¿Aprender de los errores del pasado?: el BCE mantiene, de momento, sus fichas sobre el tablero en plena escalada en Irán
De primeras, el organismo de Christine Lagarde conserva el precio del dinero en su última reunión. Los ecos de la invasión en Ucrania y una posible inflación encienden las alarmas en Fráncfort.

De momento, esperar. Parece que algo está cambiando en el Banco Central Europeo. ¿Aprender de los errores del pasado? Eso sólo lo dirá el futuro, pero la primera reunión del Consejo de Gobierno tras el inicio de la escalada en Oriente Medio y el alza de los precios del petróleo y del gas se ha saldado con una calma bastante tensa.
Lo que está claro es que, de seguir así, la situación se recrudecerá. La clave está en si la respuesta del organismo que preside Christine Lagarde seguirá los mismos pasos que adoptó tras el inicio de la invasión rusa en Ucrania.
Con los precios energéticos disparados en 2022 por la dependencia europea de Rusia, el BCE tomó su política más restrictiva que se recuerda. En cuestión de nueve reuniones, un año, el precio del dinero pasó del 0 al 4%.
Si bien es cierto, esas subidas consecutivas no se produjeron hasta el mes de septiembre de 2022, cuando la inflación en la eurozona se situaba en el 9,9%. Actualmente, la situación es bastante diferente, en el 1,9% en febrero. Aunque, como es lógico, crecerá en este mes de marzo.
Es por ello por lo que el BCE ha decidido mantener los tipos en el 2% y esperar a que la evolución de los datos, el de inflación de este mes, les obligue a adoptar algunos pasos más para tratar de controlarlo.
Controlar y no golpear la inflación
Lo que hizo entonces el BCE fue, prácticamente, golpear con nueve golpes a la histórica inflación, con una subida que no se veía en lo que llevamos de siglo. Ni la crisis de 2008 registró cifras parecidas.
El objetivo era el de controlar los precios en el 2% en la eurozona. Algo que parecía muy lejano, con un dato del 10,6% en octubre de 2022. Con cada subida de tipos de interés, el precio iba bajando. Se iba reduciendo el consumo y las aguas terminaban volviendo a su cauce.
El problema estaba en que esta inflación no era algo habitual en otros escenarios. De hecho, las subidas históricas hasta el 4% del organismo de Lagarde logró contrarrestar los efectos de la inflación, pero no se alcanzó el objetivo hasta el pasado mes de mayo de 2025.
La pregunta es clara: ¿el BCE va a volver a cometer los errores del pasado? La respuesta no es sencilla, pero lo que está claro es que la calma puede ser clave. Si la subida de los precios de los combustibles sigue como en estas últimas semanas, está claro que Fráncfort va a barajar e igual tomar una drástica decisión en su próxima reunión del 30 de abril.
De hecho, en declaraciones a Bloomberg, el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, ha apuntado a una subida de tipos del BCE en abril. "Tal como están las cosas, es posible que las perspectivas de inflación a medio plazo empeoren y que las expectativas inflacionarias aumenten de forma sostenida, lo que probablemente requeriría una política monetaria más restrictiva", ha razonado.
Las lecciones de 2022
Preguntada por el aprendizaje de las medidas aplicadas en 2022, Christine Lagarde puso en valor el trabajo de su personal y destacó que, cuatro años después, "caracterizaría nuestra posición actual con dos características".
"Una es: creo que estamos bien posicionados, y lo llamaría el 'tres por dos'. Inflación del 2% en o cerca del objetivo a mediano plazo, expectativas de inflación a mediano plazo del 2% y tasas de interés del 2%. Entonces, objetivo, en general neutral. Esto me lleva a decir que partimos de una buena posición y estamos bien posicionados para demostrar nuestra capacidad de aplicar nuestra estrategia y ser ágiles, para hacer lo que sea necesario. Porque el segundo punto es que estamos decididos a asegurar que la inflación se estabilice en el 2% a mediano plazo", aseguró.
En comparación con 2022, Lagarde señaló que otro de los puntos a tener en cuenta tiene que ver con que "cuando se produjo el shock, la inflación ya estaba en el 6%". "Esa es una gran diferencia con la situación actual, donde la última lectura fue del 1,9% y teníamos la inflación en el objetivo a medio plazo. Así que esa es una diferencia importante", expuso.
Pese a estar mejor preparados que entonces, el BCE reconoce que la guerra en Oriente Medio aumenta "la incertidumbre del panorama, generando riesgos al alza para la inflación y riesgos a la baja para el crecimiento económico". "Tendrá un impacto significativo en la inflación a corto plazo debido al aumento de los precios de la energía", anticipa.
Lo cierto es que los precios de los combustibles siguen subiendo, las previsiones van en aumento y se antoja casi imposible, salvo una desescalada total en Oriente Medio, que Fráncfort no se deje llevar por esa tendencia. Y ya comienza a avisar de que las previsiones apuntan a una inflación general del 2,6% en 2026, 2,0% en 2027 y 2,1% en 2028. Sólo falta saber cuándo y cómo moverá ficha el BCE, en un tablero cada vez más complicado.
