Soldados rusos desvelan ejecuciones de compañeros por negarse a obedecer órdenes en Ucrania
Un documental de la 'BBC' saca a la luz testimonios de militares que vieron cómo quienes rechazan alimentar la 'picadora de carne' para lograr avances de solo unos metros en el terreno acaban siendo fusilados. Bienvenidos al 'ni un paso atrás 2.0'.
Stalingrado, 1942. La propaganda de la URSS que habla de unas tropas rusas que combaten heroicamente en la batalla que lleva el nombre del líder soviético ensalza también una orden convertida en grito de guerra y una consigna que incluso nos acompaña en la actualidad en distintas manifestaciones: "¡Ni un paso atrás!". Su traducción en el campo de batalla es que aquellos soldados, lógicamente peor equipados que la hordas nazis, no podían dar un paso atrás para escapar de las balas alemanas, porque se encontrarían con el fuego de sus camaradas.
Donetsk, 2026. En una de las provincias ucranianas del Donbás anexionadas por la Rusia de Vladímir Putin los avances rusos son escasos, de metros a cambio de numerosas vidas de sus efectivos estrellándose en constantes oleadas contra las defensas y drones de Kiev, lo que se ha apodado coloquialmente como la "picadora de carne". Pero también impera una suerte de 'ni un paso atrás 2.0' para quienes se niegan a llegar a acatar esas órdenes. Eso sí, sin propaganda. Solo el ruido de los disparos y el silencio de los testigos.
"Lo veo: sólo dos metros, tres metros... clic, clac, bang", son las parcas pero contundentes declaraciones de un soldado ruso para el documental La línea cero: dentro de la guerra de Rusia de la cadena británica BBC, en los que describe los últimos momentos de un compañero después de que un comandante ordenase su ejecución. El hombre ejecutado regresó en una caja de madera, pero quien decidió sobre su vida fue condecorado como Héroe de Rusia hace dos años.
"Uno de ellos gritó: '¡No disparen, haré lo que sea!', pero... les apuntó de todos modos"
Los cuatro testimonios recogidos en el citado documental retratan una campaña militar en la que el Ejército ruso no tiene miramientos en deshacerse de sus propios soldados si estos se niegan a participar en una estrategia militar consistente en no dar un solo respiro a Ucrania a base de oleadas de combatientes que acaban metidos en auténticas misiones suicidas, a veces, para hacerse con una aldea prácticamente en ruinas o un enclave de escaso valor estratégico, pero que suma al saldo de tierra conquistada. Es la primera vez que soldados rusos han asegurado en público que han presenciado y visto con sus propios ojos estas ejecuciones.
Asesinatos como los que vio Ilya, de 35 años, quien pasó de ser un profesor de atención a niños autistas o con otras necesidades especiales en Kungur, una localidad de los montes Urales, a un movilizado forzoso al que fueron a buscar incluso a casa de sus padres. Junto a otras 78 almas, de repente se vio metido en un centro de reclutamiento observándoles y tratando de resolver la pregunta de "¿cómo he llegado aquí?".
Recuerda que "casi todos estaban borrachos" y que "tenía mucho miedo" entre los cánticos, gritos y arenas que propugnaban: "¡Adelante, a la batalla!". Y prometían: "¡Agarraremos a Zelenski e izaremos nuestra bandera!". La gran mayoría de ellos fueron directamente para el frente, él acabó en un puesto de mando. Paradójicamente, allí Ilya vio disparos y soldados cayendo, pero por balas rusas.
"Lo más triste es que los conocía", rememora sobre cuatro compañeros de filas que fueron ejecutados por disparos a quemarropa de su propio comandante y en ocasiones separadas. Habían huido de la primera línea de guerra y no querían volver: "Recuerdo que uno de ellos gritó: '¡No disparen, haré lo que sea!', pero él [el comandante] les apuntó de todos modos".
"Simplemente, les quitaron las tarjetas bancarias y los mataron"
Ese relato tiene numerosas coincidencias como el de Dima, otro joven de 34 años y movilizado forzoso. Cuando le cogieron en plena calle de Moscú, en octubre de 2022, era solo un técnico de reparación de lavavajillas que se dirigía a hacer su trabajo. Supo que estaba en problemas al ver cómo era el proceso de identificación: "Simplemente ven mi pasaporte, hacen algo en su computadora portátil y me dicen 'si no vas al ejército irás a la cárcel'". Reclutado.
Logró entrar una unidad de paramédicos cuando manifestó que no sería capaz de matar, una práctica común, pero que suele verse afectada por la realidad bélica. Acabó metido en una brigada de evacuación de heridos de primera línea. Bajo las órdenes del antes mencionado comandante condecorado, Alexei Ksenofontov, que también atesora grandes condecoraciones como la Estrella de Oro. Es un apodo habitual para los cuadros rusos, pero le apodan el "carnicero".
"Da demasiadas órdenes de matar soldados, demasiada sangre en sus manos, demasiada", explica Dima a la BBC, quien presenció cómo 20 soldados, un grupo de expresidiarios reclutados que había llegado la noche anterior acabaron en una fosa acribillados.
"Nos trajeron a veinte muchachos. Simplemente les quitaron sus tarjetas bancarias y los mataron", explica, restándole importancia en el contexto del infierno: "No hay problema en dar por perdido a alguien. Sencillamente, se hace un informe".