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18/06/2012 11:02 CEST | Actualizado 17/08/2012 11:12 CEST

La Eurocopa es un manjar para los lobos

Se dice que los políticos ucranianos, conscientes de que ninguno tiene las manos limpias, deben respetar un pacto de "honor" si llegan al poder: no juzgar a los del Gobierno anterior.

Entre los eslavos orientales, Ucrania juega el papel de sur: una tierra de sol, carne sabrosa y dobles intenciones, montada por marinos griegos a orillas del Mar Negro y habitada por gente de fama seductora y abierta. Los encantos de este inmenso país son muchos, pero pueden quedar ocultos por los vicios de su clase política; mientras en Rusia los oligarcas fueron atados en corto, y en Bielorrusia ya nacieron raquíticos, los de Ucrania gozan de excelente salud y pueden nublar hasta los huesos la Eurocopa 2012.

De momento se han abierto 120 casos criminales asociados al evento, y el parlamentario Ostap Semerak, citado por playthegame.org, calcula que se ha gastado 10 veces más dinero público de lo previsto en 2007, y que los proyectos de construcción (la mayoría para empresas de Dónetsk, origen del clan en el poder) han costado entre un 40% y un 60% de su precio en sobornos.

Basten algunos datos para describir el escenario: Ucrania ocupa el puesto 152 de 182 en el índice de corrupción percibida en 2011; dice Tax Justice Network que la mitad de su economía está sumergida; en 2008, las cincuenta personas más ricas de Ucrania poseían el 85% del PIB nacional (en Rusia, los cincuenta más ricos reunían "sólo" el 35% del PIB). Según un estudio de 2010, entre el 30 y el 49,9% de los ucranianos reconocieron haber sobornado con regularidad el año anterior, frente al 1,9% de, por ejemplo, los británicos.

Mientras tanto, el presidente, Víktor Yanukóvich, habla de seguridad e inversiones, de 2.000 kilómetros de carreteras nuevas, estadios recompuestos y aeropuertos listos para complacer al millón corto de turistas que se espera para la Eurocopa. Un acontecimiento compartido con Polonia y visto como la oportunidad del siglo para promocionar Ucrania y sentarla por fin a la mesa de las inversiones.

Pero ¿quién es Viktor Yanukóvich? Las crónicas lo definen como un auténtico tipo duro de casi dos metros y ciento quince kilos, huérfano a los cinco años, con antecedentes penales por robo y agresión y conocido tiempo ha como "el cabecilla" por la sobriedad de su estilo. Yanukóvich encarna el éxito del clan de Dónetsk, una ciudad del Este, rusificada, carbonífera y proletaria cuyos chicos listos, educados entre los pliegues del comunismo tardío y dueños de complejos, minas y fábricas, conquistaron Kiev tras años de lucha de clanes (sólo en 1995, una docena de sus miembros fueron despachados a balazos o bombas).

Aquella era de quiebros y malas artes fundó las bases de la política ucraniana, de sus alianzas, de sus rencillas; un panorama donde se legislan favores y venganzas, donde los oligarcas y sus clanes (entre ellos el del Oeste, cuya famosa "revolución naranja" no pudo o no quiso cambiar las estructuras) ocupan escaños y son clave para financiar campañas y construir carreras políticas; y donde los ajustes de cuentas siguen siendo moneda corriente. El último es el proceso contra la ex primera ministra Yulia Timoshenko, tachado de pantomima gangsteril por Bruselas, Washington y hasta Moscú, y que ha levantado ampollas entre los clanes. Se dice que los políticos ucranianos, conscientes de que ninguno tiene las manos limpias, deben tener cuidado con el kompromat ("información comprometida"), y respetar un pacto de "honor" si llegan al poder: no juzgar a los del Gobierno anterior.

Frente a las amenazas europeas de boicotear el campeonato, el Gobierno ucraniano se encoje de hombros, habla de justicia y prepara otro fardo para Timoshenko: la fiscalía ya especula con que la ex primera ministra pudo estar implicada en el asesinato, en 1996, del industrial gasista y miembro del clan de Dónetsk, Yehven Scherban, recibido a tiros cuando salía de un avión (en aquella época Timoshenko, ligada al clan rival de Dnepropetrovsk, estaba tan dentro del negocio que se le apodaba "la Princesa del Gas").

Por si los ucranianos no tienen ya suficientes disgustos, otro nubarrón se suma a la tormenta: el miedo europeo al hooliganismo en calles y estadios. Casi al mismo tiempo que Yanukóvich prometía vigilancia y responsabilidad, en el parlamento del país estallaba una pelea: las cámaras de televisión grabaron a los diputados agarrándose por el cuello, golpeándose, rasgando sus camisas salpicadas de sangre.

Aprovechaban la oportunidad de promocionar Ucrania.

Actualización del editor: A petición del autor, se sustituye la frase "la ex primera ministra pudo haber ordenado el asesinato" por "la ex primera ministra pudo estar implicada el asesinato".