Hasta dónde puede subir el precio del petróleo y cómo de grave puede ser la crisis económica global
Durante este lunes, el barril de Brent se ubicó en los 119 dólares, cotas que no se alcanzaban desde el inicio de la guerra en Ucrania.

El encarecimiento del petróleo vuelve a situarse en el centro de las preocupaciones económicas internacionales. El repunte del barril por encima de los 100 dólares, impulsado por la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, ha reactivado el temor a un nuevo shock energético con consecuencias para el crecimiento global, la inflación y los mercados financieros.
Aunque los conflictos en Oriente Próximo han provocado crisis similares en el pasado, los analistas advierten de que la situación actual combina varios factores de riesgo: tensiones geopolíticas, un comercio mundial aún frágil y economías que todavía arrastran el impacto inflacionario de los últimos años.
En ese contexto, gobiernos, bancos centrales y empresas observan con preocupación la evolución de los precios de la energía, conscientes de que un nuevo ciclo de encarecimiento podría frenar la recuperación económica global.
El petróleo vuelve a superar la barrera de los 100 dólares
El precio del crudo ha escalado hasta superar los 119 dólares por barril, su nivel más alto desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania en 2022. El principal motivo es el riesgo para el suministro en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles del comercio energético mundial.
Por esa vía marítima —situada entre Irán y Omán— transita aproximadamente una quinta parte del petróleo transportado por mar en todo el planeta. Si ese paso quedara bloqueado durante un periodo prolongado, el impacto en el mercado energético sería inmediato.
Muchos analistas consideran que, en el peor escenario, el precio del petróleo podría escalar hasta los 150 dólares por barril, superando incluso el récord histórico registrado en 2008. Entre los factores que determinarán hasta dónde llegará el encarecimiento destacan:
- La duración del conflicto en la región
- La posible interrupción prolongada del tráfico en el estrecho de Ormuz
- La capacidad de los países productores para desviar sus exportaciones
- La respuesta de grandes productores como Arabia Saudí o Estados Unidos
Algunos exportadores ya han comenzado a buscar rutas alternativas, pero la infraestructura disponible es limitada. Esto provoca cuellos de botella logísticos que reducen la capacidad real de suministro al mercado.
Un nuevo riesgo para la inflación mundial
El encarecimiento de la energía llega en un momento especialmente delicado. Tras varios años de subidas de precios provocadas por la pandemia y la guerra en Ucrania, los bancos centrales estaban empezando a plantearse recortes en los tipos de interés.
Un nuevo aumento del petróleo podría cambiar completamente ese escenario. Cuando el precio del crudo sube, su efecto se extiende rápidamente a toda la economía:
- se encarece el combustible
- aumentan las facturas energéticas de hogares y empresas
- suben los costes del transporte y la producción
- las cadenas de suministro se vuelven más caras
Todo ello termina trasladándose a los precios finales que pagan los consumidores. Sin embargo, algunos economistas creen que el impacto podría ser menor que en crisis energéticas anteriores. Hoy las economías desarrolladas consumen menos energía por unidad de producción y los mercados laborales son menos propensos a generar espirales de salarios y precios como las que se vivieron en los años setenta.
¿Puede desencadenar una recesión global?
El gran temor es que el encarecimiento de la energía coincida con una economía mundial ya debilitada. Muchos hogares aún arrastran la pérdida de poder adquisitivo acumulada durante los últimos años, mientras que empresas y gobiernos afrontan niveles de deuda elevados.
En este escenario, un nuevo aumento de precios podría provocar una combinación especialmente dañina: crecimiento débil e inflación persistente, lo que los economistas denominan estanflación.
Las crisis energéticas han precedido a varias recesiones en las últimas décadas. El encarecimiento del petróleo tras conflictos en Oriente Próximo estuvo detrás de las crisis económicas de:
- 1973, tras el embargo petrolero árabe
- 1979, durante la revolución iraní
- 1990, tras la invasión de Kuwait por Irak
Más recientemente, el shock energético provocado por la guerra de Ucrania frenó con fuerza el crecimiento europeo en 2023. Si el actual conflicto se prolonga, el impacto podría sentirse especialmente en regiones dependientes de las importaciones de energía, como Europa.
Qué pueden hacer los gobiernos
Ante el riesgo de escasez, los países industrializados estudian utilizar reservas estratégicas de petróleo para estabilizar el mercado. Estados Unidos y China cuentan con grandes almacenamientos que podrían utilizarse en caso de emergencia. Europa, en cambio, es especialmente vulnerable debido a su dependencia energética exterior.
Además de intervenir en el mercado, los gobiernos podrían verse obligados a aprobar nuevas ayudas para aliviar el impacto de las facturas energéticas en hogares y empresas, como ya ocurrió durante la crisis energética de 2022.
El problema es que el margen fiscal es mucho menor que entonces. Tras años de gasto elevado y deuda creciente, muchos países tienen menos capacidad para financiar grandes programas de apoyo sin tensionar aún más los mercados financieros.
En definitiva, el futuro de la economía global dependerá en gran medida de la evolución del conflicto en Oriente Próximo. Si la crisis se resuelve rápidamente, el impacto podría ser limitado. Pero si el petróleo se mantiene durante meses por encima de los 100 o 120 dólares, el mundo podría enfrentarse a uno de los mayores shocks energéticos de las últimas décadas.
