La revelación de Xi a Trump sobre Putin y Ucrania que supone un vuelco en la guerra
El presidente chino dice a su homólogo norteamericano que Putin "podría acabar arrepintiéndose de invadir" el país vecino, publica el 'Financial Times'. Es el mayor cuestionamiento público de Moscú hecho por Pekín hasta el momento.
En vísperas de una crucial cumbre bilateral en Pekín, los delicados equilibrios de la diplomacia china han quedado al descubierto. Y es que el presidente de China, Xi Jinping, habría sugerido formalmente al mandatario estadounidense, Donald Trump, durante su reunión de la semana pasada, que el presidente ruso, Vladímir Putin, "podría acabar arrepintiéndose" de haber lanzado su invasión a gran escala contra Ucrania en 2022.
La revelación, confirmada por varias personas conocedoras de la evaluación de Washington sobre la cumbre de Pekín al Financial Times y conocida esta madrugada, se produce en un momento de complicadísimo equilibrio diplomático. Putin aterriza precisamente este martes en la capital china para una visita de Estado de dos días, apenas una semana después de que su homólogo norteamericano concluyera su propio viaje oficial al gigante asiático. Algo se mueve. Y va rápido.
La secuencia relatada por el diario subraya el intento de Pekín de posicionarse como el eje central de la geopolítica mundial, calibrando la estabilidad con la Casa Blanca sin fracturar su alianza estratégica con el Kremlin. Según fuentes familiarizadas con los encuentros previos entre Xi y el expresidente estadounidense, el demócrata Joe Biden, ambos mantuvieron en su día conversaciones "francas y directas" sobre Rusia y Ucrania. Sin embargo, el líder chino nunca había llegado tan lejos como para ofrecer una valoración crítica sobre las decisiones personales de Putin. Es un vuelco público a lo expuesto hasta ahora por el régimen comunista.
Las declaraciones hechas ahora a Trump representan el cuestionamiento más explícito documentado hasta la fecha por parte de Pekín respecto al beneficio a largo plazo de la campaña militar de Moscú. Su postura habitual ha sido la de ponerse de perfil, decir que se debe respetar la soberanía y la integridad territorial de todos los países, con la boca pequeña, mientras seguía haciendo negocios con el Kremlin y defendía las "legítimas preocupaciones de seguridad" de todas las partes, o sea, el derecho de los rusos a atacar si se sentían intimidados, por ejemplo, con la ampliación de la OTAN al este europeo (de lo que no hay pruebas, por mucho que diga Putin).
Esta ambivalencia no ha frenado el auge comercial entre los dos gigantes euroasiáticos. Desde el inicio de la invasión, Pekín ha comprado más de 367.000 millones de dólares en combustibles fósiles rusos, un flujo financiero ininterrumpido que ha apuntalado la economía del Kremlin frente al régimen de sanciones occidentales. Junto con India, ha sido su principal salvador. Sólo la posibilidad de que sus bancos pagaran por su ayuda a Rusia, a causa de las sanciones internacionales, ha frenado un poco su apoyo. Kiev ha denunciado reiteradamente que Rusia utiliza datos de satélites chinos para golpear la infraestructura energética básica.
Todos los ojos en la visita
El momento elegido para esta 25ª visita de Putin a China -que coincide formalmente con el 25º aniversario del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación firmado en 2001- no es casual. Moscú busca una reafirmación explícita de la «amistad sin límites» proclamada por ambos líderes en febrero de 2022, pocos días antes de que los tanques rusos cruzaran la frontera ucraniana.
"El viaje de Trump consistió en estabilizar la relación bilateral más importante del mundo; la visita de Putin trata de tranquilizar a un socio estratégico de largo recorrido", señala a la agencia Associated Press Wang Zichen, subsecretario general del Center for China & Globalization, un grupo de expertos con sede en Pekín. "Pekín quiere mantener relaciones estables con Occidente, conservar la confianza estratégica con Moscú y disponer del espacio diplomático suficiente para presentarse como una potencia imparcial capaz de dialogar con todas las partes", ahonda.
A pesar de las filtraciones sobre las advertencias de Xi, el Kremlin ha intentado proyectar normalidad y centrar la agenda en el dividendo económico de su alianza. Moscú y Pekín ultiman un importante pacto energético. A principios de este mes, el propio Vladímir Putin enfatizó el progreso de las negociaciones al declarar que han alcanzado "un paso adelante muy sustancial en nuestra cooperación en el sector del aceite y el gas".
El líder ruso añadió de forma optimista: "Prácticamente todas las cuestiones clave han sido acordadas. Si logramos finalizar estos detalles y llevarlos a una conclusión durante esta visita, estaré sumamente complacido".
Asimismo, el portavoz del Kremlin, el poderoso Dmitry Peskov, confirmó el fin de semana pasado que el viaje servirá para que Rusia reciba actualizaciones directas y comparta puntos de vista con China respecto a las negociaciones que Pekín mantuvo con la administración Trump.
Lejos de mostrar incomodidad por los canales abiertos entre Pekín y Washington, la postura pública de Moscú defiende que el entendimiento mutuo beneficia a la estabilidad global. "La interacción entre naciones como China y Rusia sirve indudablemente como un factor de disuasión y estabilidad", afirmó Putin antes de iniciar su viaje, asegurando además que Moscú da la bienvenida al diálogo entre China y EEUU como "otro elemento estabilizador para la economía global".
Según sus palabras, Rusia "sólo puede beneficiarse de esto, de la estabilidad y el compromiso constructivo entre EEUU y China". No obstante, el contraste entre la retórica pública de cooperación y las evaluaciones privadas compartidas con la Casa Blanca evidencia el dilema de Xi Jinping. Mientras el líder chino le recordaba a Trump en sus reuniones comerciales que "no hay ganadores en una guerra comercial", tras bambalinas parece advertir también que, en el tablero militar de Europa del Este, Putin bien podría ser el próximo en comprobar que tampoco existen victorias absolutas.