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12/11/2019 07:21 CET | Actualizado 12/11/2019 07:21 CET

Redescubriendo Barrio Sésamo

Queremos votantes visibles, pero parados, dependientes, enfermos o pobres, invisibles los cuatro años siguientes...

En estos primeros días de noviembre se cumplen 50 años de Barrio Sésamo. Cuarenta en España, que siempre vamos a remolque. No hubiera venido mal, entre tantas reposiciones más o menos casposas, el consabido verano azul y los documentales mil veces repetidos, que Televisión Española, la de todos, hubiera reprogramado unos cuantos episodios del mítico programa, y especialmente de las lecciones de Coco y otros monstruitos, que enseñaban a los más pequeños los conceptos básicos para moverse en el mundo. Ya sabéis, arriba y abajo; dentro y fuera; cerca y lejos; grande y pequeño…

Todo lo que parece elemental y que, sin embargo, vamos aprendiendo a fuerza de tropezones, de caer y levantarnos, y vuelta a empezar. Con las enseñanzas de los muñecos olvidadas, hemos tenido que volver a reconocer que si estás abajo, le importas un pimiento a los de arriba; que grande y pequeño no es cuestión de tamaños, sino de dinero; que lo de rico y pobre, es un espacio cada vez más dilatado. Y que dentro de determinados mundos no cabemos la inmensa mayoría. Quedamos fuera.

Fuera de la ley han quedado muchos por no poder pagar la casa en la que viven y contar con poco más de 300 euros de pensión. Ya no están dentro. Fuera, pero de la cárcel, están muchos, con muchas causas pendientes, y con yates, casoplones y pasaporte dispuesto para viajecitos varios.

Nos encanta que vengan turistas, cuantos más y de más lejos, mejor. Aunque se emborrachen y causen todo tipo de conflictos. Traen dinero. Mucho más cerca están los refugiados subsaharianos, los de Siria o los de Libia. Pero ese “cerca” no nos vale. Los queremos lejos. Si puede ser en el fondo del mar, un problema menos.

Queremos votantes visibles, pero parados, dependientes, enfermos o pobres, invisibles los cuatro años siguientes.

Queremos votantes visibles, pero parados, dependientes, enfermos o pobres, invisibles los cuatro años siguientes, el periodo que va hasta las siguientes elecciones. Queremos un Barrio Sésamo a nuestra manera, donde las cosas no sean blancas o negras, sino del color que mejor nos pinte en cada momento.

Es la ceremonia de la confusión, en la que las definiciones no son las que vienen en el diccionario ni las que simplificaban los habitantes del famoso Barrio para que todos las entendieran. Claro, que tampoco habitamos en un idílico espacio en el que primen la armonía, la solidaridad y el bien común, y en el que las risas se eleven por encima de los gritos y lamentos.

Han pasado muchos años, y ya es hora de reponer Barrio Sésamo. Y de recomponer el mundo.

 

Este artículo se publicó originalmente en el blog de la autora. 

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