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03/03/2021 18:57 CET | Actualizado 03/03/2021 18:57 CET

Duelo a garrotazos

Vox se lanza como una presa sobre el PP tras el 'sorpasso' en las elecciones catalanas.

Sergio R Moreno / GTres
El presidente del PP, Pablo Casado, interviene en el Congreso.

Una de las obras negras de Francisco de Goya, Duelo a garrotazos, muestra la riña a estacazos de dos hombres enterrados hasta las rodillas, un combate propio de las clases populares que se desarrollaba con garrotes y que carecía de reglas y protocolos. Me recordaba esta obra del pintor aragonés el debate protagonizado la semana pasada a trancazo limpio, cuerpo a cuerpo, entre los representantes de PP y Vox en la comisión mixta Congreso-Senado de control parlamentario de la Corporación RTVE. No hubo tregua entre sus señorías de la derecha y la extrema derecha. Fue un ajuste de cuentas en toda regla que pudimos seguir desde los escaños de la Cámara alta con cierto asombro por la virulencia de los dardos y las invectivas.

La excusa para tan furibundo enfrentamiento fue el acuerdo para la renovación del consejo de administración de la cadena pública entre PSOE, PP, Unidas Podemos y PNV. El trasfondo, sin embargo, no es otro que la lucha por la hegemonía en el espectro ideológico de la derecha tras el sorpasso de Vox en las elecciones catalanas. Las huestes de Santiago Abascal han visto la oportunidad de tomar la delantera al PP tras su batacazo morrocotudo el pasado 14 de febrero.

Desde la frustrada moción de censura del último otoño, la tensión entre ambas formaciones ha ido ganando en intensidad. Ahora, aprovechando el desconcierto en su adversario, Vox se está lanzando como un tiburón por su presa. La debilidad del liderazgo de Pablo Casado y los casos de corrupción pendientes de sentencia judicial abren una vía para el desgaste de un PP que no encuentra el tono para hacer oposición y situarse como referencia útil para el voto conservador.

Desde la caída de Mariano Rajoy, la estrategia que se ha marcado desde la sede de la madrileña calle Génova —ahora en venta como símbolo de los asuntos turbios que acogotan a este partido— se ha caracterizado por los continuos bandazos. Ora querían competir con Vox en el mismo ring y con los mismos trasnochados argumentos, ora se presentaban como adalides de la moderación y el centrismo.

Una puesta en escena forzada y que se transmuta, de la noche a la mañana, a golpe de las encuestas o de los caprichos infantiles de una dirección sobrepasada por los acontecimientos y con escaso fondo político. Tanto vaivén está despistando hasta a su propio electorado y dando alas a los ultras.

Ora querían competir con Vox, ora se presentaban como adalides de la moderación

Una de las razones para el fortalecimiento electoral de la extrema derecha reside en la falta de determinación del PP para cortar de raíz con Vox. La bestia sigue creciendo porque el partido que mal capitanea Casado ha antepuesto la aritmética para gobernar instituciones a la imprescindible profilaxis democrática. De esta forma, retienen el poder en comunidades y ayuntamientos, pero soportando el chantaje permanente de los correligionarios de Abascal.

Esa dependencia socava su proyecto y envalentona a los ultras. No caben paños calientes ni titubeos. Tienen el ejemplo a seguir en la claridad discursiva y de acción de Angela Merkel frente a la extrema derecha. La canciller alemana ha llamado en reiteradas ocasiones a “oponerse al discurso extremista” porque, de lo contrario, “nuestra sociedad no volverá a ser la sociedad libre que es”.

España necesita una derecha democrática, que rompa con la ultraderecha

España necesita una derecha democrática, templada, en sintonía con su homóloga europea y que rompa con la extrema derecha. También con visión de Estado y con capacidad de saber entender que en momentos de especial dificultad, como los que vivimos ahora con la crisis del coronavirus, es más necesaria que nunca la unidad de acción para superar los retos que tenemos por delante.

Ese es el movimiento que el PP tiene pendiente sobre su tablero político. Menos enroques y más arrojo. Cuánto más tarde en tomar la decisión, peor le irá en términos electorales. Por el momento, estamos asistiendo a un duelo a mamporros dialécticos de cara a la galería. No sabemos aún si se trata de una escaramuza de laboratorio de mercadotecnia u obedece a una decisión estratégica para aislar a la extrema derecha. El tiempo dirá. Eso sí, que no olviden en el PP el refrán sobre la crianza de cuervos.

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