Cumbre de la OTAN: lo que la locura de Trump, del desprecio al amor, ha dejado en segundo plano
El presidente de EEUU ha vuelto a protagonizar el encuentro de los 32 socios en Ankara, embarrando las relaciones trasatlánticas con sus salidas de tono y amenazas y opacando debates clave sobre Ucrania, Irán, Groenlancia o el armamento.

La cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) celebrada en Ankara (Turquía) ha concluido tras dos jornadas de intensas e inéditas fricciones diplomáticas entre sus 32 miembros, que se suponen aliados y amigos. Bajo el liderazgo del secretario general, Mark Rutte, y con el polémico presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, como anfitrión, la Alianza Atlántica ha intentado proyectar una imagen de unidad inquebrantable de cara a las crecientes amenazas globales. Sin embargo, el encuentro se ha visto sacudido de principio a fin por las arremetidas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la súbita reactivación del conflicto con Irán y las persistentemente rígidas demandas de Washington de un reparto de cargas económicas mucho más estricto entre sus miembros.
Era esperado que el republicano alterase los debates, las apuestas y hasta la agenda, y así ha sido, pero sus otrora amigos y hoy sencillamente socios cuando conviene aún tienen problemas para encajar el comportamiento disruptivo de un mandatario al que, aún, no ven venir en su totalidad. Los ataques redoblados a España o Italia, prácticamente sin venir a cuento, han sido ejemplos de ello. Pero es que Trump, en pocas horas, ha pasado de lanzar estos mensajes amenazantes, de desprecio si no de odio, a marcharse lanzando flores a todo el mundo, proclamando el "tremendous love", el amor intenso que tiene por sus colegas del club atlantista.
La figura del norteamericano lo opaca casi todo, pero esta era una cita importante en la que sería injusto hablar sólo de sus salidas de tono. El El HuffPost tratamos de repasar lo que ha quedado en segundo plano pero importa, y mucho, para la seguridad mundial. Van seis claves (también con mucho Trump, porque es lo que hay) y una reflexión.
1.- Tensiones múltiples y el fantasma de la guerra
El encuentro que ha tenido lugar entre el martes y el miércoles en el complejo presidencial de Bestepe, en la capital turca, se ha desarrollado en un momento de extraordinaria volatilidad geopolítica. La cumbre ha estado profundamente marcada por las consecuencias directas de la reciente guerra de tres meses lanzada por EEUU e Israel contra Irán, los habituales vituperios de Trump hacia sus aliados europeos por no poner más euros en la OTAN y el temor generalizado en el continente ante las capacidades militares expansivas de Rusia, que ya avanza hacia su quinto año de invasión en Ucrania (un país que aspiraría a ser parte de la Alianza si eso no fuera un casus belli mayor aún para Vladimir Putin).
Lo que originalmente se planificó como un foro para consolidar las defensas colectivas occidentales se convirtió rápidamente en un tablero de alta tensión donde se ventilaron disputas territoriales, rupturas de acuerdos históricos y amenazas de sanciones comerciales unilaterales. Feo.
A pesar de la tormenta política, los líderes de la Alianza lograron encauzar acuerdos de gran envergadura en materia de defensa común y asistencia financiera. El secretario general, Rutte, defendió con firmeza la resiliencia del organismo, describiendo los debates internos no como un síntoma de debilidad, sino como el núcleo mismo de los sistemas democráticos modernos. Según el neerlandés, la OTAN sigue siendo un espacio preparado para albergar "discusiones acaloradas" que, en última instancia, fortalecen la estructura defensiva internacional.
Desde la perspectiva de Washington, argumentó, una Europa militarmente robusta y más capaz garantiza la protección efectiva de más de mil millones de personas en todo el territorio aliado. El presidente turco, Erdogan -que ha sofocado con mano dura las manifestaciones en su contra que habían convocado disidentes y grupos de derechos humanos, aprovechando el evento planetario-, calificó por su parte los encuentros como "históricos", mientras que el propio Trump alabó de cara a la galería una cumbre dotada de una "tremenda unidad".

2.- La ruptura del alto el fuego con Irán domina la agenda
La fragilidad del orden de seguridad internacional quedó de manifiesto de forma dramática durante la mañana del miércoles. En plena sesión cumbre, EEUU lanzó docenas de ataques aéreos de represalia contra posiciones iraníes, argumentando una respuesta directa a supuestas agresiones previas perpetradas por Teherán contra buques comerciales en el estratégico estrecho de Ormuz. Por ese cuello de botella, antes de la guerra, pasaba un 20% del crudo mundial.
Este súbito repunte de las hostilidades militares pulverizó por completo el memorando de entendimiento (MoU) firmado apenas en junio, abriendo un nuevo capítulo de profunda incertidumbre en todo Oriente Medio. Es verdad que era un marco, que el acuerdo de paz mayor, concreto, debía hablarse en unas reuniones que aún Washington no da del todo por muertas, pero al menos era una especie de garantía de calma regional. No es eso lo que ha habido en las últimas horas, con nuevos ataques y amenazas.
Ante los medios congregados en Ankara, Trump declaró de manera tajante que el memorando de entendimiento con Irán estaba completamente "acabado". En una serie de declaraciones vehementes que causaron conmoción en los pasillos de la cumbre, el mandatario estadounidense arremetió contra la cúpula gobernante de Teherán: "Están liderados por personas enfermas, viciosas y violentas; si tuvieran un arma nuclear, la usarían. Por lo que a mí respecta, esto se ha terminado", sentenció.
Horas más tarde, en sus comentarios oficiales de clausura, Trump matizó levemente sus palabras al afirmar que su Gobierno "no busca un conflicto a largo plazo" y que no creía que las hostilidades escalaran de inmediato hacia una guerra abierta en el corto plazo.
La declaración oficial final suscrita por los miembros de la Alianza hace un llamamiento explícito a la República Islámica de Irán para que respete de manera irrestricta la libertad de navegación en las aguas de Ormuz. Asimismo, reitera de forma unánime la postura inamovible del bloque de que bajo ninguna circunstancia se permitirá que Teherán adquiera o desarrolle capacidades armamentísticas nucleares de ningún tipo.
Mientras en Washington la oposición política acusaba a la Administración Trump de malograr las vías diplomáticas y echar por tierra los esfuerzos de paz, en el seno de la cumbre las acciones estadounidenses recibieron el respaldo explícito de la secretaría general de la OTAN. Rutte calificó los bombardeos norteamericanos como "absolutamente necesarios", subrayando la extrema gravedad de los incidentes marítimos. "Irán está violando de forma flagrante el alto el fuego. Considero totalmente crucial que la Casa Blanca reaccione con la máxima fuerza", declaró el ex primer ministro neerlandés ante los corresponsales internacionales, cerrando filas con Washington.
3.- La forzada senda hacia el 5%
La presión incesante y explícita de EEUU para que los países aliados, y sobre todo los europeos, asuman un mayor costo financiero en materia de defensa, volvió a dar frutos concretos en la declaración de Ankara. Los miembros han acordado acelerar ostensiblemente el incremento de sus presupuestos militares y expandir de manera drástica las capacidades de la base industrial-militar transatlántica.
Los nuevos compromisos financieros asumidos incluyen más de 50.000 millones de dólares destinados exclusivamente a programas de adquisiciones avanzadas.
El enfoque de contratación conjunta y modernización se centrará prioritariamente en tecnologías de ataque de precisión profunda, sistemas integrados de defensa aérea y de misiles, plataformas no tripuladas (esto es, drones) de última generación y herramientas avanzadas de inteligencia militar. El documento estratégico también detalla hitos técnicos revolucionarios, como el desarrollo de una "nube de combate transatlántica interoperable" y la adopción masiva de modelos complejos de inteligencia artificial para la gestión táctica de operaciones.
Sin embargo, las auditorías internas de la propia organización reflejan que la implementación real de estos ambiciosos objetivos sigue siendo sumamente desigual entre los socios. De acuerdo con las proyecciones detalladas para el año en curso, este 2026, únicamente cinco de los 32 miembros de la OTAN cumplirán con el objetivo de destinar el 3.5% de su Producto Interior Bruto (PIB) al gasto de defensa básico. Esta meta representa un salto sustancial respecto al umbral del 2% acordado en la cumbre de La Haya (Países Bajos) del año pasado.
El nuevo esquema financiero estipula además que las naciones deben invertir un 1.5% adicional de su PIB en inversiones complementarias directamente relacionadas con la seguridad ampliada, sumando un objetivo global combinado de hasta el 5% para los presupuestos domésticos. Actualmente, los datos revelan que el promedio de gasto en defensa en la vertiente europea de la OTAN y Canadá se situó en el 2.3% del PIB en 2025, elevándose moderadamente hasta el 2.53% en lo que va de 2026. La cifra que contrasta significativamente con el 3,17% reportado de forma oficial por EEUU. Sí, quien pide a los demás no llega al umbral propuesto.
A pesar de las notables brechas presupuestarias evidenciadas por las estadísticas de la organización, Trump se mostró inusualmente satisfecho al término del evento. Alabó el "tremendo progreso" de ciertos países y recordó la inmensa riqueza latente en las arcas de los estados continentales. "Muchos de estos países son extremadamente ricos, por cierto; no tenemos por qué sentir lástima por ellos. Varios de ellos verdaderamente han respondido al llamado esta vez", apuntó. Corresponsales sobre el terreno de medios como AP o el Wall Street Journal confirmaron que el tono final de Trump hacia el reparto económico fue interpretado como un espaldarazo temporal al esfuerzo europeo, rebajando temporalmente la posibilidad de una ruptura mayor.
Un alivio para Rutte, en la diana por mostrarse tan duro con sus compañeros europeos y tan adulador con las presiones de Trump. El exprimer ministro de Países Bajos, de hecho, han protagonizado una de las anécdotas de la cumbre al enfrentarse a la pregunta directa de un periodista sobre cómo se siente cuando está al lado del neoyorquino y lo escucha reclamar más y más euros o decir que quiere quedarse con Groenlandia, que es suelo legítimo de Dinamarca. "¿No afecta a su dignidad?", cuestionó el informador. A continuación tienes su respuesta.
4.- Balón de oxígeno para Kiev
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha desplegado una intensa y extenuante actividad diplomática en los márgenes del encuentro, ya que no es socio y no puede estar en los debates internos. Ha mantenido sucesivas reuniones bilaterales de alto nivel, en un intento de recordar a sus aliados que su país sigue sometido al yugo ruso, ocupado en aproximadamente un 20% y sufriendo los peores ataques contra infraestructuras energéticas y objetivos civiles (lo que supone crímenes de guerra) desde el inicio de la "operación militar especial" del Kremlin, iniciada el 24 de febrero de 2022.
Pese a que Ucrania permanece fuera de la estructura de membresía formal de la Alianza, el bloque reafirmó su compromiso inquebrantable con el país mediante una inyección económica masiva de 70.000 millones de euros en concepto de equipamiento militar de vanguardia, entrenamiento estratégico de tropas y asistencia logística. La declaración de Ankara incluye, además, la promesa soberana de todas las naciones participantes de mantener niveles de financiación equivalentes o superiores de cara al ejercicio fiscal de 2027.
No es un compromiso menor, en tiempos en los que cada país está elevando sus propios presupuestos domésticos en Defensa, en parte por la amenaza rusa, en parte por el puño de la OTAN, y la carrera de rearme común europeo está echando a andar.
El hito más comentado en el plano bilateral ha sido el anuncio conjunto realizado por Trump y Zelenski ante los medios de comunicación, en una de esas comparecencias paralelas: el presidente estadounidense, por sorpresam confirmó que otorgará a Ucrania los derechos y las licencias necesarios para producir en casa los codiciados y costosos sistemas de misiles Patriot.
Kiev había solicitado, incansable, esta transferencia tecnológica para proteger sus infraestructuras críticas ante las incesantes incursiones aéreas de las fuerzas armadas rusas. "Les enseñaremos cómo hacerlo. Creo que podrán empezar a producirlos con bastante rapidez", manifestó Trump en una inusual muestra de sintonía política y personal con el líder ucraniano.
Por su parte, Zelenski expresó a través de sus canales oficiales su profunda gratitud por las propuestas abordadas para fortalecer la posición defensiva de su país, señalando además haber cerrado pactos bilaterales en materia de drones con diversas naciones de la Alianza.
5.- Castigo a España y el desdén a Reino Unido
A pesar de la retórica formal de unidad colectiva plasmada en los comunicados finales, la cumbre turca ha servido de escenario para ásperos e implacables ajustes de cuentas diplomáticos por parte de la Casa Blanca. El principal blanco de la ira de Donald Trump ha sido España. El desencadenante de esta profunda crisis bilateral radica en la negativa rotunda de Madrid a autorizar el uso de las bases militares de utilización conjunta situadas en territorio español para las operaciones de bombardeo y castigo contra las posiciones de Irán, además de no llegar al 5% del PIB en Defensa que reclama Washington sin reparar, por ejemplo, en lo que España apota también en formación de militares o participación en misiones aliadas.
"Estoy muy molesto con la OTAN. Los miembros no quisieron ayudarnos con el Estado número uno en patrocinio del terrorismo, que es Irán", reprochó Trump de forma generalizada antes de centrar sus ataques en la delegación de nuestro país. "España es una causa perdida. No queremos hacer más negocios ni comercio con ellos", exclamó el presidente de manera fulminante ante la prensa, ordenando de forma pública y en ese mismo instante a su secretario del Tesoro, Scott Bessent, que procediera a cortar las relaciones comerciales pertinentes con el país europeo. El mandatario insistió a lo largo de toda la jornada en calificar a Madrid como un "socio terrible dentro de la OTAN".
De nuevo, el norteamericano dio un giro a su ira horas más tarde y, en el vuelo de regreso a su hogar, dijo a la prensa que España "se redimió por completo" tras acceder a una "importante solicitud de pago" relacionada con la Alianza Atlántica, aunque evitó concretar a qué acuerdo se refería exactamente. "Debo decir que tuve problemas con España, y aún los tengo, pero hoy España se redimió por completo. España fue muy generosa hoy... accedieron a una solicitud de pago importante, y si no lo hubieran hecho, ni siquiera les habríamos hablado", afirmó Trump. Si la orden a Bessent ha quedado ahora paralizada aún no se sabe. Ya en marzo pasado, el norteamericano hizo unas declaraciones amenazantes similares contra el comercio español, pero no pasó de ahí.
No, España no fue la única que se llevó su rapapolvo. Reino Unido fue también diana de las críticas de la Administración estadounidense. Aunque Downing Street había autorizado originalmente en el mes de marzo el uso de sus instalaciones militares en la guerra contra Irán bajo la premisa de la "defensa propia colectiva de la región", el primer ministro británico, Keir Starmer (en su última cumbre porque ya ha presentado su dimisión), repitió de manera persistente durante el foro que su país evitaría por todos los medios verse arrastrado de forma directa a una guerra a gran escala en Oriente Medio. T
Trump describió la postura de Londres como "extraña" y sentenció con dureza: "Esto no concuerda en absoluto con el espíritu de Winston Churchill", evidenciando un distanciamiento palpable con el gobierno laborista británico.
Con Italia el roce fue previo: en la víspera de esta cumbre, Trump publicó en su red social una foto de la primera ministra, Giorgia Meloni, junto al mensaje "Necesitamos una orden de alejamiento". Ya en Ankara, bajó el tono y aseguró ante los medios que la italiana "es una buena persona" pero la acusó de haber cometido "un error" sobre Irán, no secundando su Operación Furia Épica. "Ella no estuvo allí con nosotros y eso no me dejó muy contento", reprochó.

6.- El contencioso ártico: Groenlandia no se toca
En otro de los momentos más controvertidos de las sesiones de prensa, Trump desenterró su antigua, polémica y conocida aspiración de que EEUU asuma el control territorial completo de Groenlandia, el territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca. El magnate, que todo lo ve con ojos de empresario inmobiliario, argumentó extensamente que la gigantesca isla ártica posee una importancia geopolítica y de seguridad nacional absolutamente vital para su nación, mientras que, a su juicio, carece de cualquier tipo de relevancia práctica para las autoridades de Copenhague.
"Cuando Dinamarca fue invadida por los nazis en menos de un día -Hitler los derrotó en una sola jornada y tomó el control completo- ellos nos pidieron que nos hiciéramos cargo y cuidáramos de Groenlandia. De hecho, tomamos Groenlandia y luego, de forma estúpida, se la devolvimos", aseveró Trump en un repaso histórico sumamente controvertido ,que generó una incomodidad evidente en la delegación nórdica.
La respuesta de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, fue inmediata, gélida y tajante: "Groenlandia no está en venta. Estamos plenamente preparados para defender cada centímetro de la OTAN, lo que incluye, por supuesto, nuestro propio territorio soberano", dijo a los informadores. La Unión Europea intervino formalmente en la agria disputa a través de su portavoz oficial de Exteriores, Olof Gill, que recordó de manera institucional que cualquier decisión sobre el porvenir político o territorial de Groenlandia compete de manera exclusiva a los propios ciudadanos groenlandeses y a las instituciones soberanas danesas. "La integridad territorial, la soberanía nacional y la inviolabilidad de las fronteras constituyen los pilares fundamentales e innegociables del derecho internacional", remarcó el portavoz comunitario en Bruselas.
Sin embargo, en un sutil movimiento de equilibrio geopolítico, el secretario general Mark Rutte concedió cierta parte de razón a las preocupaciones de fondo estadounidenses, advirtiendo de que tanto China como Rusia despliegan esfuerzos crecientes por expandir su influencia en las rutas comerciales del Ártico, un asunto crítico que la Alianza ya había abordado con anterioridad en las reuniones estratégicas del Foro de Davos.
De Ankara, no obstante, ha salido un compromiso de parte de los aliados para ayudar a Groenlandia ante la andanada nacida en el Despacho Oval. Los europeos y Canadá han pactado impulsar nuevas iniciativas militares para asumir parte del papel que tradicionalmente desempeñaba EEUU en la seguridad del Atlántico Norte y el Ártico. Un grupo de 12 países -entre ellos previsiblemente España, según avanzó el diario El País- prepara ya una misión de vigilancia y patrullaje marítimo en el Atlántico Norte, el Báltico y el Ártico, sin participación estadounidense.
La iniciativa responde a la presión de la Administración de Donald Trump para que Europa aumente su responsabilidad en defensa, a la creciente incertidumbre sobre el compromiso de Washington con la seguridad europea y, claro, a las tensiones generadas por las reiteradas amenazas de Trump sobre Groenlandia. Forma parte de un conjunto más amplio de proyectos destinados a reforzar la autonomía estratégica de los aliados europeos dentro de la OTAN. Entre ellos figura también el desarrollo de capacidades militares avanzadas, como misiles de largo alcance,
Según fuentes aliadas citadas por el diario del Grupo Prisa, su objetivo será mantener una presencia permanente, realizar maniobras y reforzar la vigilancia en una zona considerada clave frente a la actividad rusa y para la defensa de las rutas marítimas del norte.

Una cumbre histórica
La cumbre de Ankara concluye, pues, dejando tras de sí un panorama de profunda transformación estructural y de tensiones apenas contenidas por la diplomacia multilateral. La OTAN ha demostrado una notable capacidad para formalizar acuerdos económicos masivos en favor de Ucrania, consolidar compromisos de adquisición de armamento avanzado y pactar ambiciosas reformas tecnológicas orientadas a la digitalización militar avanzada.
Desde el tanque de pensamiento del Atlantic Council (EEUU), cuatro de sus analistas concluyen que se puede hablar de un balance moderadamente positivo, puesto que los aliados han reafirmado el compromiso con el Artículo 5 de defensa colectiva, han mantenido el respaldo a Ucrania con 80.000 millones de dólares adicionales de apoyo y han aprobado esos 50.000 millones más en nuevas adquisiciones de defensa, más el mensaje de unidad teórica de fondo. Se ha evitado una ruptura política, temida y realista tras la amenaza, por ejemplo, de EEUU de irse del club, y se han producido compromisos concretos.
Pero, a sus ojos, también es obvio que el unilateralismo ejercido por la administración estadounidense en sus represalias armadas contra Irán y sus explícitas amenazas de ruptura comercial plantean serios interrogantes sobre la cohesión a largo plazo, sobre su compromiso con la Alianza, con Europa preparándose para asumir mayores responsabilidades estratégicas.
Bajo la batuta del cuestionado Rutte, el bloque atlántico camina hacia un escenario de militarización acelerada y reparto imperativo de costes, donde la plena autonomía defensiva europea ya no se dibuja como una opción teórica de futuro, sino como una exigencia inmediata y apremiante del presente. Con Trump, a quien le quedan aún más de dos años de Gobierno, siempre pidiendo.
