Un conflicto que no deja de crecer: las claves que definirán hacia dónde se dirige la guerra con Irán
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Un conflicto que no deja de crecer: las claves que definirán hacia dónde se dirige la guerra con Irán

La expansión geográfica del enfrentamiento, el pulso diplomático entre aliados, las nuevas armas y el riesgo energético dibujan varios caminos posibles para una guerra que parece lejos de frenarse.

Siguen los bombardeos sobre BeirutMarwan Naamani/picture alliance via Getty Images

En la última escena de la segunda película de Rambo, el personaje interpretado por Sylvester Stallone se aleja caminando tras la batalla, cubierto de polvo y con el eco de la guerra todavía resonando detrás. No hay celebración ni sensación de victoria, solo la impresión de que el conflicto ha dejado cicatrices que tardarán mucho en cerrarse. Algo parecido ocurre ahora en Oriente Medio: la guerra con Irán ya no es una operación puntual, sino un combate que se expande, se multiplica y amenaza con desbordar cada vez más fronteras.

Lo que comenzó con bombardeos sobre instalaciones estratégicas iraníes se ha transformado en un tablero de juego mucho más amplio en apenas unos días. Misiles sobre el Golfo, drones contra bases estadounidenses, tensiones diplomáticas entre aliados occidentales, mercados financieros en alerta y amenazas directas sobre el petróleo mundial dibujan un escenario en el que el conflicto avanza en varias direcciones, y ninguna buena, al mismo tiempo. 

La pregunta que domina ahora en todos los centros de análisis y organismos internacionales no es tanto qué ha pasado ya, sino hacia dónde puede dirigirse la guerra en los próximos días. Es difícil saberlo. O no. 

Una guerra que ya se libra en varios países

Uno de los elementos que más preocupa a los expertos ahora mismo es la rapidez con la que el conflicto ha superado las fronteras de Irán e Israel. No hay apenas tregua y sí mucha prisa. No es una buena señal de cara a lo que pueda suceder.

Durante la madrugada del miércoles, varios países del golfo Pérsico aliados de Estados Unidos volvieron a registrar ataques con misiles y drones atribuidos a la respuesta iraní a la ofensiva conjunta lanzada por Washington y Tel Aviv.

Arabia Saudí informó de que sus sistemas de defensa aérea interceptaron nueve drones que se dirigían a su espacio aéreo. En Kuwait, el Ministerio de Defensa anunció la destrucción de varios "objetivos hostiles", cuyos restos cayeron sobre zonas residenciales. La metralla generada por esas interceptaciones provocó la muerte de una niña de once años, según las autoridades sanitarias del país.

Catar también reportó un ataque contra la base militar de Al Udeid, que alberga tropas estadounidenses. Dos misiles procedentes de Irán fueron detectados: uno fue interceptado y otro llegó a impactar en las instalaciones.

La Guardia Revolucionaria iraní, por su parte, aseguró haber atacado un destructor estadounidense en el océano Índico, en una operación que todavía no ha sido confirmada por Washington. Muchos frentes abiertos, cada vez más actores implicados y el mundo sigue en máxima tensión, con el corazón en un puño y asumiendo que cada pequeña decisión puede desencadenar terribles consecuencias. 

Desde el inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel, Irán ha respondido con oleadas de drones y misiles dirigidos tanto contra territorio israelí como contra países aliados de Washington en la región, especialmente contra bases militares y embajadas.

El resultado es un conflicto que ya se desarrolla en varios escenarios simultáneos y que amenaza con seguir ampliándose.

El pulso político que alcanza a Europa

Mientras el frente militar se extiende por Oriente Medio, la guerra también ha abierto grietas políticas dentro del bloque occidental. Uno de los episodios más llamativos ha sido el cruce de declaraciones, hoy, entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.

Trump criticó públicamente la posición del Ejecutivo español respecto a la ofensiva contra Irán, insinuando falta de apoyo a la estrategia militar de Washington. Sánchez respondió defendiendo la necesidad de evitar una escalada mayor y subrayó la importancia de buscar una solución diplomática.

El intercambio refleja una realidad incómoda: Europa no mantiene una posición ni firme, ni completamente unificada frente al conflicto. Mientras algunos gobiernos respaldan la presión militar sobre Teherán, otros alertan de que una guerra prolongada podría desestabilizar aún más la región.

La guerra de los drones y las nuevas armas

Otro de los factores que está definiendo esta guerra es el uso intensivo de nuevas tecnologías militares. Estados Unidos ha asegurado haber destruido 17 barcos militares iraníes y un submarino, además de centenares de misiles balísticos, durante las operaciones realizadas tras el inicio de la ofensiva.

Según el almirante Brad Cooper, jefe del Comando Central estadounidense, decenas de bombarderos atacaron un puerto militar en el sur de Irán en una misión que dejó sin presencia naval identificable al régimen iraní en el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán.

El Pentágono, por otro lado, también ha confirmado que alrededor de 2.000 objetivos militares han sido atacados desde el comienzo del conflicto, incluidos aproximadamente 100 misiles balísticos destruidos.

Además, el Ejército estadounidense ha desplegado ataques masivos con drones que funcionan con un sistema inspirado en tecnologías originalmente desarrolladas por Irán y adaptadas por Washington para ejecutar ataques unidireccionales a gran escala. 

Sin embargo, el arsenal iraní sigue siendo considerable. Estados Unidos estima que el país dispone todavía de unos 5.000 misiles balísticos y alrededor de 2.000 drones, muchos de los cuales siguen siendo objetivos prioritarios de los bombardeos.

Este nuevo tipo de guerra, basada en drones, misiles de largo alcance y guerra electrónica, facilita que los ataques se produzcan con rapidez y a gran distancia, aumentando el riesgo de una escalada constante. Parece algo casi imposible de detener o frenar. 

El Golfo se convierte también en campo de batalla

Mientras tanto, el frente marítimo empieza a mostrar señales de creciente tensión. La agencia británica de Operaciones Comerciales Marítimas (UKMTO) informó de un ataque contra un buque mercante al este de Fujairah, en Emiratos Árabes Unidos, después de que un proyectil desconocido impactara contra el casco del barco y causara daños en el revestimiento de acero.

Aunque no se registraron incendios ni heridos, las autoridades recomendaron a todos los buques que transitan por la zona extremar las precauciones.

Horas antes de eso, otro capitán había reportado una fuerte explosión cerca del estrecho de Ormuz, seguida de humo en el agua, a unos 250 kilómetros al este de Mascate, en Omán. Estos incidentes se producen en paralelo a las advertencias lanzadas por la Guardia Revolucionaria iraní. Las amenazas parece que se llevan a cabo.

Uno de sus generales aseguró en la televisión estatal que no permitirán que "ni una sola gota de petróleo" salga de la región y amenazó con incendiar cualquier barco que intente cruzar el estrecho si continúa la ofensiva militar.

En el marco de una de las últimas oleadas de ataques, Irán lanzó 26 drones y cinco misiles balísticos contra objetivos en Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y el propio estrecho de Ormuz, según comunicó el propio cuerpo militar iraní. Aunque no se ha confirmado una relación directa entre esos ataques y los incidentes contra buques, el aumento de la actividad militar en el Golfo refuerza el temor a que el conflicto alcance también las rutas marítimas.

  Chipre se ha convertido en un foco importanteAndrew Matthews/PA Images via Getty Image

Los mercados reaccionan

Y con todo esto, por supuesto, la guerra ya está teniendo efectos más allá del campo militar. El índice Nikkei de la Bolsa de Tokio se desplomó en su sesión de este miércoles cerca de un 4%, reflejando la preocupación de los inversores por el impacto que el conflicto podría tener en el suministro energético mundial. El indicador perdió más de 2.100 puntos en la primera mitad de la jornada.

El temor se centra ahora en la posibilidad de que la guerra afecte al estrecho de Ormuz, que es un polvorín y un factor clave en todo esto. No hay que olvidar que se trata de un paso marítimo estratégico por el que circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, como ya hemos recalcado en más de una ocasión estos días.

Cualquier interrupción prolongada del tráfico en ese punto podría provocar una subida brusca del precio del crudo y nuevas tensiones inflacionarias en la economía global.

El riesgo de una escalada imparable

Con todos estos elementos sobre la mesa, los analistas contemplan varios escenarios posibles. ¿A dónde vamos?

El primero sería una guerra limitada, centrada en ataques puntuales contra infraestructuras militares. El segundo implicaría una expansión regional, con más países arrastrados al conflicto a través de bases militares o milicias aliadas.

El tercero, y el que más preocupa a los expertos -y al mundo entero-, sería una escalada progresiva en la que cada represalia empuje al adversario a responder con mayor intensidad. Y el peligro de la energía nuclear es algo que todo el mundo tiene en la cabeza y que nadie parece querer nombrar.

Estados Unidos ya ha advertido de que las operaciones militares podrían prolongarse durante semanas. Israel, por su parte, insiste en que su objetivo es neutralizar las capacidades militares iraníes. Y Teherán ha prometido responder a cada ataque.

En ese equilibrio de golpes y contragolpes reside el mayor peligro del conflicto: una dinámica en la que ninguno de los actores quiera aparecer como el primero en retroceder.

Un final que aún no se vislumbra

La historia reciente de Oriente Medio está llena de guerras que comenzaron como operaciones limitadas y terminaron transformándose en conflictos mucho más largos de lo previsto. Por ahora, la guerra con Irán parece avanzar por ese mismo terreno incierto, donde cada movimiento militar o político puede cambiar el rumbo de los acontecimientos.

Y mientras los drones sobrevuelan el Golfo, los misiles cruzan fronteras, los buques navegan con cautela y los mercados reaccionan con nerviosismo, la sensación dominante es que el conflicto todavía está lejos de mostrar su desenlace.

Como en aquella escena final de Rambo, el campo de batalla puede quedar en silencio por unos instantes, pero la guerra, en realidad, sigue avanzando unos pasos más allá del horizonte.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

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