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Contigo empezó todo: el portazo de Trump al acuerdo que pudo evitar un Irán nuclear

Contigo empezó todo: el portazo de Trump al acuerdo que pudo evitar un Irán nuclear

Este viernes se cumplen ocho años de la salida del presidente de EEUU de un pacto que obligaba a Teherán a tener un programa atómico exclusivamente pacífico. Se redujo el enriquecimiento, llegaron las inspecciones. Hasta que acabó. 

El presidente de EEUU, Donald Trump, firma el Memorando de Seguridad Nacional por el que abandona el acuerdo nuclear con Irán, el 8 de mayo de 2018, en la Casa Blanca.
El presidente de EEUU, Donald Trump, firma el Memorando de Seguridad Nacional por el que abandona el acuerdo nuclear con Irán, el 8 de mayo de 2018, en la Casa Blanca.Jabin Botsford / The Washington Post via Getty Images

Con su firma grandilocuente y picuda, Donald Trump enterró el acuerdo nuclear con Irán hace hoy ocho años. Fue el 8 de mayo de 2018 cuando el presidente de Estados Unidos, desoyendo los ruegos de sus aliados, decidió abandonar el que se consideraba mayor logro diplomático mundial en décadas, un compromiso que garantizaría que el programa atómico iraní sólo tendría un uso pacífico. 

Al republicano, en aquel su primer mandato, le dio todo igual. Dijo que su antecesor, el demócrata Barack Obama, había cerrado en 2015 "el peor acuerdo de la historia", "desastroso", y que Teherán no estaba cumpliendo con lo firmado porque era el "patrocinador" del terrorismo mundial, "el mayor exportador de terror del mundo". Israel se frotaba las manos, porque esa justo eso lo que anhelaba, una ruptura de Occidente con quien sigue considerando una amenaza existencial que, con el pacto, había ganado respeto, confianza y poder regional. 

El suspiro de alivio duró poco pero es que, con el tiempo, nadie ha puesto sobre la mesa otra salida real para acabar con el problema nuclear de Irán. Sólo aquello dio frutos, temporales e incompletos. El régimen de los ayatolás, poco a poco, dejó de sentirse comprometido con el texto, ante la ausencia de EEUU, y lo fue incumpliendo, hasta acelerar de nuevo el trabajo de sus centrifugadoras y lograr más uranio enriquecido, la base para un arma de esta naturaleza que, ha dicho siempre, no es lo que busca.  

Trump, de vuelta en la Casa Blanca, ha lanzado ya dos guerras contra Irán y aún sigue sin poder acabar con su programa nuclear. También dijo que él promovería un pacto "mucho mejor", pero aún no lo ha hecho. Su postura en las negociaciones de paz con el régimen, hoy en el limbo, es maximalista: nada de uranio, para ningún uso. Eso es entendido por los clérigos como una imposición, no un acuerdo debatido. Y en esas estamos, con el problema redoblado y civiles muertos, heridos o desplazados. De aquella firma, estos lodos. 

El marco del acuerdo: firmantes y opositores

El acuerdo nuclear con Irán, conocido formalmente como Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), hizo historia. En el centro de las negociaciones con Irán se encontraban los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Francia, Rusia, el Reino Unido y Estados Unidos) más Alemania, un grupo conocido colectivamente como el P5+1. La Unión Europea (UE) también participó en las discusiones.

Fue en Viena (Austria), el 14 de julio de 2015, cuando el consenso cobró forma de acuerdo, aunque los contactos provenían de al menos dos años antes. Según sus términos, el régimen teocrático acordó desmantelar gran parte de su programa nuclear y abrir sus instalaciones a inspecciones internacionales más exhaustivas, a cambio de miles de millones de dólares en alivio de sanciones internacionales. 

Los defensores del acuerdo afirmaron que ayudaría a prevenir el resurgimiento del programa de armas nucleares de Irán y, por lo tanto, reduciría las perspectivas de conflicto entre Irán y sus rivales regionales, incluidos Israel y Arabia Saudita. 

A estos dos países, dicho sea de paso, el consenso no les gustó nada: Riad se quejó de que debería haber sido consultada o incluida en las conversaciones, con el argumento de que se vería muy afectada si Teherán lograba este armamento. Tel Aviv se opuso explícitamente al acuerdo, calificándolo de demasiado indulgente y de amenaza real para el pueblo judío. Ambos temían un mayor poderío regional de Irán en la región que les hiciera sombra. 

Hay que echar la vista atrás y recordar que el primer programa de apoyo nuclear que tuvo Irán vino precisamente de los occidentales, se llamó "Átomos de paz" y data de 1957. Luego vinieron los cambios de régimen, las revoluciones y unos nuevos mandatarios, los religiosos, de los que estos países no se fiaban. Por eso los franceses o británicos se marcharon, dejando infraestructuras inacabadas. 

Con la guerra de Siria, desde 2011, y el ascenso del Estado Islámico en la región, Occidente sintió de nuevo la necesidad de recurrir a Irán, de incorporarlo en la escena internacional, para dar estabilidad a Oriente Medio. Lo han glosado profusamente especialistas como Ilyasse Rassouli. De ahí nació todo, antes del hundimiento. 

Los representantes de la ONU, la UE, Irán, EEUU, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania, el 14 de julio de 2015, en Viena, posando tras la firma del acuerdo nuclear iraní.
Los representantes de la ONU, la UE, Irán, EEUU, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania, el 14 de julio de 2015, en Viena, posando tras la firma del acuerdo nuclear iraní.Hasan Tosun / Anadolu Agency / Getty Images

Los objetivos

El P5+1 quería desmantelar el programa nuclear iraní hasta el punto de que, si Teherán decidiera desarrollar un arma nuclear, tardaría al menos un año en poder hacerlo, dando tiempo a las potencias mundiales para responder. 

Al inicio de las negociaciones del PAIC (también conocido como Joint Comprehensive Plan of Action o JCPOA, por sus siglas en inglés), los servicios de inteligencia estadounidenses estimaron que, en ausencia de un acuerdo, Irán podría producir suficiente material nuclear para un arma en pocos meses. 

Los negociadores temían que las acciones de Irán para convertirse en un Estado con armas nucleares pudieran sumir a la región en una nueva crisis. Una de las preocupaciones era que Israel emprendiera acciones militares preventivas contra presuntas instalaciones nucleares en Irán, como ya lo había hecho en Irak y Siria, lo que podría provocar represalias por parte de Hezbolá, el partido-milicia proiraní con sede en el Líbano, o interrupciones en el transporte de petróleo en el golfo Pérsico, sobre todo en ese estrecho de Ormuz que ahora todos conocemos bien. Además, Arabia había manifestado su disposición a obtener un arma nuclear si Irán lograba detonar una con éxito. Una carrera armamentística de primer orden. 

Irán se había comprometido previamente a renunciar al desarrollo de armas nucleares como signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), vigente desde el año 1970. Sin embargo, tras el derrocamiento de la dinastía Pahlavi y la salida del sha en 1979, los líderes iraníes continuaron secretamente con el desarrollo de esta tecnología. En 2007, analistas de inteligencia estadounidenses concluyeron que Irán había cesado su programa de armas nucleares en 2003, pero que siguió adquiriendo tecnología y conocimientos especializados en este campo.

Antes del pacto que Trump dilapidó, el P5+1 llevaba años negociando con la República Islámica, ofreciendo a su Gobierno diversos incentivos para que detuviera el enriquecimiento de uranio. Tras la elección en 2013 del presidente Hassan Rohani, considerado un reformista, las partes alcanzaron un acuerdo preliminar para orientar las negociaciones de un acuerdo integral. Dos años, hasta cuajar, un periodo en el que obtuvo el aval del líder supremo, Alí Jamenei (asesinado en la actual guerra, el 28 de febrero pasado), para desbloquear las conversaciones. También nombró como negociador a su ministro de Relaciones Exteriores, Mohamad Javad Zarif, que fue el verdadero artífice por su parte. 

Irán necesitaba una salida con urgencia, buscaba un alivio de las sanciones internacionales, que privaron a su economía de más de 100.000 millones de dólares en ingresos sólo entre 2012 y 2014. Fueron años durísimos. Sabían que apretar de esa forma a la población, ya de por sí privada de derechos y libertades, podía dar lugar a un estallido popular interno, que pondría en jaque la supervivencia de la dictadura. Esta salida les daba garantías de perpetuarse en el poder. 

Hay coincidencia en los expertos en afirmar que, si todas las partes hubieran cumplido sus compromisos de aquel 2015, el acuerdo casi con toda seguridad habría logrado ese objetivo durante más de una década el objetivo de impedir que Irán se hiciera con armas nucleares. 

El plan era que, tras diez años (a partir de enero de 2016), se iban a levantar las restricciones a las centrifugadoras, y tras 15 años, también los límites a la cantidad de uranio poco enriquecido que Irán podía poseer. Algunos opositores al articulado criticaron estas cláusulas de caducidad, argumentando que sólo retrasarían la construcción de una bomba nuclear por parte de Irán, mientras que el levantamiento de las sanciones le permitiría financiar el terrorismo en la región. Los firmantes estaban convencidos de que no, de que la estabilidad y el bienestar que llegarían sería mejor que cualquier ambición defensiva. No contaban con Trump. 

Técnicos trabajan en una planta de procesamiento de uranio en Isfahán (Irán), el 30 de marzo de 2005.
Técnicos trabajan en una planta de procesamiento de uranio en Isfahán (Irán), el 30 de marzo de 2005.Getty Images

A qué accedió realmente Teherán... 

Después de 21 meses de intensas negociaciones, el texto, finalmente, recogía los siguientes compromisos de Irán para desactivar la bomba que aún no era y el mundo temía que pudiera ser: 

  • Restricciones nucleares: Irán acordó no producir ni uranio altamente enriquecido ni plutonio que pudiera utilizarse en un arma nuclear. Asimismo, tomó medidas para garantizar que sus instalaciones de Fordow, Natanz y Arak se dedicaran exclusivamente a actividades civiles, incluyendo investigación médica e industrial.  Conforme a lo previsto por el acuerdo, el país redujo el número de centrifugadoras autorizadas a enriquecer uranio a 5.060 (contra más de 19.000 en el momento de la firma del acuerdo) y se comprometió a no superarlo durante un período de 10 años. También limitó el tipo de centrifugadoras que podía operar, acató modificar su reactor de agua pesada de Arak y reducir el tamaño de sus reservas de uranio enriquecido.

Por entender de qué hablamos: el uranio extraído contiene menos del 1 % del isótopo uranio-235, utilizado en reacciones de fisión y las centrifugadoras aumentan la concentración de dicho isótopo. El enriquecido al 5 % se utiliza en centrales nucleares, o sea, energía civil, y al 20 % puede emplearse ya en reactores de investigación o con fines médicos. El uranio de alto enriquecimiento, de aproximadamente el 90 %, es el que se se utiliza en armas nucleares.

  • Supervisión y verificación: Teherán acordó implementar un protocolo que permitiría a los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el organismo de control nuclear de las Naciones Unidas, el acceso sin restricciones a sus instalaciones nucleares y, potencialmente, a sitios no declarados. Las inspecciones tenían como objetivo prevenir que Irán desarrolle armas nucleares en secreto, como supuestamente lo intentó anteriormente.

El OIEA fue presentando, desde entonces, informes trimestrales a su junta de gobernadores y al Consejo de Seguridad de la ONU sobre el cumplimiento por parte de Irán de sus compromisos nucleares. La Comisión Conjunta, integrada por representantes de todas las partes negociadoras, supervisaba la aplicación del acuerdo y resuelve las controversias que surjan. Mediante votación mayoritaria de sus miembros, los inspectores del OIEA podrían acceder a instalaciones sospechosas o no declaradas. Este organismo también supervisaba la transferencia de materiales nucleares o de doble uso.

Ciudadanos de Teherán (Irán) celebran en las calles el acuerdo sobre el programa nuclear iraní con Occidente, el 14 de julio de 2015.
Ciudadanos de Teherán (Irán) celebran en las calles el acuerdo sobre el programa nuclear iraní con Occidente, el 14 de julio de 2015.Fatemeh Bahrami / Anadolu Agency / Getty Images

... y a qué los demás signatarios

Irán guardaba en el cajón sus planes armamentísticos nucleares, que siempre negó, y, a cambio, los demás Estados se comprometían a mejorar su desesperada situación económica, con dos medidas fundamentales: el alivio de las sanciones y el levantamiento del embargo de armas. 

En el primer caso, la UE, las Naciones Unidas y EEUU se comprometieron a levantar los castigos contra Irán relacionados con su programa nuclear. Sin embargo, muchas otras sanciones estadounidenses contra Irán -algunas que databan de la crisis de los rehenes de 1979- permanecieron vigentes. Estas sanciones abarcaban asuntos como el programa de misiles balísticos iraní, el supuesto apoyo a grupos terroristas y las violaciones de los derechos humanos. Si bien la Casa Blanca se comprometió a levantar las sanciones a las exportaciones de petróleo, mantuvo las restricciones a las transacciones financieras , lo que seguía disuadiendo el comercio internacional con Irán.

El acuerdo, validado por el Consejo de Seguridad de la ONU el 20 de julio de 2015 con la resolución 2231, entró en vigor el 16 de enero de 2016, abriendo la vía a ese levantamiento parcial. 

En el caso de las armas, las partes acordaron levantar la prohibición vigente de la ONU sobre la transferencia de armas convencionales y misiles balísticos de Irán después de cinco años, siempre que el OIEA certificase que Irán únicamente participa en actividades nucleares civiles. Los embargos se debían mantener hasta 2020, en el caso de las convencionales, y hasta 2023, si hablamos de misiles. 

De ilusiones y de rupturas

Todo eso quedó en papel mojado cuando, en 2018, el presidente de los EEUU anunció se retiraba del PAIC. Un paso efectivo desde el 9 de mayo. El retroceso fue en cascada: el 7 de agosto, se restableció la primera serie de sanciones, sobre las importaciones de materias primas así como las adquisiciones iraníes en los sectores del automóvil y de la aviación comercial. El 5 de noviembre, siguieron las sanciones contra el sector petrolero y financiero. Un suma y sigue que se mantiene hasta hoy, llevando al país a una crisis que fue el detonante, el pasado diciembre y enero, de las mayores protestas sociales en tres años.

Los demás firmantes intentaron mantener los compromisos adquiridos por un tiempo, porque su fortaleza lo recomendaba como razonable: no había más que ver cómo el régimen de verificación estaba siendo eficaz para brindar transparencia al programa nuclear iraní, lo que permitió a Irán aumentar la confianza en que no estaba produciendo armas nucleares. Se bloquearon las dos vías para acumular material fisible apto para armas nucleares: el enriquecimiento de uranio-235 a una pureza del 90 % o superior y la separación de plutonio. 

De hecho, las disposiciones fueron tan valiosas que, tras la retirada de EEUU en 2018, hasta la Administración Trump concedió exenciones de sanciones durante varios años , lo que garantizó que el Reino Unido y China pudieran seguir modificando el reactor de agua pesada de Irán en el domplejo nuclear de Arak sin estar sujetos a sanciones económicas. Según su diseño original, el reactor de Arak podría haber producido suficiente plutonio a partir de su combustible gastado para una o dos armas nucleares al año, pero directamente se cerró esa vía. Con un papel firmado. 

Teherán, no obstante, entendió que ya no podía comprometerse a nada si EEUU estaba fuera. El 8 de mayo de 2019, empezó a dejar de cumplir sus obligaciones, como represalia de las sanciones estadounidenses. Había esperado un año a hacer lo que había hecho Trump.  Tras haber superado los niveles de enriquecimiento y la cantidad de agua pesada autorizada, el régimen anunció en enero de 2020 que no estaba dispuesto a cumplir ningún límite "sobre el número de centrifugadoras".

Aún así, en diciembre de 2020, en una reunión a nivel ministerial, los Estados que pactaron el texto confirmaron la posibilidad de que Washington volviera a adherirse, una vez que se había producido un relevo en la Casa Blanca, de Joe Biden por Trump. Todos los países subrayaron su disposición a "realizar un esfuerzo conjunto a fin de abordar esta cuestión de forma positiva", como recuerda el Consejo europeo. 

No hubo nada y el alejamiento de Irán siguió, inexorable: en enero de 2021, inició el proceso para producir uranio enriquecido a 20% en su factoría subterránea de Fordo, su medida más importante en el proceso de desentenderse de los compromisos del acuerdo. En marzo, puso en marcha nuevas cascadas de centrifugadoras modernizadas que permiten enriquecer el uranio más rápidamente. Un mes después, empezó a producir uranio enriquecido al 60%, tras una explosión en una planta de Natanz, que Teherán atribuyó a Israel. La violencia y la radicalidad respondidas con lo mismo. 

En noviembre de ese año se intentaron recuperar los contactos, de nuevo en Viena, como en los viejos tiempos, y ha habido en estos años, desde entonces, reuniones técnicas y a nivel medio, sin éxitos. El intento más reciente, en este caso bilateral, Irán-EEUU, fue en abril de 2025, tras la vuelta de Trump a la Casa Blanca. Sin embargo, cuando los canales seguían abiertos, llegó el ataque conjunto Israel-EEUU, el 13 de junio. ¿Fue una treta, una manera de despistar, o hubo voluntad real de acuerdo? Porque lo mismo ocurrió el pasado febrero: de reunirse en Ginebra y salir con espíritu "positivo", en palabras de los mediadores de Omán, a la operación Furia Épica. 

Tabla con la evolución del programa nuclear de Irán antes, durante y después del acuerdo de 2015.
Tabla con la evolución del programa nuclear de Irán antes, durante y después del acuerdo de 2015.EL HUFFPOST

Según lo dispuesto en el pacto, al cumplirse diez años del día de aprobación (es decir, el 18 de octubre de 2025), tendría que haberse producido la terminación de todas las sanciones restantes de las Naciones Unidas y de la UE contra Irán. Sin embargo, a la luz del incumplimiento por parte de Irán de los compromisos contraídos en el marco del PAIC, el 28 de septiembre de 2025 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas decidió volver a imponer todas las sanciones que había levantado en 2016. 

Esa reactivación concluye el proceso de reversión automática iniciado el 28 de agosto de 2025 por Alemania, Francia y el Reino Unido, que denunciaba la acumulación de reservas totales de uranio enriquecido "más de 40 veces" superiores al límite fijado.

A raíz de la decisión de la ONU, el 29 de septiembre pasado, el Consejo volvió a imponer todas las sanciones relacionadas con la energía nuclear contra Irán que se habían levantado en 2016. Las medidas incluyen tanto las sanciones de las Naciones Unidas incorporadas automáticamente al Derecho de la UE como las medidas autónomas de la Unión. Todas las sanciones impuestas a cuenta de la situación de los derechos humanos en Irán, del apoyo a la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania y por otros motivos sobre personas particulares se han mantenido siempre en este tiempo.

Irán, de inmediato, calificó de "injustificable" la anulación final del acuerdo, pero es que ya no era nada: la Guerra de 12 días entre Irán, Israel y EEUU, en junio pasado, había terminado de sentenciar el pacto, toda vez que se bombardearon numerosos objetivos vinculados al programa nuclear y balístico iraní. Antes de los ataques estadounidenses e israelíes de junio de 2025, Irán cumplía con su Acuerdo de Salvaguardias Amplias con el OIEA, pero desde febrero de 2021 dejó de implementar las demás medidas de monitoreo acordadas en 2015. Y tras los ataques de entonces, interrumpió la cooperación con el organismo de la ONU, aunque en septiembre de 2025 llegó a un acuerdo con sus especialistas para reanudar algún tipo de cooperación, sin especificar los detalles del acuerdo. Nada se ha llevado a cabo, con otra guerra a cuestas.

La Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés), merecedora del Nobel de la Paz en 2017, resume el estado de la cuestión: "EEUU y el OIEA siguen considerando que Irán no está desarrollando actualmente actividades relacionadas con armas nucleares. Sin embargo, los avances hacia la capacidad de producir armas nucleares siguen siendo muy preocupantes, incluyendo el enriquecimiento de uranio a niveles más altos y el rechazo a las inspecciones internacionales".

¿Se puede retomar?

A pesar de los intentos periódicos de China, Francia, Alemania, Rusia, Reino Unido, EEUU e Irán por reactivar el acuerdo, aún no existe una alternativa para el acuerdo. Ni mejor, como promete Trump, ni igual ni peor. El contexto de guerra actual lo hace impensable. 

También lo ven así los especialistas, que no dirigentes implicados, como el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Mariano Grossi, quien en el marco de la última revisión internacional del Tratado de No Proliferación Nuclear dijo desde Nueva York que aquel texto "no constituye una base" para hoy. "Necesitamos buscar algo diferente", porque el programa nuclear de Irán ha cambiado demasiado, dice.

El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, tras una junta de gobernadores sobre los ataques a Irán, el 2 de marzo de 2026, en Viena (Austria).
El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, tras una junta de gobernadores sobre los ataques a Irán, el 2 de marzo de 2026, en Viena (Austria).Salih Okuroglu / Anadolu via Getty Images

El ICAN, sin embargo, aún cree posible "reactivar el acuerdo nuclear iraní de 2015" o, si no, "negociar un nuevo acuerdo para reducir el riesgo de que Irán desarrolle armas nucleares, que sería un paso positivo". Pero entiende que "todos los países deben reconocer que cualquier país que se base en armas capaces de destruir a la humanidad en sus doctrinas de seguridad sólo hace que el mundo sea menos seguro, y deben tomar medidas para eliminarlas". Aviso para los que, como Israel y EEUU, tienen este tipo de armas. 

"El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares de 2017 ofrece una vía para rechazar estas armas de una vez por todas, de forma multilateral y verificada, y todos los países deberían adherirse a este tratado sin demora", enfatizan. El mundo ya se ha dotado de herramientas para parar, si se quiere.

El OIEA estuvo inspeccionando material nuclear altamente enriquecido hasta junio de 2025 y los equipos precintaron unos 440 kilos de uranio durante su última visita, "así que hay que comprobar que eso sigue siendo así". Hasta que los inspectores no puedan regresar al país, la agencia "no puede confirmar que ésta sea la situación". La última cifra recogida por los científicos era un 50% mayor de la apuntada en febrero de este año, expone el Center for Arms Control and Non-Proliferation (Centro para el Control de Armas y la No Proliferación) de Washington. 

Mucho se ha hablado y escrito sobre la posible misión que EEUU habría diseñado para, con una incursión terrestre medida, hacerse con ese uranio, bien para destruirlo in situ, bien para llevárselo de Irán y alejar la supuesta amenaza. Sería, en cualquier caso, una operación tremendamente difícil y peligrosa, empezando porque no se sabe lo que los soldados se pueden encontrar y siguiendo por la más que posible respuesta de Teherán. 

Como tantas cosas, otra más en el limbo de esta guerra que no acaba de acabar. Para la máxima negociadora de EEUU en aquel 2015, Wendy Sherman, queda claro que la única salida, aún, es la diplomática. En una entrevista con Bloomberg, asume que el acuerdo que ahora se estaba negociando, en Pakistán y por línea interna, "no se puede lograr en 20 horas", frente a los años de trabajo que le costó a su equipo. "Pero es la vía". Hace falta "paciencia" y "resistencia", lo que choca "con los ciclos rápidos de la política", pero hay que apostar por ello. "Hay que hablar", concluye. 

Miembros de las fuerzas de seguridad iraníes montan guardia bajo un gran retrato del nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, el 9 de abril de 2026, en Teherán.
Miembros de las fuerzas de seguridad iraníes montan guardia bajo un gran retrato del nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, el 9 de abril de 2026, en Teherán.Getty Images

Pero también hay que tener en cuenta a quién se tiene ahora enfrente. Porque, con el asesinato de Ali Jamenei, el líder supremo ha cambiado, ahora es su hijo, Mojtaba, rodeado de mandos radicales, enfadados por la contienda. Mohammad Ayatollahi Tabaar, investigador del Fondo Carnegie para la Paz Internacional (Carnegie Endowment for International Peace), expone que "la guerra puede haber reforzado la postura de Irán sobre la importancia de evitar concesiones irreversibles en materia nuclear". "Desde la Guerra de los 12 Días y el último conflicto, se ha debatido públicamente con mayor franqueza la opción de la militarización nuclear", afirma. 

Valora que es posible que el régimen "podría tener una mayor determinación de preservar -y potencialmente algún día militarizar- su programa", pero "esta no es una prioridad inmediata". "Reponer sus capacidades convencionales, en particular sus programas de misiles y drones , y mantener el control del estrecho de Ormuz son preocupaciones más apremiantes", sostiene. Ambas podrían, a la larga, "contribuir a establecer la disuasión y, si Irán así lo decide, crear las condiciones para un futuro avance hacia la militarización". Nada de eso suena a diálogo. 

Nadie sabe a ciencia cierta en qué punto está hoy el programa nuclear. Se sabe de la destrucción de gran parte de la infraestructura de enriquecimiento, ya incluso en la guerra del año pasado, lo que sumado a la presión económica y la amenaza de nuevos ataques, podría frenar cualquier reactivación a corto plazo. Sin embargo, Teherán "también podría concluir que su demostrada capacidad para perturbar la economía global ha establecido una disuasión suficiente como para comenzar a reconstruir discretamente su programa en la clandestinidad". Ormuz es ejemplo. "En cualquier caso, la reconstitución de grandes instalaciones de enriquecimiento a escala industrial parece improbable en un futuro inmediato", sostiene el analista del tanque de pensamiento washingtoniano.

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Hoy el tema es la clave en las negociaciones de paz. Podía ser, sencillamente, agua pasada tan sólo ateniéndose a lo firmado hace casi 11 años... 

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Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

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