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23/03/2016 07:01 CET | Actualizado 23/03/2016 10:27 CET

España concernida

mesaPese al trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que han evitado nuevos atentados yihadistas en nuestro país desde el fatídico 11-M, el nuevo contexto de movilización yihadista hace que todos los países de Europa Occidental estén unidos hoy por no solo por la solidaridad con Bruselas sino también por una amenaza compartida que busca alterar el modo de vida de nuestras sociedades democráticas

Foto de la reunión del pacto antiterrorista/EFE

"Bruxelles est frappée par le terrorisme mais c'est toute la Belgique qui est touchée et toute l'Europe qui est concernée"

Con estas palabras resumía el presidente de Francia, François Hollande, el sentimiento europeo tras los atentados yihadistas contra el aeropuerto internacional y el metro de Bruselas a primera hora de la mañana del martes 22 de marzo. Aunque fue la capital belga la golpeada en esta ocasión por las acciones de los terroristas -reivindicadas poco después por el Estado Islámico-, no sólo Bélgica sino toda la Unión Europea se siente afectada por el dolor que deja tras de sí la provisional pérdida de 34 vidas y los más de 200 heridos en el corazón político de la Unión. Pero, dejando de lado la unánime solidaridad con la víctimas, ¿en qué sentido está concernida Europa? La respuesta es simple: todas y cada una de las sociedades de Europa Occidental están amenazadas y son igualmente vulnerables ante un posible atentado o cadena de atentados terroristas de naturaleza yihadista.

Se calcula que, en la actualidad, los países de la UE son el origen de 5.000 de los 30.000 combatientes extranjeros desplazados hacia el conflicto de Siria e Iraq con el fin de unirse a alguno de los grupos yihadistas que operan allí; aunque no se trate de un fenómeno que incida de manera uniforme en los miembros de la Unión. Los estados más afectados son aquellos en los que sus ciudadanos musulmanes pertenecen mayoritariamente a segundas (o subsiguientes) generaciones, descendientes de inmigrantes llegados desde África, Oriente Medio y Asia a mediados del pasado siglo. Entre estos destaca Francia, país más afectado en términos absolutos, con 1.800 individuos desplazados según las últimas cifras de Soufan Group, pero también Bélgica que, con más de 500 desplazados, es la nación proporcionalmente más afectada por dicha movilización atendiendo al volumen de su población y al tamaño de su comunidad musulmana. En el caso belga, de ese medio millar de foreing fighters, unos 140 habrían ya retornado a su país tras la experiencia en combate, causa, entre otros motivos, de su vulnerabilidad a la acción de los terroristas. Pero, ¿podría suceder algo así en España? ¿Podría darse en nuestro país un ataque de las características de los perpetrados en Bruselas o en París?

Nuestro país registra niveles de movilización yihadista muy inferiores a los de otros países europeos.

España, como Italia, cuenta con una importante comunidad musulmana, pero compuesta aún fundamentalmente por inmigrantes de primera generación. En términos absolutos, nuestro país registra niveles de movilización yihadista muy inferiores a los anteriormente citados: 140 combatientes y unos 35 retornados, según el Ministerio del Interior. Sin embargo, esto no significa que quede libre de la amenaza terrorista inherente a esta movilización.

Analizando las operaciones antiterroristas llevadas a cabo en nuestro país desde 2013, año en el que la entonces rama de al-Qaeda en Irak rompió con la organización liderada por Ayman Al Zawhahiri -convirtiéndose en una matriz en competición con Al Qaeda por el liderazgo del movimiento yihadista global-, vemos que tan sólo el 10% de los supuestos yihadistas detenidos se había implicado en solitario. Los restantes nueve de cada 10 participaron en actividades terroristas de dicha naturaleza en compañía de otros individuos de sus mismas ideas y en redes, vinculadas casi en la totalidad de los casos con referencia al denominado Estado Islámico, con el que las redes a que estaban vinculados los detenidos tenían algún tipo de conexión organizativa, al igual que los terroristas que actuaron en París a finales de 2015 y hace pocas horas en Bruselas.

Las funciones principales de estas redes terroristas desarticuladas en España eran las de radicalización y de reclutamiento, con registros superiores al 90% de los casos. A menudo llevaban también a cabo tareas de proselitismo y financiación (60%), pero, en el nada desdeñable 40% de los casos, estas redes contaban además con planes operativos, desbaratados de manera preventiva en sus primeras fases de preparación.

Pese al trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que han evitado nuevos atentados yihadistas en nuestro país desde el fatídico 11-M, el nuevo contexto de movilización yihadista hace que todos los países de Europa Occidental estén unidos hoy por no solo por la solidaridad con Bruselas sino también por una amenaza compartida que busca alterar el modo de vida de nuestras sociedades democráticas -empezando por los valores-. Un desafío que también concierne a España

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