De Huelva para el mundo: Carolina Marín, la leyenda española que puso el bádminton en el centro y nos conquistó a todos
Se va una de las mejores deportistas de la historia de este país. Se retira con 12 medallas de oro, una de ellas olímpica, en su brillante palmarés y deja un legado que ha cambiado para siempre el deporte de raqueta en nuestro país.

Dejar el flamenco y dedicarse al bádminton. Esa fue la arriesga apuesta que Carolina Marín, hoy una de las mejores deportistas de la historia de España, hizo para demostrar que podría volver a su casa, en Huelva, con alguna que otra medalla de oro colgada. Un deporte no tan conocido, pero que ella se ha encargado de hacer muy popular en nuestro país.
Este 26 de marzo quedará para la historia como el día en el que este deporte de raqueta perdió a una de las mejores deportistas de la historia. Sí, porque no sólo hablamos de lo que ha supuesto España, sino en todo el mundo, rompiendo barreras con cada victoria y haciendo que sus triunfos sean los nuestros.
Nos ha pasado con otros deportes, otros atletas españoles, pero lo que Carolina Marín ha logrado es difícil que pueda ocurrir. Una carrera, con 12 medallas de oro, una de ellas olímpica en Río de Janeiro 2016, pero que ha ganado mucho más que el deseado metal dorado.
Aquella victoria en los Juegos Olímpicos de Río 2016 supuso un golpe en la mesa. Ya había demostrado su nivel, pero aquella cita olímpica se destapó como una de las leyendas del bádminton. Su triunfo ante la india Pusarla Sindhu le sirvió para ser la primera mujer europea que se convertía en campeona olímpica.
Si algo ha demostrado Carolina Marín desde el primer momento que puso un pie en las pistas es que se ha dedicado, a base de raquetazos, a tirar abajo todos los moldes, convirtiéndose en un todo mito deportivo.
Un adiós doloroso
Y para llegar a lo que ha logrado, cambió su vida por completo. Se marchó a Madrid con sólo 14 años. Allí se centró en el bádminton y dejó a su familia. Junto a su histórico entrenador Fernando Rivas, lograron formar un tándem perfecto que la convirtió en la estrella que es hoy.
Su dominio internacional ha sido total. Tres medallas de oro en campeonatos del mundo, el oro de Río de Janeiro, siete campeonatos de Europa consecutivos, una medalla de oro en los Juegos Europeos de 2023, dos títulos All England, conquistó dos veces el Abierto de China, otras dos el Abierto de Tailandia, así como una vez el de Malasia, Suiza o el Masters de Orleans. En total, 39 torneos ganados en el circuito profesional.
Pero antes de entrar en más detalle sobre el legado que deja Carolina Marín, hay que hablar de cómo ha sido su adiós. Sinceramente, duele despedir a una leyenda del deporte español fuera de las pistas.
Las lágrimas de la onubense, tumbada sobre la pista de París, en los Juegos Olímpicos de 2024, son las lágrimas de todos los que habían esbozado una sonrisa al verla colgarse metales.
Sufrió una molestia en su rodilla derecha en semifinales, ante la china He Bingjiao, cuando iba ganando y ya se encontraba a un solo paso de la final y de repetir los pasos de 2016. Pero se cayó al suelo tras una mala pisada y sus gritos de dolor congelaron toda la pista.

Si algo dejó claro hasta el final, llena de dolor y sabiendo que no iba a poder seguir, fue que tenía que intentarlo hasta el final. Probó, no pudo y se tuvo que retirar. Pero, en ese momento, toda España y el mundo del deporte se volcó con ella. De hecho, para el recuerdo quedará el momento del podio en el que He Bingjiao sacó, en homenaje a Carolina, una bandera de España pequeña.
Esa rotura de rodilla ha sido el último y definitivo golpe en un partido que ha liderado de principio a fin. Pero de toda su trayectoria, una de las cosas más dolorosas es, precisamente, el decir adiós en un momento como este, a pocos días para que Huelva, su Huelva, acoja el Europeo de bádminton.
Un legado inquebrantable
Lo que hizo He Binjiao es el ejemplo perfecto para dejar claro que la deportista española ha dejado huella en España, pero también en el resto del mundo. Un capítulo histórico que le ha llevado a conquistar tres veces el campeonato del mundo y la única mujer de fuera de Asia que lo ha logrado.
El título de su libro y su documental son el reflejo del lema que ha llevado siempre encima: "Puedo, porque pienso que puedo". Y vaya que si ha podido. Su esfuerzo, su trabajo y la forma en la que se ha levantado tras las lesiones, con tres roturas de ligamento cruzado en la rodilla en seis años, es para enseñar en todos los colegios.
Ahora, ese capítulo se cierra. "Mi camino acaba aquí. Gracias a todos, porque también habéis formado parte de ello. En esta nueva aventura llevaré conmigo los valores que me han acompañado hasta ahora e intentaré devolver a la sociedad todo lo que me ha dado en este tiempo. Ha sido un viaje maravilloso", ha contado ella misma en redes sociales.
No es fruto de la casualidad que Carolina Marín se despida hablando de "valores". Esos que ha demostrado durante toda su carrera, en los momentos de alegrías y también de tristezas.
Un ejemplo a seguir, en mayúsculas, que cierra su carrera deportiva dejando un legado que se antoja imposible de volver a batir. ¿Lo bueno? Ella ya ha abierto el camino para que muchas más deportistas españolas sigan sus pasos, en un deporte, el bádminton, que gracias a todo su trabajo titánico ha ganado todavía más protagonismo en España.
