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Fingen la muerte de un líder militar y se quedan con la recompensa: así ha 'robado' Ucrania 500.000 dólares a los servicios secretos rusos

Fingen la muerte de un líder militar y se quedan con la recompensa: así ha 'robado' Ucrania 500.000 dólares a los servicios secretos rusos

Según Kiev, la estrategia consistió en un plan minuciosamente diseñado y afirman que ha dado sus frutos, después de que Moscú creyera su versión. Pese a ello, la información no ha podido contrastarse de forma independiente.

Alto mando Ucrania rusia
Kyrylo Budánov, jefe de la oficina del presidente de UcraniaVIPAVLENKOFF

Los servicios de inteligencia ucranianos aseguran haber llevado a cabo una operación encubierta de alto impacto simbólico y económico contra Rusia. Según su versión, fingieron la muerte de un destacado comandante de una milicia rusa que combate junto a Ucrania para inducir a Moscú a pagar una recompensa de medio millón de dólares por su cabeza. El supuesto fallecimiento resultó ser una puesta en escena cuidadosamente diseñada.

El protagonista de esta historia es Denis Kapustin, un ciudadano ruso conocido por su alias de guerra White Rex, líder del Cuerpo de Voluntarios Rusos (RDK), una milicia formada por combatientes rusos contrarios al Kremlin que opera junto al Ejército ucraniano. Kapustin, de ideología ultranacionalista y vinculado al neonazismo, se ha convertido en una figura especialmente incómoda para Moscú por su papel activo en acciones armadas contra territorio ruso.

A finales de diciembre, la inteligencia militar ucraniana (HUR) anunció que Kapustin había muerto en un ataque con drones rusos en la región de Zaporiyia. La noticia fue difundida por canales vinculados al RDK y acompañada de mensajes de duelo y amenazas de represalias. Durante varios días, la versión de su muerte se dio por válida.

Una operación encubierta con premio económico

La historia dio un giro inesperado el 1 de enero, cuando el jefe del HUR, Kyrylo Budanov, publicó un vídeo en el que aparecía Kapustin con vida. El comandante, supuestamente fallecido, reaparecía sonriente, desmontando por completo el relato previo. Según las autoridades ucranianas, todo había sido una maniobra deliberada.

De acuerdo con un comunicado del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), la falsa muerte permitió identificar a los supuestos responsables dentro de los servicios secretos rusos que habrían ordenado el asesinato de Kapustin. Moscú habría ofrecido una recompensa de 500.000 dólares por su eliminación, dinero que -según Kiev- fue “asegurado” mediante esta operación y que ahora se destinará a la defensa del país.

No obstante, esta versión no ha podido ser verificada de forma independiente. Ni Rusia ha confirmado el pago de la recompensa ni existen pruebas públicas que respalden la transferencia efectiva del dinero. Aun así, el anuncio encaja con la estrategia comunicativa de Ucrania, que busca mostrar iniciativa, ingenio y capacidad de infiltración en la guerra de inteligencia paralela al conflicto armado.

Kapustin y el RDK no son actores menores en este tablero. En los últimos meses, el grupo ha protagonizado incursiones armadas en territorio ruso, llegando a controlar temporalmente algunas localidades cercanas a la frontera. Estas acciones, más allá de su valor militar, tienen un fuerte impacto propagandístico y evidencian grietas en la seguridad rusa.

No es la primera vez: el precedente Babchenko

La presunta muerte fingida de Kapustin no sería un caso aislado. En 2018, los servicios de inteligencia ucranianos recurrieron a una táctica similar que dio la vuelta al mundo. Entonces, se anunció el asesinato en Kiev del periodista ruso Arkady Babchenko, conocido por sus críticas al Kremlin y por su cobertura de conflictos armados.

Durante 24 horas, medios internacionales informaron de su muerte hasta que el propio Babchenko apareció en una rueda de prensa, vivo y sin heridas. Las autoridades ucranianas justificaron la operación como una trampa para desenmascarar a los autores intelectuales del supuesto plan de asesinato, vinculados —según afirmaron— a Rusia.

Aquel episodio generó una enorme controversia. Organizaciones de periodistas y defensores de la libertad de prensa criticaron duramente la maniobra por erosionar la credibilidad informativa y banalizar la violencia contra comunicadores. Pese a ello, Kiev defendió entonces -como ahora- que el fin justificaba los medios en un contexto de guerra híbrida.

La operación relacionada con Kapustin se mueve en esa misma frontera difusa entre inteligencia, propaganda y desinformación estratégica. Aunque su éxito real sea difícil de comprobar, el mensaje político es claro: Ucrania pretende demostrar que puede engañar a los servicios secretos rusos, incluso utilizando sus propias reglas y recompensas en su contra. En un conflicto donde la información es tan decisiva como las armas, fingir una muerte puede convertirse en un golpe tan eficaz como un ataque militar.