Qué puede vender EEUU como una victoria contra Irán tras 40 días de guerra y en mitad de una negociación
Los objetivos militares de Washington han sido alcanzados en buena medida, pero queda todo lo demás: si no logra que Ormuz reabra por completo y sin peajes ni saca o destruye el uranio enriquecido, serán los ayatolás los que salgan ganando.
Estados Unidos e Irán, con Israel observando, negocian en privado para prolongar el alto el fuego de dos semanas que ha silenciado las armas en Oriente Medio. El tiempo corre entre amenazas de que no habrá más prórrogas y, a la par, comentarios ilusionantes de que las posturas se acercan. A las típicas idas y venidas del presidente norteamericano, Donald Trump, que trae loco al mundo, sumamos los cambios de los ayatolás, que lo mismo deciden reabrir el paso de Ormuz que cerrarlo y disparar, ayer mismo.
Este viernes, la esperanza se agigantó cuando entró en vigor otro armisticio paralelo entre Israel y Líbano, condición indispensable para que el régimen de los ayatolás siga adelante con las conversaciones con Washington. La calma se rompe cada poco por violaciones cruzadas de lo pactado, pero el marco aún parece vivo.
Ahora es momento de balances y de exigencias. De repasar lo que se ha ganado y perdido por las partes en los 40 días de guerra abierta y de plantear qué se quiere para que no retorne la violencia. Teherán, al cierre de esta edición, estaba estudiando una nueva propuesta de Washington sin prometer nada. No hará "ninguna concesión", es lo único que adelanta.
Las dos partes afirman por ahora que han salido victoriosas. Sin embargo, un análisis detallado sugiere una perspectiva más compleja. Una cosa es el relato y, otra, la realidad.
Especialmente complicada de vender es para Trump, que fue quien disparó primero y quien tiene que justificarse ante el mundo por haber causado tanta muerte -luego replicada- y por haber sumido al planeta en una crisis económica formidable. Y hay cosas que sí pero hay cosas que no puede lucir: las fuerzas estadounidenses han debilitado las capacidades militares centrales de Irán, pero no han logrado alcanzar plenamente algunos de los objetivos declarados de la operación. Y ahora hay que ver si sus avances operacionales se transforman en resultados estratégicos y políticos duraderos, acordes con sus intereses.
Desde el Pentágono que comanda el secretario de Defensa, Pete Hegseth, señalan que querían destruir las capacidades de misiles balísticos y drones de Irán, su Armada y su base industrial de defensa para garantizar que no pudiera recuperar la capacidad de proyectar poder fuera de sus fronteras. Esa meta ha sido "alcanzada". Han podido "desmantelar la capacidad del régimen iraní mediante la "destrucción" de sus capacidades de misiles, aviones no tripulados y fuerzas navales, afirman.
Sin embargo, aunque la campaña al alimón con Israel ha degradado gravemente estos puntales clave del poder militar enemigo, no ha logrado "destruir" por completo dichas capacidades, que era lo prometido por Trump. No eran realistas de inicio, decían los analistas, y no lo han sido a la postre.
La República Islámica conserva la competencia de atacar buques en el valioso estrecho de Ormuz o en sus proximidades (el cuello de botella por el que pasaba antes de la guerra el 20% del crudo mundial), así como la capacidad de realizar ataques en toda la región. Su capacidad de proyectar poder fuera de las fronteras de Irán ha crecido, no ha retrocedido.
En el camino se han quedado las vidas, según la Organización Iraní de Medicina Forense, de al menos 3.375 personas. Esas son sólo las identificadas. La cifra promete subir con los días y los desescombros.
Entonces, ¿con qué se contentará Trump? ¿Con qué logros puede decir a su opinión pública que ha ganado? ¿Qué es sostenible para el mandatario que prometió que no iniciaría guerras largas en lugares poco conocidos ni enterraría a militares por sus acciones arriesgadas? Todo depende de lo que se hable ahora en Pakistán... si se consigue hacer cuajar una nueva reunión. En ello están los mediadores y los negociadores.
Los objetivos militares...
A lo largo de la campaña, el responsable del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), el almirante Brad Cooper, describió objetivos militares "bien definidos" y "claros": por encima de todas las cosas, "eliminar" las capacidades de misiles, drones y navales de Irán. El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de EEUU, reiteró en comparecencias y comunicados esa meta, junto con el objetivo adicional de destruir la base industrial de defensa del país.
Los analistas Cameron McMillan, Ryan Brobst y Bradley Bowman han elaborado un informe para The Foundation for Defense of Democracies (la Fundación para la Defensa de las Democracias, FDD), un centro de investigación washingtoniano, en el que confirman que en estos 40 días de contienda ha habido un "progreso significativo en el cumplimiento del primero de estos objetivos al degradar severamente la capacidad de misiles balísticos de Irán". El CENTCOM, señalan, atacó más de 450 instalaciones de almacenamiento de misiles balísticos y define la base industrial de misiles de Irán como "destrozada", toda vez que más del 80% de las instalaciones de misiles del régimen han desaparecido, junto con su capacidad para producir motores de cohetes de combustible sólido.
Sin embargo, aún cuando han podido infligir estos "duros golpes", la destrucción del arsenal de misiles del régimen en poco más de un mes de operaciones "resultó inalcanzable", sostienen los expertos. "A pesar de la drástica reducción en la frecuencia de lanzamientos diarios por parte de Irán durante la primera semana de la guerra, el régimen demostró ser capaz de lanzar ataques de forma constante a lo largo del conflicto, apuntando a Israel, los países del Golfo y las bases estadounidenses con cientos de misiles balísticos", recuerdan.
Las estadísticas de Caine, aparentemente positivas para EEUU y aportadas en una rueda de prensa de balance de la operación Furia Épica, el pasado 8 de abril, no ofrecieron, sin embargo, detalles sobre cuántos misiles podría poseer aún Irán. Informes contradictorios, que citan a funcionarios militares y de inteligencia estadounidenses e israelíes, sugieren que entre un tercio y más de la mitad del arsenal del régimen podría haber sobrevivido a la campaña, mientras que entre el 20 y el 50% de los lanzadores de misiles iraníes podrían permanecer intactos.
Tampoco ha diferenciado el alto militar entre las bases de misiles destruidas, dañadas o enterradas. Y son distinciones importantes, gruesas, ya que los misiles almacenados en instalaciones dañadas podrían haber sobrevivido a los ataques, por lo que Irán podría obtener "una ventaja decisiva" aún, sostienen los autores del FDD. El acceso a instalaciones subterráneas profundas fue bloqueado temporalmente por golpes estadounidenses e israelíes mediante el derrumbe o el enterramiento de las entradas, pero el diario The New York Times publicó hace dos semanas que Irán ya había comenzado a excavar búnkeres y silos de misiles subterráneos.
Con los drones pasa como con los misiles. Hay arsenales significativamente mermados, pero no eliminados. Las fuerzas estadounidenses e israelíes atacaron extensamente las capacidades de UAV de Irán durante toda la campaña, con el CENTCOM bombardeando aproximadamente 800 instalaciones de almacenamiento de drones de ataque unidireccional. Caine, en su comparecencia, afirmó que todas las fábricas que producían drones Shahed OWA -los más valiosos, los que se han entregado a Rusia para invadir Ucrania- fueron atacadas. Añade todas las que producían sus sistemas de guiado, también.
Pero, nuevamente, no diferenció entre los sitios dañados y destruidos, ni especificó cuántos aviones no tripulados podría haber mantenido Teherán, cuando además son más fáciles de acumular y dispersar. De esconder, en suma.
Según informes publicados por medios como la CNN, funcionarios de inteligencia estadounidenses estimaron a principios de abril que hasta la mitad de esos silos de drones podría haber sobrevivido. Independientemente de lo que quede, Irán ha tenido y tiene claramente la capacidad de realizar ataques de largo alcance, como se ha visto durante estas semanas, en las que ha mandado 2.000 aparatos sólo contra los Emiratos Árabes Unidos (EAU), informa el Armed Conflict Location & Event Data (Proyecto de Datos sobre Eventos y Ubicación de Conflictos Armados, o ACLED).
El progreso en las capacidades navales de Irán es quizás el más fácil de cuantificar. Caine estimó que el 90% de la flota "regular" de Irán ha sido "hundida", incluyendo todos sus principales buques de combate de superficie, además de la mitad de las pequeñas lanchas de ataque de la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), la rama de élite del Ejército que tiene ordenado defender el sistema político del régimen. Esto significa que conserva la otra mitad de sus lanchas de ataque, pequeñas pero matonas, que pueden colocar minas y atacar buques. Supuestamente, más de 20 instalaciones de producción y fabricación naval también resultaron dañadas o destruidas por las andanadas de EEUU e Israel.
Caine también afirmó que más del 95% de las minas navales de Irán fueron destruidas. De nuevo, ¿cuántas quedan? La Agencia de Inteligencia de la Defensa estimó en 2019 que Irán poseía más de 5.000 minas navales. Suponiendo que el régimen entró en el conflicto con aproximadamente esa cantidad (obviamente nadie lo sabe con seguridad, como ocurre con todo el armamento y el material ya citado), podría conservar más de 200 minas, suficientes para amenazar Ormuz.
McMillan, Brobst y Bowman califican en este punto de "tangible" el éxito militar e "impresionante desde el punto de vista numérico", pero aquello de que no podrían proyectar poder por mar y amenazar a la zona... no. Ahora es peor aún, incluso, porque Teherán ha bloqueado el estrecho, algo que llevaba años amenazando con hacer pero sin atreverse, y le ha visto el beneficio. La geografía hecha rehén útil que le permite ejercer "más poder en el ámbito marítimo que antes del conflicto". Si esta situación persiste, las consecuencias serán globales.
Finalmente, el jefe del Estado Mayor norteamericano garantizó que también se ha llevado a cabo la destrucción de la base industrial de defensa de Irán: el 90% de las fábricas de armas fueron atacadas, quedando el 10% restante intacto. De nuevo, hay un resto y, de nuevo, el grado del daño se desconoce, lo que amplía la incertidumbre.
... los secundarios...
No estaban en la lista -sucinta y complicadísima- aportada por los militares de EEUU, pero es obvio que, con esta operación, también se buscaba destruir o degradar gravemente las capacidades de mando y control (llamadas C2) y las defensas aéreas de Irán. El grado de ataque que han recibido así lo grita. Mantener intactas esas capacidades habría permitido al régimen organizar y dirigir mejor las medidas de represalia, mientras que la degradación de sus defensas aéreas era una condición necesaria para llevar a cabo una campaña aérea a gran escala y con niveles de riesgo aceptables.
El general Caine afirmó que las redes de C2 de su adversario quedaron "devastadas", con "más de 2.000 nodos de mando y control" destruidos. Numerosos altos mandos militares iraníes murieron, entre ellos el ministro de Defensa, el jefe del Estado Mayor del ejército y el comandante de la Guardia Revolucionaria. Sin embargo, sus fuerzas continuaron realizando operaciones de combate hasta el minuto final del alto el fuego, lo que probablemente refleja la estrategia del régimen de delegar autoridad en comandantes locales, ante la ausencia de un liderazgo centralizado. Siempre le ha funcionado ese sistema atomizado, precisamente porque cierta horizontalidad garantiza la supervivencia.
Existen indicios, además de que Irán ha logrado reconstituir al menos una parte de esas capacidades de mando y control perdidas. Por ejemplo, Irán atacó el complejo petroquímico de Jubail, en Arabia Saudí, el 7 de abril, alegando que fue en respuesta a los bombardeos del día anterior contra las plantas petroquímicas iraníes de Asaluyeh. Esto implica que los líderes iraníes pudieron saber qué objetivos habían sido atacados, seleccionar una diana en la región y comunicar una orden de ataque a sus fuerzas.
En cuanto a las defensas aéreas, Caine estimó que aproximadamente el 80% de los sistemas de defensa aérea iraní fueron destruidos tras el ataque a más de 1.500 objetivos. Muy debilitadas "indudablemente", aún se desconoce qué tipos de sistemas conformaban el 20% restante y dónde se ubicaban.
"Resulta preocupante que Irán parezca haber tenido cierto éxito contra la aviación estadounidense durante el conflicto. Aunque la pérdida de aeronaves fue menor de lo que muchos hubieran previsto, dado el número de salidas, al menos un caza polivalente F-35 resultó dañado por fuego iraní, se reportó la pérdida de más de 20 drones MQ-9 Reaper y un avión de ataque A-10 y un caza F-15E fueron derribados por Irán", expone el informe.
Además, a principios de abril, se fotografiaron bombarderos B-52 estadounidenses despegando de la base aérea de Fairford cargados con lo que parecían ser misiles de crucero. Esto sugiere que Irán probablemente conservó algunos de sus sistemas de defensa aérea más avanzados, si el Ejército estadounidense estaba empleando costosas municiones de largo alcance en lugar de arriesgar ciertos tipos de aeronaves de alto valor en una etapa tan avanzada del conflicto.
El veterano Wesley Clark, general de cuatro estrellas del Ejército de EEUU y conocido como comandante supremo de la OTAN durante la guerra de Kosovo, ha publicado una viral tribuna en USA Today en la que insiste en que su país debe estar alerta porque Irán aún tiene "ventaja en las negociaciones". Sostiene que lleva décadas preparándose para una guerra así, larga, incluso en su territorio, y ha sido capaz de dañar intereses de EEUU y de sus aliados, "con el fin de distraer, desacreditar e interrumpir las operaciones estadounidenses", mientras se nutre de ayuda de inteligencia china y rusa y obliga a EEUU a gastar esas armas escasas, caras y valiosas que tiene.
Ahí queda su aviso a navegantes: si EEUU aún puede volver a atacar, Irán aún puede resistir.
... y los paralelos
Además de todos estos objetivos militares declarados e implícitos, la Administración Trump ha ido manifestando una serie de metas que son "inconsistentes y, en ocasiones, contradictorias" para los analistas. Se incluye el deseo de "romper el apoyo de Irán a grupos terroristas afines" (o sea, al Eje de Resistencia que incluye a Hezbolá, Hamás, los hutíes de Yemen o las milicias amigas de Irak), garantizar que Irán "nunca adquiera un arma nuclear", permitir a los iraníes la oportunidad de "tomar el control" de su gobierno y lograr la "rendición incondicional" del régimen.
En cuanto a los grupos armados aliados, las fuerzas estadounidenses han participado en operaciones de combate contra milicias respaldadas por Irán en Irak, atacando sus cuarteles generales y a varios líderes clave. A pesar de los golpes recibidos, dichas milicias lograron atacar la Embajada de EEUU en Bagdad y otros objetivos de alto valor, como radares y aeronaves. El impacto de estas operaciones sigue sin estar claro, pero no hay pruebas de que los milicianos hayan sido eliminados como amenaza. Tampoco de que Irán haya cesado su apoyo, pese a las complicaciones logísticas, de comunicaciones o financieras.
Hezbolá en Líbano entró casi de inmediato en el conflicto contra Israel, lanzando más de 6.500 cohetes desde el 2 de marzo, como represalia por la muerte del líder supremo Ali Jamenei (sucedido ahora por su desaparecido hijo Mojtaba). Tel Aviv ha respondido con una andanada por tierra y aire que ha dejado al menos a 2.196 muertos, 7.185 heridos y más de un millón de desplazados.
Los hutíes en Yemen, por su parte, se mantuvieron en gran medida al margen, quizás debido a las pérdidas sufridas en 2025 por los ataques estadounidenses e israelíes. Sin embargo, como se cronificaba la crisis, lanzaron misiles balísticos y drones contra Israel a partir del 28 de marzo, amenazando el comercio por el mar Rojo, en ayuda de su patrocinador. No se reportaron operaciones significativas contra ellos y siguen siendo una amenaza.
En el frente nuclear, tan crucial, Caine afirmó que "casi el 80% de la base industrial nuclear de Irán fue atacada". Hablamos de instalaciones vinculadas a la producción de armas, una planta de procesamiento de uranio y la planta de producción de agua pesada de Arak. El general no especificó qué componentes del programa permanecieron activos ni en qué medida el daño alargará el camino de Irán hacia la obtención de una bomba; EEUU dijo que faltaban días para ello cuando atacó en 2025 y lo ha vuelto a argumentar ahora, sin aportar pruebas.
Se sabe, porque es parte troncal de la negociación que ahora se lleva a cabo y se intenta retomar, que la destrucción del programa nuclear iraní no ha sido total y conserva sus reservas de uranio altamente enriquecido, de unos 450 kilos.
El cambio de régimen, que se insinuó e incluso se presentó como un logro, no se ha concretado tampoco. Han muerto muchos líderes, no sabemos cuántos pero "decenas", dicen las Fuerzas de Defensa de Israel. Sin embargo, fueron reemplazados rápidamente, hasta Jamenei. El tiempo dirá cómo la guerra afectará la estabilidad del régimen a mediano y largo plazo. La rendición incondicional de Irán, que el presidente Trump exigió el 6 de marzo, claramente no se ha logrado, como lo demuestran las conversaciones en curso.
Cuándo y cómo hablar de victoria
Ahora mismo, todo es una incógnita y queda por ver si estos éxitos operacionales iniciales, que lo son, se traducirán en logros estratégicos y políticos concretos que garanticen los intereses estadounidenses, como quiere Trump. El Ejército siente que ha cumplido con su parte por ahora y ha pagado un alto precio con vidas estadounidenses, hasta 13 soldados muertos y más de 380 heridos.
El balón está en el tejado de los políticos. Los analistas coinciden en señalar que el presidente necesita dos logros en la negociación para poder enarbolar la bandera de la victoria, aunque sea de consolación: son la apertura plena de Ormuz y el compromiso de Irán de destruir o sacar del país su combustible nuclear. Si esas dos líneas rojas, la cesión sería cuestionable para su Administración.
Lo explica por ejemplo Dennis Ross, investigador del Instituto Washington (un tanque de pensamiento de la capital de EEUU) y, sobre todo, exalto funcionario estadounidense en los equipos de Ronald Reagan, George Bush, Bill Clinton y Barack Obama. Son dos puntos clave que le permiten cerrar la crisis rápidamente, impedir que Teherán "chantajee" al mundo impidiendo el tráfico naval y borrar el riesgo supuestamente pronto de fabricar bombas atómicas, quizá trasladando el uranio enriquecido a otras zonas, como se hizo con las armas químicas de Siria en tiempos de Obama.
Además, "Teherán se vería obligado a lidiar con graves problemas internos para los que no tiene respuesta", como los cortes de luz y agua, los precios, la moneda sin valor, la falta de libertades...
Asume que los contactos ahora retomados se producen en un "clima sombrío" y con "enormes diferencias de interpretación", sin ignorar que EEUU mantiene sus fuerzas desplegadas en Oriente Medio y podría reanudar los ataques, pero apuesta por una salida rápida al menos con esos dos compromisos, hasta que aparezca un "Gorbachov" local que permita cambiar las cosas desde dentro, dice.
Jonathan Panikoff, director de la Iniciativa de Seguridad para Oriente Medio Scowcroft del Atlantic Council (otro think tank norteamericano), coincide en esos dos logros, como mínimo. Si ese resultado se materializa, Trump "habrá conseguido más de lo que podría haber logrado solo con la diplomacia, ya que la guerra abordó, a mediano plazo, la capacidad de misiles balísticos de Irán, sobre la cual el régimen nunca había estado dispuesto a negociar".
Pero, por contra, "si las negociaciones concluyen con Irán aún controlando el estrecho o las reservas de uranio altamente enriquecido, la guerra habrá sido una serie de magníficos éxitos operacionales, pero un fracaso estratégico. La amenaza nuclear persistirá y se habrá creado un nuevo peligro económico global", apunta.
A su entender, tiene tres opciones de acabar la guerra hoy: usar las próximas dos semanas para negociar el fin de la guerra con términos que aborden los programas nucleares y de misiles balísticos de Irán, incluyendo su reserva de uranio altamente enriquecido, así como su apoyo a grupos terroristas y la libertad de navegación; reanudar las operaciones militares y enviar tropas terrestres estadounidenses a la isla de Jark u otros lugares estratégicos para aumentar la presión; y, al fin, que la Casa Blanca amenace con atacar a Irán nuevamente si reconstruye su programa nuclear o impide el comercio mundial, pero declare una victoria unilateral y el fin de la misión de combate estadounidense sin resolver los problemas fundamentales pendientes.
La primera es la que defiende para llegar a esos dos puntos esenciales de consenso e implicaría que se incluya en las negociaciones a expertos en el programa nuclear, las capacidades de misiles balísticos de Irán, las sanciones internacionales, el comercio marítimo, la energía y el terrorismo, todos los puntos en litigio. "Aunque pueda mostrarse reacio a hacerlo, sería prudente que consultara a sus aliados europeos, del Golfo Pérsico y del este de Asia como parte de las negociaciones", expone el autor.
La segunda podría tener un coste inaceptable en vidas norteamericanas, que la sociedad no asumiría y por la que le pediría cuentas de Trump y su gente (y estamos en año de elecciones de mitad de mandato, en noviembre). Incluso si los soldados lograsen entrar, "el desafío más complejo sería mantener el control del territorio". Puede llevar años y es justo lo que prometió el mandatario que no haría, enredarse en una guerra lejana y larga.
Aunque la tercera vía tiene "cierta lógica", previene a Trump ante esa la posibilidad de que sencillamente se canse de este conflicto, se levante de la mesa, lo dé por ganado y se ponga a otra cosa. "Si declara el éxito y se retira, acelerará las consecuencias que intentó evitar con la guerra, aislará aún más a los aliados de EEUU y dejará a Irán con ventajas de las que carecía al inicio del conflicto", advierte.
El círculo vicioso sería arriesgado: Teherán ganaría más dinero poniendo un peaje en Ormuz, dinero que alimentaría a su Guardia y a su Ejército, que se podría dedicar a más misiles o drones o grupos proxies, que pondrían de nuevo en riesgo a aliados (léase Israel y el Golfo), lo que llevaría otra vez a represalias, a nuevos frentes, a perturbaciones mundiales. Si esto acaba así, el régimen tendría más poder que antes de los ataques, más influencia regional, y el mundo, menos libertades de navegación. Sin contar con que China se frotaría las manos por tener mejor acceso al petróleo iraní y Rusia, posiblemente, reforzaría sus lazos militares con ellos.
Todo esto, con un régimen que sigue en pie y que es "improbable que caiga", sostiene Panikoff, a la vista de la "lección de supervivencia" que está dando. Para que eso pase, "el pueblo iraní necesitará que alguien armado cambie de bando o se haga a un lado", asume. Justo el flanco armado le preocupa también porque, lejos de hacer ascender a los blandos, esta operación ha llevado a que tomen las riendas mandos más radicales, más frescos y jóvenes, muy vinculados a la Guardia Revolucionaria, con enorme compromiso ideológico con la revolución de 1979 y, además, "enfadados" por la agresión sufrida por sus archienemigos.
Quedan muchos nervios por pasar en las próximas jornadas.