WhatsApp y Telegram, una amenaza en auge para los libros

Cada mes se detectan más de 152.000 páginas web de enlace fraudulentas.
Cómo se ha afianzado la piratería de libros en WhatsApp y Telegram.
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Cómo se ha afianzado la piratería de libros en WhatsApp y Telegram.

El mundo editorial puede celebrar que este año las ventas se hayan disparado un 44%. Sin embargo, no todo son buenas noticias para el negocio: la amenaza de la piratería se afianza cada vez más. De los nuevos libros que han salido a la venta, “más del 45% se localizan en este tipo de páginas”, según Jorge Corrales, director general de la asociación de autores y editores CEDRO. Además, los nuevos canales por los que se cuelan los títulos de manera gratuita también representan un problema, los servicios de mensajería instantánea como WhatsApp. “El año pasado se retiraron más de 400 grupos de Telegram mediante peticiones nuestras”, explica a El HuffPost.

Una de las iniciativas de esta asociación es precisamente monitorizar y activar los mecanismos para que esas URL dejen de estar disponibles. En una aplicación que han desarrollado para hacer frente a este asunto se incluyen todas las novedades editoriales mes a mes, de tal forma que según se publican los libros quedarían protegidos por el sistema. En total, entre los nuevos títulos y los que salieron a la venta anteriormente, se detectan al mes más de 152.000 páginas de enlace fraudulentas.

Esta última cifra hay que ponerla en relación con los libros que ya están incluidos de meses anteriores en el servicio, al tratarse de un sistema acumulativo. “La media de títulos publicados al año son 78.000 y mensualmente cerca de 9.000. Si metemos todo eso en el programa, en febrero tendríamos como cerca de 17.000 títulos y esos son los que localizamos inicialmente, y luego vamos incluyendo las denuncias que nos hacen nuestros autores y editores”, comenta Jorge Corrales.

Se refiere únicamente al entorno web, pero CEDRO también trabaja siguiendo el pulso de las redes sociales y sistemas de mensajería, donde se encuentran con un problema intrínseco al sistema editorial: los contenidos pesan relativamente poco, lo que hace que sean muy fáciles de compartir a través de Telegram o WhatsApp, y esto también incluye periódicos y revistas.

Si el 45% de los libros que han salido a la venta este año se han encontrado en páginas pirata, lo mismo ocurre con el 70% de periódicos y revistas. “Estamos hablando solo del concepto novedades, que es una barbaridad”, añade el director general. El porcentaje no incluye los que ya han sido descargados, con los que se dispararía aun más. Durante el confinamiento la piratería se triplicó.

La cantidad de grupos retirados de Telegram el pasado año es llamativa, pero “en WhatsApp está subiendo”, asegura CEDRO, que está trabajando para llegar a un acuerdo con “estas multinacionales, porque a veces tienen los mismos procesos a nivel mundial y la piratería ahoga menos en unos países que en otros, o al menos es menos representativa”. De momento, les está “costando establecer el procedimiento de coordinación porque, aunque WhatsApp pertenece a Facebook, operativamente funcionan por separado”, pero “ya se están bloqueando contenidos en la aplicación de mensajería” a partir de sus denuncias.

Todo ello implica localizar el contenido de manera automática con el programa que han desarrollado, pedir unirse al grupo —que a veces es automático y a veces manual— y una vez que se unen, hacer una captura del contenido ilícito para enviarlo a la multinacional.

Por su parte, desde el grupo Planeta —que aglutina numerosas editoriales— se está desarrollando una tarea frente a la piratería porque para ellos “es una piedra angular de su trabajo y entorno, entendido como un firme compromiso con quienes crean contenidos, con la Cultura, con el conocimiento, con el respeto y con la defensa de los derechos de autor”.

La editorial confirma que “la aparición de las redes sociales ha multiplicado los efectos de casi todo, y la piratería no iba a ser una excepción”, aunque respecto a WhatsApp, que es la plataforma de mayor impacto, “en realidad solo ha popularizado y simplificado el fenómeno, convirtiendo horas de navegación, largas búsquedas, miles de enlaces y cientos de web en un solo clic”. Solo este año, en Facebook, por ejemplo, han retirado más de 7.300 enlaces de grupos que contenían entre 300 y 400.000 personas.

El libro en papel sobrevive y goza de buena salud

Se comparten fotocopias, fotografías de los capítulos o incluso pruebas sin corregir. En todo caso, apunta Planeta, “no es lo mismo el pirata que el lector. No son las mismas personas, no tienen los mismos intereses. El pirateo se limita muchas veces a un compulsivo ‘pásalo’, y no invalida para nada los saludables índices de ‘popularidad’ por los que atraviesa el sector del libro en los últimos tiempos y su buena salud”.

En esa línea, CEDRO coincide en que en cuanto a las ventas “hay un ratio estable que se muestra en el estudio que se hace todos los años, y que este 2021 se ha visto impulsado”. Según sus datos, el 10% de los internautas declaran que si no tuviesen la posibilidad de descargarse el libro lo comprarían, y el 25% lo haría con el conjunto del mercado editorial, es decir, también con los periódicos y revistas.

Según el último informe del Observatorio sobre la piratería digital de productos culturales de 2019, elaborado por la Coalición de Creadores, el valor de mercado de los casi 600 millones los contenidos pirateados es de 5.277 millones de euros.

“El libro electrónico es friendly y portátil, sí, pero todavía no ha conseguido batir al libro en papel, que está resistiendo. Hasta los bancos de inversión están diciendo últimamente que el negocio editorial es un valor seguro con bastantes años por delante”, explica Daniel Fernández, presidente de CEDRO, en el diario El Mundo.

Con el crecimiento en ventas del 44%, el sector facturará 1.100 millones, la mejor cantidad en una década. El HuffPost se ha puesto en contacto con diferentes agentes editoriales que han preferido no valorar ningún dato.

“Trabajamos por intentar posibilitar que autores, traductores, editores y periodistas puedan vivir un poco más dignamente de su trabajo”, aclara Jorge Corrales, director general de CEDRO.

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