Paraguay revienta el Mundial: elimina a Alemania en los penaltis y provoca un hito histórico
La Albirroja se clasifica para octavos tras resistir 120 minutos y culminar la sorpresa en una tanda que deja a Alemania ante un dato inédito: nunca antes había perdido una definición mundialista desde los once metros.
Todos los Mundiales tienen un partido que cambia el relato del torneo. Un encuentro que rompe los pronósticos, altera el cuadro y recuerda que la historia pesa menos que el presente. Ese partido ya ha llegado en Estados Unidos 2026. Y lo ha protagonizado Paraguay.
La selección sudamericana eliminó este lunes a Alemania en los dieciseisavos de final tras imponerse en la tanda de penaltis y firmó la primera gran sorpresa de un Mundial que, hasta ahora, estaba respetado, más o menos, la lógica de los favoritos.
Pero la noticia va mucho más allá de una eliminación inesperada. Lo ocurrido en Foxborough confirma algo que hace unos años parecía imposible: Alemania sigue sin encontrar el camino de regreso a la élite mundial. Ya son tres ocasiones consecutivas.
De campeona del mundo a colección de decepciones
Cuando Mario Götze marcó en la final de Río de Janeiro en 2014, Alemania parecía destinada a gobernar el fútbol internacional gracias a una generación que se evaporó mucho antes de hora. Aquel equipo levantó su cuarta Copa del Mundo y contaba con una serie extraordinaria de futbolistas que debía garantizar una transición tranquila hacia el futuro.
Y la realidad ha sido exactamente la contraria.
Desde aquel título en Brasil, la Mannschaft ha encadenado decepción tras decepción. Cayó en la fase de grupos de Rusia 2018, volvió a repetir actuación en Qatar 2022 y ahora, en 2026, ni siquiera ha sido capaz de superar la primera eliminatoria de las rondas de eliminación directa.
Doce años después de tocar el cielo, Alemania no se encuentra
Un récord histórico que también se derrumba
La derrota deja además una estadística demoledora. Hasta este lunes, Alemania jamás había perdido una tanda de penaltis en un Mundial. Francia en 1982, México en 1986, Inglaterra en 1990 y Argentina en 2006 habían comprobado la legendaria eficacia alemana desde los once metros.
Paraguay acabó con esa tradición. El portero Orlando Gill se convirtió en el héroe de la noche y obligó a la selección alemana a añadir otro capítulo doloroso a una etapa cada vez más difícil de explicar.
La otra gran crisis del fútbol europeo
Lo sucedido con Alemania encaja además en una tendencia que viene llamando la atención desde hace años. Las dos selecciones europeas más laureadas de la historia, Alemania e Italia, atraviesan simultáneamente una crisis que habría parecido inimaginable hace apenas una década.
Italia, cuatro veces campeona del mundo como Alemania, ni siquiera logró clasificarse para los Mundiales de 2018, 2022 y 2026, algo impensable para una potencia histórica del fútbol.
Alemania, por su parte, sí ha estado presente en las grandes citas, pero muy lejos de la regularidad competitiva que la convirtió durante décadas en una máquina casi infalible. Entre ambas suman ocho Copas del Mundo y una tradición que parecía garantizar, como mínimo, presencia constante en las fases decisivas. Todo se ha derrumbado.
El Mundial gana un invitado inesperado
Mientras Alemania vuelve a casa llena de dudas, Paraguay celebra una clasificación que que cambia completamente sus expectativas en el Mundial. La Albirroja ya había sido una de las revelaciones de la fase de grupos, pero eliminar a una tetracampeona mundial multiplica la dimensión de la hazaña.
Además, el triunfo tiene cierto aroma de revancha. Los paraguayos nunca olvidaron la eliminación sufrida ante Alemania en el Mundial de 2002, cuando un gol de Oliver Neuville en los últimos minutos acabó con su sueño.
Veinticuatro años después, la historia se escribió al revés.
Y lo hizo dejando una imagen que resume perfectamente el momento actual del fútbol internacional: Paraguay celebrando una clasificación histórica y Alemania preguntándose cómo una de las selecciones más poderosas de todos los tiempos se ha convertido en una potencia incapaz de escapar de su propia crisis.