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29/12/2020 07:00 CET | Actualizado 29/12/2020 11:01 CET

El peligro de que la 'euforia por la vacuna' se nos vaya de las manos

(Sin ánimo de desmerecer la importancia de la vacunación)

Alvaro Calvo/Government of Aragon via Getty Images
Una enfermera de la residencia Somontano en Barbastro (Huesca), tras recibir la primera dosis de la vacuna Pfizer/BioNTech el 27 de diciembre.

Este domingo, 27 de diciembre, llegó a España la imagen de la esperanza protagonizada por Araceli. A sus 96 años, se convirtió en la primera persona en ser vacunada contra la covid en España, y no hubo polémica tuitera que pudiera borrar la sonrisa (o incluso las lágrimas de emoción) de la mayoría. 

Es emocionante, e impensable hasta hace unas semanas, que en el mismo año en que se ha descubierto un nuevo coronavirus se haya encontrado y empezado a administrar la fórmula para prevenirlo. Pero cuidado. La ‘euforia por la vacuna’, el último concepto acuñado en esta pandemia, trae letra pequeña. 

Según el diccionario de la Real Academia Española, euforia es, en medicina, una “sensación exagerada de bienestar que se manifiesta como una alegría intensa, no adecuada a la realidad, acompañada de un gran optimismo”. Es evidente que la sociedad necesitaba una buena dosis de optimismo, pero eso no quita que exista el peligro de que esa ‘sensación exagerada de bienestar’ traiga consigo la relajación de la población y, con ello, un incremento de contagios.

La percepción del riesgo juega aquí un papel importante. Del mismo modo que las épocas en que han bajado los casos y se han reducido las restricciones han ido seguidas de subidas importantes de los contagios, esta falsa sensación de que todo acaba unido a las fechas navideñas puede dar lugar a cometer imprudencias, llámense viajes, cenas o ausencia de mascarilla.  

Israel, el país con más proporción de población vacunada, registró este domingo más de 3.800 casos nuevos, una cifra que no se alcanzaba desde octubre, en una clara tendencia ascendente. Reino Unido, que comenzó hace tres semanas su plan de vacunación, bate cada día sus propios récords de contagios, con más de 35.000 notificados a diario. Estos datos son un recordatorio más de que la pandemia no ha terminado, ni mucho menos.

Todavía no sabemos si las nuevas cepas van a afectar a las vacunas desarrolladas, y esto asusta

“El domingo fue un día muy bonito y esperanzador por el comienzo de la vacunación, pero hay varios elementos que lo empañan”, sostiene Manuel Franco, profesor de Epidemiología y Salud Pública en las universidades de Alcalá de Henares y Johns Hopkins. Entre esos elementos, Franco cita las nuevas cepas de coronavirus descubiertas (una procedente de Reino Unido y otra de Sudáfrica), la complejidad del proceso de vacunación y la falta de vacunas en todo el mundo. 

“Todavía no sabemos si las nuevas cepas van a afectar a las vacunas desarrolladas, y esto asusta”, reconoce. “Aunque no se puede asegurar al cien por cien, todo apunta a que estas cepas son más contagiosas, y no se sabe si también serán más letales o cómo reaccionarán las vacunas”, explica el epidemiólogo.

Hace unos días, Uğur Şahin, CEO del laboratorio BioNTech, que fabrica la vacuna junto con Pfizer, admitió que necesitaban unas dos semanas para confirmar que su vacuna reacciona también a la nueva variante de coronavirus y no sólo a la secuencia ‘original’. De no ser así, Şahin aseguró que, técnicamente, en cuestión de seis semanas podrían rediseñar su fórmula para hacerla efectiva ante la nueva mutación. 

“Necesitamos más conocimiento y más tiempo, y esto nos hace estar más cautelosos frente a la euforia”, apunta Manuel Franco. “Por otro lado, vemos que en los países donde ya comenzó la vacunación hace prácticamente un mes, los ritmos son tan lentos que no tienen ni a un 1% de su población vacunada”, añade.

En los países donde comenzó la vacunación hace prácticamente un mes, los ritmos son tan lentos que no tienen ni a un 1% de su población vacunada

Reino Unido, el tercer país con más porcentaje de población vacunada, después de Israel y Bahréin, ‘sólo’ ha conseguido vacunar al 1,18% de su población. Es una gran hazaña haber vacunado a casi 800.000 personas en 20 días, pero estas cifras no son suficientes para frenar la epidemia. Cabe recordar que esas personas necesitan además una segunda dosis, que la efectividad de la inyección no es en ningún caso del 100% y que todavía se desconoce si la esta evita la transmisión o sólo la enfermedad.

“Una cosa es vacunarse, protegiendo sobre todo la salud de los mayores y más vulnerables, algo que es fantástico; pero otra cosa muy diferente es parar la transmisión. La transmisión no acaba con la llegada de la vacuna”, sentencia Manuel Franco.

“Un ejercicio de logística complicadísimo”

El epidemiólogo recalca también la dificultad de llevar a cabo un plan tan novedoso y complejo de forma masiva y a contrarreloj. “Este tipo de vacunación no se ha hecho nunca, y es un ejercicio de logística complicadísimo”, reconoce. La fabricación, distribución, manejo y administración de vacunas a -70º C ya es una realidad, pero no deja de ser un reto.  

España espera vacunar a 2 millones de personas en tres meses, en un país con 47 millones de habitantes. Teniendo en cuenta que 4,7 millones de personas ya tienen anticuerpos, y suponiendo que se sumen 2 millones más (aunque también se vacunará a personas con anticuerpos), la cifra de españoles inmunizados ascendería a 6,7 millones en marzo, el 14,2% de la población. Para poder hablar de inmunidad de rebaño, ese porcentaje debería alcanzar el 70%, y todo esto sin contar con las incógnitas que hay sobre el tiempo que dura la inmunidad.

“Lo más alentador que ofrece la vacuna es que disminuirá la mortalidad entre los más mayores, que han sido los más golpeados por la pandemia; pero eso no quiere decir que acabe todo”, zanja Manuel Franco, que recuerda que la curva en ascenso que muestra España desde hace días, sumada a los encuentros navideños, no hace presagiar una buena situación epidemiológica de cara a enero.

Estamos vacunando sólo al primer mundo, y esto es un problemón

Franco cita un último elemento que tiende a pasar desapercibido en esta cuestión. Aunque para finales de verano el 70% de la población esté vacunada, sólo estaremos hablando de la población de un país, en este caso España. 

“Estamos vacunando sólo al primer mundo, y esto es un problemón”, reconoce el epidemiólogo. “Hay muchísimos países que no pueden pagar por la vacuna, y entre ellos destacan los casos de Sudamérica y la India, que están entre los más afectados y tienen una gran cantidad de población”, recuerda.

El Fondo Mundial para la lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria calcula que en los países más desfavorecidos, las vacunas frente al covid no llegarán “hasta finales de 2021, como pronto”.

“Como va a pasar mucho tiempo hasta que se vacune a todo el mundo, hay que seguir evitando la movilidad, aplicando el teletrabajo y reduciendo la posibilidad de riesgo con las medidas de distancia, mascarilla, higiene de manos y ventilación”, enumera Manuel Franco. Todo ello, independientemente de si nos han puesto o no la vacuna.

“La estrategia de vacunación va a durar años y no va a ser sencillo, porque nunca nos hemos enfrentado a algo así”, afirma Franco. “Este es un paso más, pero no va a ser el único. O nos cuidamos todos, o no se salva nadie”.

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