La presión por dar el pecho perjudica a las madres, y los médicos por fin se dan cuenta

“Dar la brasa a las madres diciéndoles ‘esto es lo correcto y debes hacerlo’ no soluciona el problema”.

Antes de dar a luz a su primer bebé en junio de 2018, la estadounidense Amanda Renner estaba segura de que le daría el pecho. Se hizo con todo el equipo necesario: un sacaleches, mantas de lactancia y sujetadores especiales. Su parto estaba programado en un hospital infantil que sigue unos protocolos estrictos para fomentar la lactancia. Justo después de que naciera su hija, Renner pasó un tiempo poniendo en práctica el contacto piel con piel con su hija y escuchando los consejos de un asesor de lactancia para mejorar el enganche del bebé al pezón.

Sin embargo, a altas horas de la noche, sola y con su recién nacida hambrienta, las cosas no salieron como pensaba. Su hija lloraba desconsoladamente, tratando de encontrar el pezón. Renner llamó a un enfermero para que le trajera un poco de leche en polvo hasta que lograran que el bebé se enganchara, pero le dijeron que hacía falta la aprobación del médico. Renner esperó a que viniera el médico, y después, siguió esperando. Al final, llamó a su marido, que estaba en casa con el hijastro de ella, para que viniera en mitad de la noche a traer un poco de leche en polvo. En el pasillo, se topó con una enfermera que les chafó el plan.

“Le dijeron que la leche materna era una ‘necesidad médica’”, recuerda Renner, que tiene ahora 36 años, al explicar que su hija tenía ictericia, lo cual solo aumentaba la presión para darle algo de comer, lo que fuera. “Que te hablen y te ignoren así, sobre todo después de haber pedido que el médico ‘me diera permiso’ para darle leche en polvo, hace que te sientas totalmente insuficiente. Sientes que eres un fracaso”, asegura Renner.

El de Amanda Renner es un caso particular, pero la presión por dar el pecho no ocurre solo en Estados Unidos. En Reino Unido se publicó en 2018 una guía del Colegio de Matronas sobre la lactancia en la que se incluyen historias sobre la excesiva presión que sufren algunas madres por parte de pediatras, activistas pro lactancia y matronas. Y en España también se han documentado casos semejantes. Muchas mujeres se quejan de que la presión por amamantar proviene de trabajadores de la salud, de expertos en lactancia, de otras madres que insisten en que es muy raro que la madre tenga problemas para producir leche y que muchas veces se debe a una simple falta de perseverancia.

Afortunadamente, cada vez son más los expertos que apoyan a las madres en su lucha contra esta presión debilitante y que exigen que se aborde este problema con más tacto, por muy natural que sea dar el pecho. Un reciente reportaje en la revista Nursing for Women’s Health pide más estudios sobre el estrés que pasan las madres no solo al dar el pecho, sino también por la presión a la que se les somete para que lo hagan. La presidenta de la Federación de Matronas de España, María Jesús Domínguez, señala: “Prefiero una madre feliz dando el biberón que una angustiada lactando”. “La presión para dar de mamar convierte a muchas madres en auténticas víctimas”, sostiene el pediatra José María González Cano, autor de Víctimas de la lactancia ¡Ni dogmatismos ni trincheras!.

“Hay que investigar más qué le sucede a una persona que quiere dar el pecho y no puede. ¿Qué es lo que siente? ¿Es un factor de riesgo de depresión postparto?”, se pregunta Ana Diez-Sampedro, profesora asociada de la Universidad Internacional de Florida y una de las autoras del estudio de Nursing for Women’s Health.

“Pensamos que para las madres, dar el pecho es la mejor opción, pero no es así en el caso de algunas”, prosigue Diez-Sampedro.

La relación entre dar el pecho y la depresión postparto

Diez-Sampedro y otra de las coautoras del artículo, Maria Olenick, de la Universidad Internacional de Florida, no escribieron el artículo tanto por su experiencia clínica como por su experiencia como madres. Diez-Sampedro tiene gemelos a los que quiso dar el pecho, pero no pudo. Olenick dio a luz a su segundo hijo en 2011, 20 años después de la primera, y notó un gran cambio en la clase de comentarios que recibió sobre dar el pecho.

“Personalmente, noté una gran diferencia en la forma en que hablan a las mujeres sobre ello. Cuando di a luz a mi primera hija, era una cuestión más o menos optativa: ¿Qué prefieres hacer? Con mi segundo hijo, que nació en 2011, quedó muy claro qué es lo que preferían los demás”.

“Las mujeres que dan el pecho menos tiempo tienden a padecer más depresión, pero es difícil saber si es el destete el que afecta a la depresión, si es la depresión la que provoca el destete o si hay algo más que provoca ambos”

Ahora, estas investigadoras señalan que hay indicios de que las dificultades para dar el pecho guardan relación con la depresión y la ansiedad, aunque no es una relación necesariamente lineal.

“Las mujeres que dan el pecho durante menos tiempo tienden a padecer más depresión, pero es difícil saber si es el destete el que afecta a la depresión, si es la depresión la que provoca el destete o si hay algo más que provoca ambos”, explica la doctora Alison Stuebe, experta en medicina materno-fetal y directora de los servicios de lactancia en la Universidad de Carolina del Norte. Esta investigadora lleva más de una década estudiando la conexión entre la lactancia y la salud mental perinatal y también considera necesario que se investigue más sobre este tema.

Lo que está claro es que los problemas de salud mental afectan profundamente a las madres y a sus bebés. Los bebés cuyas madres sufren depresión postparto corren un riesgo mayor de desarrollar problemas de conducta y retrasos del habla, por ejemplo. Una depresión que no haya sido tratada puede provocar desde dolor físico hasta un mayor riesgo de suicidio.

También está claro que forzar a las mujeres a dar el pecho no es la solución.

“Creo que esto es parte de un problema mayor, que es el modo en que nos comunicamos con las madres al tratar su salud y su bienestar”, opina Stuebe. “Tendemos a hablar en términos de ‘deberías’ o ‘debes’ para decirles a las mujeres lo que tienen que hacer en vez de decirles: ‘Es un tema complejo y como madre vas a tener que valorar ventajas y desventajas de cada decisión cada minuto de cada día’”.

“Darles la brasa a las madres diciéndoles ‘esto es lo correcto y debes hacerlo’ no soluciona el problema”, añade.

Los ‘expertos’ tienen que aprender

Pese a que el lema simplista de que la leche materna es mejor está por todas partes, las organizaciones de salud pública cuentan con información más matizada sobre la lactancia y la salud mental de las madres. El Colegio de Obstetras y Ginecólogos de Estados Unidos explica en sus directrices sobre apoyar a las mujeres que dan el pecho que las que no logran cumplir los objetivos a menudo sufren mucho estrés y que sus médicos tienen que abordar ese problema. También insiste a los obstetras-ginecólogos en que analicen la relación entre la lactancia materna y la depresión postparto y que permanezcan atentos a cualquier madre que pueda tener problemas.

Aun así, no son pocas las mujeres que se sienten culpables por sus decisiones, ya sea porque los médicos le han recomendado la leche materna de forma muy agresiva o porque los profesionales no hacen caso de sus problemas. Mujeres como Amy Weinstein, de 34 años, que estaba decidida a dar el pecho hasta que dio a luz en 2014 y vio que no producía suficiente leche. Se conectaba el sacaleches para tratar de activar su producción, acudió a un grupo de apoyo a la lactancia y se reunió semanalmente con una asesora de lactancia nada económica que le aseguró que le ayudaría a cumplir sus objetivos.

Unas 10 semanas después del nacimiento de su hijo, cuando todavía se sacaba leche cada dos horas pero no conseguía dar más de 300 ml al día, su asesora de lactancia le dijo: “No suelo decir esto, pero creo que deberías dejarlo”.

“Fue muy deprimente y me sentí aislada. Me sentía atada a mi sacaleches y al seguimiento de mi producción. Hay algo en la forma en que tratamos la lactancia que hace que prácticamente defina tu valía”

Fue un mensaje que Weinstein agradeció y que deseaba haber oído semanas o meses antes. Hasta entonces solo había recibido mensajes implícitos y explícitos de que no podía parar porque le estaría fallando a su bebé.

“Fue muy deprimente y me sentí aislada. Me sentía atada a mi sacaleches y al seguimiento de mi producción. Hay algo en la forma en que tratamos la lactancia que hace que prácticamente defina tu valía. Es como si al dar el pecho recibieras una ‘tarjeta de madre’ por hacer bien tu trabajo, y sentí que a mí me estaban retirando esa tarjeta”, recuerda Weinstein.

Diez-Sampedro y Olenick insisten en la necesidad de cambiar la forma en que la comunidad médica cuida a las madres, un cambio que pasa en gran medida por dejar de imponerles tanta presión para que den el pecho. Además, todo el que trabaje con una madre que acabe de dar a luz debe conocer la relación que hay entre los problemas para dar el pecho y la depresión postparto. Los profesionales deberían estar preparados no solo para recomendar asesores de lactancia si es necesario, sino también para ofrecerles apoyo emocional. Antes de dar a luz, los médicos deberían hablar con las madres sobre buenas prácticas de alimentación con leche en polvo para que sepan que tienen esa opción, aunque nunca recurran a ella.

“No es posible que los trabajadores de la salud conozcan todos los factores que influyen en su decisión sobre cómo alimentar a su hijo, pero mientras la mujer cuente con la información apropiada para tomar decisiones informadas, quienes cuidan de ella deben confiar en que hará lo mejor, aunque lo que ella considere mejor no sea lo mismo que el médico”, escriben las investigadoras.

“Creo firmemente que mi depresión y mi ansiedad postparto aparecieron por todo lo que viví dando el pecho”

Sin embargo, ofrecer esa clase de apoyo emocional requiere experiencia, motivo por el que hay expertos que insisten en la necesidad de formar a las personas que trabajan ayudando a las madres con la lactancia.

“Tengo mis preferencias en este tema, y digo preferencias porque es importante llamarlas así”, comenta Kate Kripke, trabajadora social y fundadora de Postpartum Wellness Center of Boulder. “Jamás enviaría a una madre a un asesor de lactancia que no tenga formación en salud mental perinatal. Jamás”.

Kripke considera que los asesores de lactancia tienen buenas intenciones y quieren que las madres consigan sus objetivos dando el pecho, “pero si no tienen formación para comprender los pormenores de cómo surgen los problemas de salud mental, pueden convertirse en cómplices de la vergüenza que sufre una madre en momentos en los que quizás necesita dejar de dar el pecho para volver a estar sana”, razona.

En esencia, todo esto es un llamamiento para reconsiderar el modo en que les insistimos a las madres en que deben dar el pecho, algo que las consume, tal y como se ve en numerosos foros de internet y en los comentarios de los artículos sobre la lactancia. La idea es dejar claro que hay que cuidar la salud de la madre, no porque sus necesidades sean más importantes que las del bebé, sino porque influyen profundamente en su bienestar y en el de su bebé. Es normal que dar el pecho sea difícil hasta cierto punto, ya que resulta complicado alimentar a otra persona con recursos de tu propio cuerpo, pero no tiene que ser una tortura. Ahí es donde los médicos, enfermeros, asesores de lactancia y demás deben andar con más cuidado y vigilar la salud mental de las mujeres.

“Creo firmemente que mi depresión y mi ansiedad postparto aparecieron por todo lo que viví dando el pecho”, asevera Renner. “Hay centros y ‘expertos’ que se declaran favorables a la lactancia materna y que en vez de apoyarla, parece que la quieren imponer”, concluye.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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