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25/02/2018 10:22 CET | Actualizado 25/02/2018 10:22 CET

Musicales para todo tipo de familias (incluidas las que no lo son)

Grupo S Media
Rey Julián de 'Madagascar' cantando "Yo quiero marcha, marcha"

Mirar la cartelera y encontrarse en pleno febrero con tres, sí, ha leído bien, 3 musicales familiares no parece normal cuando ya hace tanto tiempo que pasaron las navidades. El primero que me llamó la atención fue el sorprendente Caperucita Roja que se programó en el Teatro San Pol una cortísima temporada. Poco después ha llegado a la cartelera la rutinaria y simpática "macha, marcha" de Madagascar, el musical que ha surgido de la película de animación del mismo título, estrenado en el Teatro de la luz Phillips Gran Vía. Ambos coinciden con el musical de La Familia Addams en el Teatro Calderón, familiar como el propio título indica, también procedente de una película. Sin duda es el mejor de los tres, y de todos los que se ponen en Madrid, y que, tal vez, quedó opacado cuando se estrenó al coincidir con el lanzamiento deEl guardaespaldas y de Billy Elliot.

La coincidencia puede ser pura casualidad, pero también puede ser una tendencia. La tendencia de que la familia va a unida al teatro y para ello busca espectáculos y diversión para todos. Lo mismo que personajes con los que identificarse. Y en los tres espectáculos citados encuentra diversión e identificación.

Emilio Tenorio
'Caperucita Roja, el musical'

En el primero, Caperucita Roja, porque La Bicicleta, la compañía que lo ha montado, tiene imaginación más que suficiente. Tanta que a pesar de que narran el archiconocido cuento de la niña que tiene que atravesar un bosque con lobo para llevar comida y medicinas a su abuela, los espectadores de todas las edades se quedan clavados en las butacas y se ve y se nota su entusiasmo en el intermedio y cuando acaba por lo que dicen y por sus caras.

Esto se debe a que los interpretes no solo cantan, sino que interpretan. A que la música suena bien. Y, sí, en este musical cualquier componente de la familia tiene un personaje con el que identificarse y al menos un personaje con el que divertirse, pasárselo bien (¡ese lobo!). Y tanto la escenografía como el vestuario están trabajados que parecen una producción mucho mayor que lo que es. De tal manera, que cuando acaba casi tienen que echar a los espectadores del teatro pues no hay quien los baje del escenario (incluidos los abuelos) que se habían subido a hacerse fotos y selfies con los protagonistas.

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Escena de 'Madagascar, el musical'

Al segundo, Madagascar, el musical, se le nota, al menos en las primeras representaciones, que le falta rodaje. Es decir, días en escena que dieran confianza al elenco y canalizara la energía de los jóvenes que protagonizan este musical. Jóvenes suficientemente preparados y con muchas ganas de comerse el mundo y, por tanto, de darlo todo. Confianza y canalización que por actitud seguramente conseguirán más pronto que tarde.

Es también un musical en el que se suceden los números, uno tras de otro, sin tiempo de que suceda la historia. Es decir, sin tiempo suficiente para dar peso o cierta densidad a los personajes y a la trama. Por lo que puede que algunos chistes, como los de las ironías de los pingüinos, se pierdan, a lo que también contribuye el que la música esté a un volumen que empasta lo que dicen los personajes, como suele ocurrir en todos los musicales. Aspectos que deberían ser fáciles de resolver en una producción como esta con los medios que tienen.

Dicho todo lo anterior, lo cierto es que esta historia de un grupo heterogéneo de animales del zoo neoyorquino de Central Park que huyen buscando el salvajismo interesa a los pequeños y divierte a los padres que seguramente disfrutaron de la película original en su adolescencia o juventud. Se nota en como lo comentan o en como los niños tumbados o echados sobre sus progenitores se mantienen en silencio o les señalan lo que les llama la atención. Y se nota en las ganas que les entran a todos de bailar en familia en esa "marcha, marcha" que canta el divertido, cobarde y amanerado rey de los lémures y en ese popurrí final que hacen de todas las canciones del show.

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Elenco de 'La Familia Addams'

Aunque para apoteosis final y delirio, los de La familia Addams. Un musical que cumple con todos los requisitos comerciales del género. Desde unos números musicales hechos para agradar respetando el intelecto de los espectadores, hasta la sencilla espectacularidad de una escenografía que llama la atención desde el momento en el que se entra al teatro con el escenario colocado en escuadra. Pasando por el elenco que, incluso en la segunda representación del domingo, mantienen la frescura para que las situaciones y la trama sucedan, ocurran, y funcionen. Para que formen esa familia que de tan extraña, de tan friki, parece normal.

Obra que disfrutarán las familias con adolescentes o preadolescentes. Aunque, ya que va sobre el amor, y cómo ese amor cambia las relaciones con los padres y la familia, también la disfrutarán las parejas (de cualquier edad), los grupos de amigos (sobre todo si son jóvenes) por cierto educado gamberrismo, incluso solo, porque esta familia es acogedora y tiene ganas de hacer pasar un buen rato a cualquier tipo de público. Para ello le cantará y le contará con gracia, alguna maledicencia y cierta ironía esta historia y meterá morcillas sobre las la realidad más inmediata. Tampoco dudará de reírse de ellos mismos los primeros (impagable lo bien metido y dicho que está ese chiste sobre el tipo de musical que no son).

Imaginación y oficio teatrales, pues, no le falta a esta familia Addams. Ni tampoco una música en directo que se oye al volumen adecuado para que se entiendan lo que cantan y disfrutarla. Como tampoco le faltan las coreografías. Ni los buenos actores. Ni las soluciones, insisto, eficazmente teatrales, que se ven en escena. Y aunque, tal vez, le sobren alguna nota tipo Hole, espectáculo con el que esta obra comparte productora, y una necesidad puntual y no necesaria de poner todos los elementos que se relacionan con la familia Addams, es, sin dudarlo, el mejor musical de la cartelera madrileña donde, por desgracia, poco va a durar ya que a partir de abril tiene previsto girar. Un musical espectacular de amor, humor y fantasía como el que uno espera ver en Broadway, cuando visita Nueva York, pero que se tiene aquí cerca, en Madrid, sin salir casi de casa.

Tres musicales que son familiares porque alguien lo dice. Por esa necesidad de cosificar y clasificar que tiene nuestra sociedad, incluidas aquellas partes de la sociedad que defienden la diversidad. Obras teatrales que se pueden programar en mitad de febrero porque tienen valores comerciales por sí mismas para atraer a espectadores de cualquier clase o condición, vayan en familia o no. Cuya pretensión es, antes que todo, divertir al público tengan la edad que tengan, para que cuando salgan den por bien invertido el dinero gastado en las entradas. Espectáculos que tienden a formar parte de la memoria de la gente que asiste a verlas y que, en casa, en el crudo invierno, o en las tertulias nocturnas del verano a la fresca, son capaces de traer unas sonrisas y alguna que otra canción que tararear juntos, como la familia humana que somos.

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