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13/03/2016 10:12 CET | Actualizado 13/03/2016 10:12 CET

Ha llegado el día del juicio final para Merkel: el aterrador auge de la extrema derecha

merkelSi el centro de gravedad político alemán se desplaza hacia la derecha, la repercusión se hará notar en toda Europa, especialmente si cambian las políticas de acogida de refugiados -ya sean sirios o no-, y de apertura de fronteras. De momento, Merkel no ha mostrado señales de hacer concesiones sobre el tema.

REUTERS

Este domingo tendrá lugar el día del juicio final en Alemania: los alemanes votarán la política de refugiados de Angela Merkel en unas elecciones regionales. Votarán si la canciller está capacitada para seguir consiguiendo que Alemania sea segura y acogedora, después de que un millón de inmigrantes llegaran al país el año pasado y de que se espere que lleguen cientos de miles más. Pero lo crucial es que será el examen más importante de Merkel de cara a un cuarto mandato.

Este domingo, tres estados alemanes votarán si quieren renovar o no el mandato de sus parlamentos regionales. Esta votación es más importante que nunca, tanto a nivel nacional como a nivel europeo. Para empezar, la decisión afectará aproximadamente a 17 millones de alemanes (el 20% de la población). Además, esta consulta tiene lugar en un momento clave en el que, por una parte, la xenofobia ultraderechista y el nacionalismo están aumentando y, por otra, se están abriendo grietas en la férrea alianza entre los partidos gobernantes en coalición: la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la Unión Social Cristiana (CSU).

Si el centro de gravedad político alemán se desplaza hacia la derecha, la repercusión se hará notar en toda Europa, especialmente si cambian las políticas de acogida de refugiados -ya sean sirios o no-, y de apertura de fronteras. De momento, Merkel no ha mostrado señales de hacer concesiones sobre el tema.

Durante estos días, las elecciones locales y las encuestas están levantando una tormenta en el, por lo general, tranquilo clima político alemán. Cabe destacar una jornada de elecciones que tuvo lugar la pasada semana en Hesse, en el centro de Alemania. El populista partido de derechas Alternative für Deutschland (AfD) se llevó el 13,2% de los votos y se convirtió en el tercer partido político más importante de la región.

Las encuestas han traído noticias aún peores: se espera que los xenófobos e islamófobos que forman parte del AfD sean la tercera fuerza más votada en los tres estados que celebrarán elecciones este fin de semana. Concretamente, la previsión de los resultados va de un 9% de los votos en Renania-Palatinado a un 19% en Sajonia-Anhalt, pasando por un 13% en Baden-Wurtenberg.

La cantidad real de votos que pierda el frente popular y que se lleve AfD nos dará una idea de cuánto se puede desplazar hacia la derecha el epicentro de las políticas alemanas.

Se considera a estas tres regiones como una representación del marco socioeconómico alemán. Baden-Wurtenberg, cuya capital es Stuttgart, cuenta con 10 millones de habitantes y es una de las regiones más ricas y competitivas de Europa después de Bavaria. Para hacerse una mejor idea, sólo hace falta decir que Baden-Wurtenberg es la sede de varias empresas como Porsche, Daimler y Bosch, entre otras. La situación de Renania-Palatinado es similar. Sin embargo, en Sajonia-Anhalt es totalmente diferente: era una región de la antigua República Democrática Alemana y ahora se enfrenta a uno de los índices de desempleo más altos de Alemania. También es uno de los estados alemanes con más ataques xenófobos. Es el lugar en el que se sigue oyendo la frase "vienen aquí y nos roban el trabajo y las mujeres". En otras palabras, es la región prototípica para la propaganda de AfD.

Y esa propaganda asusta de verdad. Frauke Petry, la líder del partido fundado hace tres años, suelta por su boca afirmaciones de una inquina inimaginable, como la idea de poner en las fronteras a hombres, mujeres y niños para protegerlas. Después, Petry se retractó de sus palabras, pero sólo en lo concerniente a los niños. Obviamente, las referencias a la ola de inmigrantes eran de todo menos casuales.

Otro punto fundamental del partido es la necesidad de abolir el aborto porque "la política alemana es responsable de garantizar la supervivencia de sus ciudadanos y de su nación".

¿Cómo íbamos a pasar por alto una de las bases de la campaña electoral de AfD en Sajonia-Anhalt? Los funcionarios tienen que "revisar y corregir los programas educativos" para no dar tanta importancia a los "doce desafortunados años" del periodo Nazi. Naturalmente, estas palabras suponen una bofetada para el alemán de a pie, pero claramente atraen a parte del electorado más conservador que se inclina hacia el populismo y el nacionalismo y que hasta ahora había considerado a la alianza de CDU-CSU como una buena elección.

La cantidad real de votos que pierda el frente popular y que se lleve AfD nos dará una idea de cuánto se puede desplazar hacia la derecha el epicentro de la política alemana. Además, también dejará ver lo peligrosas que pueden ser las consecuencias inmediatas para Merkel. Entre ellas, el refuerzo de la sección antinmigrantes del CDU, el aumento de sentimientos nacionalistas en su partido hermano, el CSU, y los inevitables roces en un gobierno con el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) como aliado. Estos tres factores de riesgo afectan a las opciones de Angela Merkel para gobernar otra legislatura. Pero, principalmente, supondrán un enfoque mucho menos flexible y más retrógrado en cuanto a la crisis de refugiados. Esta situación acarrearía efectos incendiarios en el resto de Europa: eliminaría la última defensa que se enfrenta a los poderosos impulsos aislacionistas que tienen su máxima representación en el este, particularmente con el Grupo Visegrád.

No resulta sorprendente que Merkel, consciente de los riesgos, quisiera llegar a las elecciones del domingo con un acuerdo con Turquía para gestionar la crisis de refugiados bajo el brazo. Un pacto que tiene un objetivo claro: demostrar a los alemanes que su canciller está haciendo todo lo posible por frenar la ola de inmigrantes eliminando cualquier tipo de incentivo para que quieran cruzar el Mediterráneo. No obstante, este acuerdo todavía no se ha cerrado; todo se ha pospuesto para la siguiente cumbre europea, obligando a Merkel a enfrentarse a las elecciones desprotegida ante la derecha. Esto significa que hay que pagar un precio -político- para que las fronteras sigan abiertas a los inmigrantes, algo que la canciller alemana ha defendido a capa y espada hasta la fecha.

El domingo por la noche, en Alemania y en el resto de Europa nos enfrentaremos a un escenario político diferente. ¿Merkel será capaz de afrontar la situación como una líder fuerte, como ha hecho hasta ahora, o conseguirán destruirla poco a poco? ¿Será capaz de dirigir su país y evitar actos egoístas y simplistas, como ha hecho valientemente? Es cierto que depende de sus capacidades personales, pero no serán suficientes. Mucho, quizá todo, dependerá de un ente totalmente distinto: de los alemanes.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición italiana de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.

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