Expertos advierten que la situación de un señor moribundo de la guerra podría empoderar a los enemigos de Putin: "Explosión de odio"
El impacto de la muerte de Kadyrov podría ir más allá de Chechenia.
La salud del líder checheno Ramzan Kadyrov, uno de los aliados más fieles de Vladimir Putin, ha encendido las alarmas entre analistas y responsables políticos. Varios informes apuntan a que el dirigente, de 49 años, sufre graves problemas renales y pancreáticos, y algunos servicios de inteligencia lo sitúan “a las puertas de la muerte”. Su desaparición, advierten expertos, podría desencadenar una crisis de seguridad en el Cáucaso Norte.
Kadyrov gobierna Chechenia desde 2007 con el respaldo del Kremlin, tras la segunda guerra chechena. Su poder se ha basado en un acuerdo tácito con Moscú: lealtad absoluta a Putin a cambio de autonomía interna, financiación y mano dura contra cualquier movimiento separatista.
Según el analista James Nixey, el pacto fue claro: Moscú reconstruiría la república devastada por la guerra y mantendría a Kadyrov en el poder, mientras este se encargaba de sofocar cualquier oposición. El resultado ha sido un régimen autoritario acusado durante años de asesinatos, desapariciones y violaciones de derechos humanos, pero sin grandes levantamientos contra el Kremlin.
Riesgo de violencia y luchas internas
Sin embargo, ese equilibrio podría romperse si el líder checheno fallece. Abbas Gallyamov, ex asesor de Putin, advierte de que el régimen de Kadyrov ha reprimido durante años a numerosos grupos dentro de Chechenia.
“Durante muchos años, Kadyrov oprimió a todos los demás grupos sociales chechenos, excepto al suyo, y generó un profundo odio”, afirmó. “Nadie puede descartar que este odio se extienda tras su muerte (...) una explosión de odio”, agregó a The Paper.
Los expertos temen una lucha interna por la sucesión dentro del propio clan Kadyrov. Aunque el hijo menor del dirigente, Adam, ha sido promovido recientemente, su juventud —tiene 18 años— y las informaciones sobre un accidente reciente complican esa opción. Además, la constitución chechena exige que el líder tenga al menos 30 años.
Algunos analistas creen que podría establecerse una regencia controlada por figuras de confianza del clan, posiblemente con el visto bueno del Kremlin. Aun así, cualquier sucesor sería previsiblemente más débil que el actual líder.
Un problema estratégico para Moscú
El impacto de la muerte de Kadyrov podría ir más allá de Chechenia. El académico Max Hess considera que el dirigente ha actuado como “pegamento” en el inestable Cáucaso Norte, donde existen resentimientos históricos contra el poder central ruso.
Un vacío de poder en la región podría dar alas a movimientos insurgentes o separatistas, lo que obligaría a Moscú a desviar recursos militares en un momento en que gran parte de sus fuerzas están desplegadas en Ucrania.
Desde Kiev, algunos responsables políticos creen que ese escenario podría beneficiar a Ucrania. El diputado Oleksii Goncharenko señaló que una lucha interna en Chechenia o una represión masiva por parte de Moscú aliviaría la presión sobre el frente ucraniano.
Además, Ucrania ya cuenta con combatientes chechenos anti-Kremlin en sus filas, y podría apoyar a movimientos insurgentes si se produce una crisis en la república caucásica.
Un equilibrio frágil
Durante casi dos décadas, Kadyrov ha sido el principal garante de la estabilidad en Chechenia para el Kremlin, aunque a costa de un régimen férreo. Su posible desaparición plantea un escenario incierto: luchas internas, insurgencias regionales y un nuevo frente de inestabilidad para Rusia.
Para Putin, la muerte de su aliado más implacable en el Cáucaso podría convertirse en un problema estratégico en uno de los territorios históricamente más difíciles de controlar.