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10/02/2021 15:49 CET | Actualizado 10/02/2021 15:49 CET

El margen fiscal condiciona la recuperación económica

La capacidad para apoyar las políticas de estímulo, en un escenario en el que se observan grandes divergencias entre países, podría provocar una recuperación muy desigual.

Andriy Onufriyenko via Getty Images
Digital generated image of financial line chart showing fallings because of coronavirus COVID-19 on blue background.

Si algo nos enseñó a los economistas la Gran Recesión que vivíamos en 2008, además de que no es conveniente aplazar las reformas hasta llegar a una situación en la que el sistema colapse, es que en una situación de crisis y ante la necesidad de combatir el ciclo económico la falta de estímulos no puede ser la razón por la que experimentamos recuperaciones tan tardías; pues, como muestra el precedente más reciente, hablamos de un escenario en el que, mientras que nuestro país tardó cerca de nueve años en recuperar los niveles previos, otras economías de la Unión Europea ya se habían recuperado a los cuatro años.

La crisis de la COVID evidencia lo que comentamos. En un escenario en el que la gran mayoría de las economías en el planeta han vivido contracciones de una magnitud nunca vistas, y en un escenario en el que además se observan indicios de que esa misma falta de estímulos, el Banco Central Europeo, en línea con el resto de autoridades centrales a nivel mundial, ha optado por inyectar estímulos con los que, además de dinamizar la economía, se reduzcan esas divergencias entre países miembros tan destacables de la pasada crisis.

Las divergencias que presentan los países dentro del bloque económico, desde siempre han generado tensiones entre unos países más ricos, situados al norte del bloque comunitario, y unos países menos desarrollados, situados al sur de dicho bloque. Unas tensiones que no solo acentuaban la desigualdad que, aun no queriendo verla, presenta la Unión Europea, sino que, además, ponían en peligro un proyecto europeo que presenta una gran vulnerabilidad ante lo ocurrido con Reino Unido y su salida del bloque.

Por esta razón, además de por el consenso generalizado de que se necesitan estímulos para tratar de crecer, Europa tiene claro que es momento de ayudar a todas las economías por igual. Sin embargo, esto no es del todo así. Como sabemos, en Europa se muestran unas economías más capaces que otras, por el hecho de que Alemania, por ejemplo, a diferencia de una economía como la italiana o la española, presenta un superávit muy resaltable, así como una deuda que, en el peor de los escenarios, no llegó a superar el 60% del PIB. Por esta mayor capacidad, aunque la ayuda de la Unión Europea sea similar, hace que Alemania pueda inyectar a su economía cerca del 7% del PIB, mientras que la economía peninsular, con la llegada de los fondos europeos incluso, no podría llegar a superar el 4%.

El estudio concluye con que los países con mayor deuda pública crecen menos a largo plazo.

Como vemos, nuevamente son las divergencias y esos desequilibrios entre países las que provocan situaciones en las que, como en crisis pasadas, podríamos estar ante una recuperación de la economía alemana, mientras la economía española, como muestra el indicador compuesto de la OCDE, comienza a descolgarse de esa recuperación por, en primer lugar, la mayor incidencia del virus y, en segundo lugar, esa falta de estímulos.

Sin embargo, además de las divergencias que presentan las economías en lo que a la inyección de estímulos se refiere, conviene señalar otro factor que menciona un informe publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual relaciona las inyecciones de estímulos con su eficiencia en función de la deuda pública que presentan los países. En este sentido, el estudio concluye con que los países con mayor deuda pública crecen menos a largo plazo.

Así pues, el estudio publicado por Checherita-Westphal y Rother indica que los estímulos económicos a través del aumento de deuda pública dejan de tener efecto a corto plazo a partir de una ratio deuda pública/PIB del 60-70%. Además, a partir de un 90-100% de deuda pública sobre el PIB, el impacto sobre el crecimiento económico se torna negativo. Teniendo en cuenta que la deuda pública española ya roza el 120% del PIB, no solo estamos hablando de una recuperación más tardía por la falta de estímulos, sino que debemos sumarle esta situación, donde la enorme factura que arrastramos de años pasados podría lastrar, nuevamente, la recuperación.