Trump convoca a Repsol y a otras grandes petroleras en la Casa Blanca tras la detención de Maduro para decidir el futuro energético de Venezuela
La empresa energética española está considerada una pieza clave por su peso en el país y el Gobierno ha asegurado ayuda y apoyo "en lo que sea necesario".

La crisis venezolana entra en una nueva fase con epicentro en Washington. La Administración de Donald Trump ha convocado este viernes en la Casa Blanca a las principales petroleras estadounidenses y extranjeras para abordar el control directo de la industria petrolera de Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro.
Entre los invitados figura Repsol, considerada una pieza clave por su peso en el país y por su papel en el suministro energético interno venezolano, como ha asegurado el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, en declaraciones a RNE. Cuerpo añadió que el Gobierno español está "para ayudar y apoyar" a la compañía "en lo que sea necesario".
Aunque la compañía española no ha confirmado oficialmente el nombre del representante convocado, todas las fuentes apuntan a su consejero delegado, Josu Jon Imaz.
La cita sitúa a Repsol en el centro de una negociación de alto voltaje geopolítico y económico, con Estados Unidos decidido a rediseñar el mapa energético del país sudamericano.
Repsol, actor clave en el gas venezolano
Repsol es, junto con la italiana Eni, la mayor petrolera europea presente en Venezuela. Ambas explotan el yacimiento de gas natural La Perla, uno de los mayores del mundo. No es un detalle menor: Venezuela representa el 15% de la producción global de Repsol, y el 85% de lo que extrae en el país es gas natural destinado al consumo interno, fundamental para la generación eléctrica, según publicó El País.
Ese papel explica por qué el Gobierno español ha defendido en los últimos días que Repsol es una empresa "estratégica" para la estabilidad del país. También explica por qué Washington quiere a la petrolera española sentada en la mesa cuando se discute el futuro energético venezolano.
El bloqueo que lo cambió todo
El principal escollo para Repsol es la deuda acumulada desde marzo, cuando Trump decretó un embargo de activos a las operadoras que trabajan en Venezuela. Esa decisión impidió al grupo español cobrar en especie el gas que produce, un sistema habitual hasta entonces que consistía en recibir cargamentos de crudo del Gobierno venezolano como compensación.
Desde ese momento, Repsol negociaba una solución tanto con Caracas como con Washington. La detención de Maduro y la decisión de EEUU de tomar el control directo del sector han acelerado los acontecimientos.
Quién se sienta a la mesa con Trump
Por parte de la Administración estadounidense, está previsto que participen el secretario de Energía, Chris Wright, y el secretario del Interior, Doug Burgum, además de asesores energéticos de alto nivel.
En el lado empresarial, además de Repsol, asistirán Chevron —la única energética de EEUU que sigue operando en Venezuela—, Exxon Mobil, ConocoPhillips y otras grandes compañías interesadas en los planes de Trump para revitalizar la producción de crudo del país.
Wright fue explícito en una entrevista con Fox Business Network: "Quizás lleguemos a un acuerdo marco en el que vuelvan a entrar a lo grande, pero, mientras tanto, no se van a quedar de brazos cruzados".
Un sector devastado y miles de millones en juego
El reto es colosal. Tras años de corrupción, falta de inversión y abandono, buena parte de la infraestructura petrolera venezolana está gravemente dañada. Oleoductos, terminales de almacenamiento y equipos clave necesitan una reconstrucción casi total.
Los analistas estiman que rehabilitar el sistema energético costará unos 10.000 millones de dólares al año (unos 8.584 millones de euros) durante la próxima década. Una cifra que explica las reticencias de las petroleras.
Un pasado que pesa
No es la primera vez que las grandes petroleras pisan Venezuela. Exxon y ConocoPhillips operaban allí hasta que Hugo Chávez nacionalizó sus activos a mediados de los años 2000. El Gobierno bolivariano sustituyó entonces el modelo de concesiones por empresas mixtas bajo control de PDVSA, la petrolera estatal.
Ese precedente explica la cautela actual. Trump quiere atraer a las grandes compañías para reconstruir y controlar el sector energético venezolano, pero el recuerdo de las expropiaciones sigue muy presente en los despachos.
