La estrategia anti-Putin está encaminando a la UE directamente a los brazos de Trump: el 96% del gas licuado que llega a Alemania ya depende de EEUU
Expertos internacionales consideran que la Unión Europea ha pasado "de una dependencia masiva a otra" por el cambio de rumbo tras la invasión rusa de Ucrania.
Donald Trump está de enhorabuena. En la lucha de la Unión Europea por escapar de su histórica dependencia de suministros de Rusia y Putin, poco a poco va volcándose en EEUU, para alegría de su mandatario.
El cambio lo está notando especialmente Alemania, país extremadamente vinculado al gas y petróleo rusos y que ha sufrido dificultades energéticas a raíz de las sanciones al régimen de Putin por la invasión de Ucrania y de la ruptura de relaciones con Moscú.
Con el objetivo de alejarse de las materias primas rusas, la UE ha pasado "de una dependencia masiva a otra", como apunta Henning Gloystein, experto de la consultora Eurasia Group en unas declaraciones a The News York Times.
Para Gloystein, Trump puede explotar casi a su antojo el mercado de gas natural licuado (GNL), algo que amenaza con convertirse en problema, si no lo es ya, para toda Europa y especialmente para un país tan dependiente a nivel de suministros energéticos como es Alemania.
La agencia Reuters puso cifras a esta dependencia en abril del pasado año. Según el estudio citado, la estadística asusta:
- Cerca del 96% de todas las importaciones de GNL a Alemania provenían de EEUU.
- Si se incluye a toda la UE en el mismo periodo, el porcentaje de gas made in USA superaba el 60%.
Y el futuro no pinta muy diferente
Era y aún es una situación de emergencia. Al filo de los cuatro años de guerra en Ucrania, la UE aprobaba, al fin, la prohibición de importar gas ruso... con efectos para 2027. Todo va tan lento que la situación amenaza con cronificarse. El Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero estima, recoge la revista Focus, que para 2030 alrededor del 40% de todas las importaciones europeas de gas podrían provenir de Estados Unidos.
Aunque Alemania y otros estados miembros de la UE intentan diversificar sus suministros, la realidad es que EEUU sigue marcando la referencia.
Esto implica no solo la 'dependencia' de lo que Donald Trump decida, sino unos costes más elevados por la distancia y la necesidad de más infraestructuras en relación al histórico gas ruso, conectado por gasoductos de proximidad.