas, dar esperanzas a los parados y los jóvenes y encargarse de que se restablezcan las cuentas públicas. Una labor de titanes si se tiene en cuenta lo que está ocurriendo en Europa y en la economía mundial.

Decidida la suerte del Parlamento francés, ahora todo el mundo está pendiente de Grecia. Una Grecia en la que los armadores permanecen a salvo y los más desafortunados ya no pueden seguir pagando sus medicamentos. Una Grecia que se radicaliza como no lo hacía desde la época de los coroneles. Una Grecia desesperada, sublevada y al tiempo resignada. Una Grecia con un Gobierno casi imposible de constituir, porque los dos partidos que más votos han sacado, Syriza (izquierda radical) y Nueva Democracia (derecha tradicional) son irreconciliables entre sí. ¿Quién gobernará Grecia mañana? ¿Una coalición entre Syriza y el Pasok (PS)? ¿Una especie de unión nacional entre Nueva Democracia y el Pasok? ¿O, una vez más, la confusión?

Y ante esta situación, la Europa pusilánime tiembla. Cuando se piensa que Grecia no representa más que el 2% del PIB europeo, hay que preguntarse, como hacía Vincent Giret en Libération el viernes: "Si Europa no puede salvar a Grecia (...), ¿cómo va a salvar a España, Italia o, quién sabe, en el futuro, Francia?

Esa es la pregunta, en efecto. Será necesario que François Hollande y Angela Merkel abandonen su tira y afloja a propósito del crecimiento y los eurobonos y se pongan de acuerdo para ejercer un liderazgo común.

Hollande cree que su alegato en defensa de la vuelta al crecimiento, que se ha oído en todas partes como debía ser, ha barrido todo lo demás, pero esa palabra, que se ha vuelto mágica, no tiene el mismo contenido para todo el mundo.

Jean-Marc Ayrault, al que tachan de germanófilo (en cualquier caso, es germanoparlante), aconseja a Angela Merkel que sea menos "simplista" y no hable de "mediocridad" para calificar las propuestas francesas. Qué animación. No nos pasaría nada por prescindir de ella.

François Hollande ha dado la sensación de que cree que un eje Hollande-Monti podría ser la alternativa al eterno e inevitable París-Berlín, como lo creyó en su momento, y equivocadamente, Nicolas Sarkozy, que intentó utilizar a Gordon Brown contra Angela. Ya.

A pesar de nuestra obsesión hexagonal que nos hace pensar que Francia y sus circunscripciones son lo único que cuenta, debemos reconocer que Europa es hoy la principal preocupación del mundo entero. Incluso de los países emergentes, para los cuales, hasta ahora, todo iba bien, pero que con la amenaza europea se vuelven más frágiles. El propio Obama, por más que se burle de nuestras elecciones francesas, tiene la vista fija en Atenas y en la reunión del 22 de junio del cuarteto europeo antes del Consejo Europeo de los días 28 y 29.

Es decir, que las pequeñas aventuras y la suerte de las señoras Royal, Marine y Marion Le Pen y los señores Copé, Guéant y Bayrou son, en comparación con la supervivencia de Europa, lo que la revista Mickey o los manga de adolescentes son en el pensamiento contemporáneo a Michel Foucault y Albert Camus.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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