Misiles nucleares en el fondo del mar: la OTAN sigue la pista de 'Skythen', el proyecto secreto ruso para hundir silos a distancia
El sistema permitiría lanzar ataques atómicos a distancia desde plataformas casi imposibles de detectar.
Rusia vuelve a inquietar a la OTAN con un proyecto militar que parece sacado de una película de espionaje de la Guerra Fría: misiles nucleares escondidos en el fondo del mar y preparados para ser activados a distancia.
El programa, conocido supuestamente con el nombre de Skif o Scythian, lleva años bajo vigilancia de agencias occidentales y ha vuelto a aparecer en investigaciones de las cadenas alemanas WDR y NDR y publicado por Tagesschau.
La hipótesis preocupa especialmente porque cambiaría parte del equilibrio estratégico nuclear mundial: plataformas ocultas bajo el océano, extremadamente difíciles de localizar y potencialmente capaces de lanzar misiles nucleares intercontinentales.
El barco ruso que sigue la OTAN
El centro de las sospechas está en Severodvinsk, uno de los grandes núcleos de construcción naval militar rusa situado junto al Mar Blanco.
Allí tiene base el buque Zvezdochka, una embarcación especializada utilizada para transportar equipos pesados en el Ártico y aguas profundas.
Según las investigaciones occidentales, el barco estaría relacionado con el despliegue de silos submarinos capaces de alojar misiles nucleares en el fondo oceánico.
Fuentes de inteligencia creen además que el submarino especial Sarov también participaría en las operaciones.
La idea: esconder misiles en el fondo del mar
El concepto consiste en colocar contenedores o silos especiales en el lecho marino, a profundidades de cientos de metros. Allí podrían permanecer ocultos durante largos periodos hasta recibir una orden de lanzamiento remoto.
Según fuentes de la OTAN citadas en la investigación alemana, Rusia habría desarrollado incluso una versión específica del misil Skif basada en el misil submarino Sineva. El alcance sería de varios miles de kilómetros.
Una idea vieja de la Guerra Fría
Aunque suene futurista, la idea no es nueva. Durante la Guerra Fría, tanto EEUU como la Unión Soviética estudiaron sistemas similares.
La propia investigación recuerda que el Pentágono desarrolló en 1980 el llamado Proyecto Orca, que analizaba silos submarinos anclados al fondo marino capaces de emerger y lanzar misiles nucleares.
Finalmente, EEUU descartó avanzar en ese sistema por problemas técnicos y estratégicos.
¿Por qué Rusia querría hacerlo?
Los expertos creen que Moscú busca dos ventajas clave. La primera es militar. Un misil oculto bajo el océano sería extremadamente difícil de detectar y destruir preventivamente. Neutralizarlo obligaría a enormes recursos antisubmarinos y operaciones marítimas muy complejas.
La segunda es económica. Helge Adrians, investigador del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, considera que Rusia intenta reducir parte de su dependencia de submarinos estratégicos extremadamente caros. “Rusia podría lograr el mismo efecto con un esfuerzo y un gasto relativamente menores”, explica.
El enorme problema técnico
Pero el proyecto también presenta dificultades gigantescas. Mantener silos operativos en el fondo del mar obliga a resolver cuestiones muy complejas: alimentación energética; comunicaciones seguras; resistencia a corrientes marinas; sedimentación; corrosión; y mantenimiento técnico sin revelar la ubicación exacta.
Además, probar el sistema sin exponerlo públicamente sería extremadamente complicado. Por eso varios expertos creen que el despliegue masivo de esta tecnología sigue siendo poco probable a corto plazo.
Putin y las "superarmas"
El proyecto encaja además dentro de la estrategia de Vladimir Putin de presentar nuevas “superarmas” capaces de desafiar a Occidente.
En 2018, Putin ya anunció públicamente sistemas como misiles hipersónicos, torpedos nucleares gigantes y misiles de crucero de propulsión nuclear.
Según el historiador militar Matthias Uhl, estas armas tienen también un enorme componente psicológico. “Su importancia radica menos en el combate real que en el discurso político”, sostiene.
El tratado internacional que intentó evitarlo
El temor a armas nucleares ocultas bajo el mar no es nuevo. Precisamente por eso se firmó en 1971 el Tratado sobre los Fondos Marinos. El acuerdo prohíbe desplegar armas nucleares en fondos marinos internacionales.
Sin embargo, existe una grieta importante: el tratado no impide desplegarlas dentro de aguas territoriales propias. Y ahí estaría precisamente el margen legal que Rusia podría utilizar.
La gran pregunta es si ya están desplegados. No existe confirmación oficial de que los misiles Skif estén realmente operativos. Ni la OTAN ni el Ministerio de Defensa ruso han querido comentar públicamente el asunto.
Pero la investigación recuerda una declaración especialmente inquietante de Viktor Bondarev, exjefe de las Fuerzas Aeroespaciales rusas, quien afirmó en 2017 que los misiles ocultos en el fondo marino “forman parte del arsenal de las fuerzas armadas rusas”.
Si eso es cierto, la guerra nuclear del futuro podría no llegar solo desde submarinos o silos terrestres.