David Petraeus, exdirector de la CIA: "Ningún ejército del mundo ha aprendido suficientemente de Ucrania lo que hace falta para defenderse de los drones"
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David Petraeus, exdirector de la CIA: "Ningún ejército del mundo ha aprendido suficientemente de Ucrania lo que hace falta para defenderse de los drones"

El experto apunta a un factor clave para todas las potencias que quieran estar a la vanguardia militar: o se adaptan a los nuevos tiempos o los 'simples' drones de algunos miles de euros pueden hacer colapsar casi cualquier sistema de defensa.

Uno de los drones iraníes que cayeron en Daraa (Siria)Anadolu via Getty Images

Hay un sonido que se ha convertido en la banda sonora de las guerras del presente: un zumbido grave, constante, casi hipnótico. Es el aviso de una amenaza que no necesita grandes despliegues ni presupuestos multimillonarios. Ese ruido simboliza una transformación profunda en la manera de hacer la guerra.

En Ucrania los apodan "ciclomotores voladores". Son drones de ataque de bajo coste, como los Shahed de origen iraní, capaces de recorrer grandes distancias y transportar cargas explosivas considerables. Su impacto va más allá de lo material: introducen una lógica distinta, basada en la producción masiva, el desgaste continuo y la saturación de defensas.

Ese mismo zumbido se escucha ahora en distintos puntos de Oriente Medio. La proliferación de estos sistemas ha demostrado que no se trata de un fenómeno aislado, sino de un cambio estructural. Las ofensivas con drones —a menudo combinadas con misiles— han evidenciado una debilidad inesperada en ejércitos altamente avanzados: están diseñados para amenazas sofisticadas, pero no para enjambres baratos y persistentes.

En este contexto, el general retirado y exdirector de la CIA David Petraeus lanza una advertencia contundente: ningún ejército ha interiorizado aún las lecciones de Ucrania. Tras visitar recientemente el país, sostiene que lo que allí ocurre no es una anomalía, sino el anticipo de un nuevo paradigma militar que requiere una revisión total a nivel militar de todos los países.

Estados Unidos, pese a su superioridad tecnológica, tampoco escapa a este diagnóstico. Los acontecimientos recientes no han sido una sorpresa estratégica, sino una señal de alerta que no se ha atendido con la rapidez necesaria.

Una guerra barata que rompe todos los equilibrios

El problema no es solo táctico, sino también económico. Los sistemas de defensa aérea más avanzados tienen limitaciones claras: cada lanzador dispone de un número reducido de misiles, lo que permite que un ataque masivo de drones agote rápidamente las reservas.

Ahí reside una de las claves del conflicto. Mientras un dron puede costar decenas de miles de dólares, interceptarlo puede requerir misiles cuyo precio se mide en millones. Esta asimetría convierte la defensa en una operación difícilmente sostenible a largo plazo.

Además, la producción en serie juega a favor de quienes emplean estos sistemas. Tanto Irán como Rusia han demostrado su capacidad para mantener un ritmo constante de ataques, obligando a sus adversarios a redistribuir recursos y tensionando sus capacidades defensivas.

Cómo Ucrania está reescribiendo la defensa

Para entender el cambio, basta con observar lo que ocurre cerca del frente ucraniano. Allí, unidades especializadas prueban una de las soluciones más eficaces y sorprendentes: drones interceptores de bajo coste.

Estos dispositivos, mucho más baratos que los sistemas tradicionales, han logrado derribar un porcentaje significativo de amenazas aéreas, incluidos los drones Shahed. Su lógica es simple pero revolucionaria: combatir cantidad con cantidad, pero de forma inteligente.

El sistema, sin embargo, no depende de una sola herramienta. Ucrania ha desarrollado una arquitectura multicapa que combina radares, sensores acústicos, guerra electrónica, aviación y armamento terrestre. Todo está conectado en una red que permite detectar, seguir y neutralizar objetivos en tiempo real.

La clave está en la coordinación de múltiples sistemas dentro de un mismo ecosistema operativo. A esto se suma la capacidad de adaptación constante. Los sistemas se actualizan con rapidez, incorporando mejoras basadas en datos reales de combate. Incluso la inteligencia artificial empieza a desempeñar un papel relevante en la identificación y selección de objetivos.

El futuro: enjambres y sistemas autónomos

Para Petraeus, el siguiente salto ya está en marcha. La guerra se dirige hacia sistemas cada vez más autónomos, capaces de operar en enjambre y ejecutar misiones sin intervención humana directa.

Este escenario plantea un desafío enorme: las defensas actuales no están preparadas para neutralizar múltiples amenazas coordinadas que actúan de forma inteligente y simultánea.

Ante ello, surgen nuevas soluciones en desarrollo. Las armas de energía dirigida, como los láseres, prometen reducir costes y aumentar la eficacia. También destacan los sistemas de microondas de alta potencia, diseñados para inutilizar varios drones a la vez.

Sin embargo, estas tecnologías aún están en fases iniciales o tienen limitaciones, como su alcance reducido. Por ahora, no sustituyen a los sistemas existentes, sino que los complementan.

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