Melissa Halas, la nutricionista que aconseja comprar verduras congeladas: "Comer saludable también implica adaptarse a los horarios y presupuestos de la vida real"
Una alternativa que puede facilitar el acceso a una dieta equilibrada.
En un contexto donde el ritmo de vida aprieta y hacer la compra se ha vuelto casi en un ejercicio de cálculo, comer bien ya no es solo una cuestión de intención, sino de encontrar fórmulas realistas que encajen en el día a día. Entre prisas, presupuestos ajustados y poco tiempo para cocinar, la idea de una alimentación saludable empieza a alejarse del ideal perfecto. En cambio, cada vez se acerca más a decisiones prácticas que realmente se puedan mantener en el tiempo.
En ese escenario, voces como la de Melissa Halas, dietista y especialista en nutrición infantil, están replanteando algunas de las creencias más extendidas sobre alimentación. Frente a la idea de que solo lo fresco es sinónimo de saludable, la experta defiende que comer bien también pasa por adaptarse a lo que cada persona puede asumir en su rutina. Y ahí es donde entran en juego opciones como las verduras congeladas, una alternativa que puede facilitar el acceso a una dieta equilibrada.
Lejos de plantearlo como una elección entre lo ideal y lo posible, la experta insiste en que ambas cosas deberían ir de la mano. “Comer saludable también implica adaptarse a los horarios y presupuestos de la vida real”, resume Melissa en declaraciones recogidas por Eating Well, poniendo el foco en una realidad que comparten millones de personas. En este contexto, opciones como las verduras congeladas dejan de verse como un recurso puntual para convertirse en una herramienta clave que permite mantener buenos hábitos.
Los favoritos de la experta
Las verduras congeladas destacan por su practicidad, su precio más asequible y su valor nutricional, que en muchos casos se mantiene, o incluso supera, al de las frescas. Se recogen cuando ya han alcanzado su mejor punto de maduración, es decir, cuando concentran más sabor y nutrientes, y se congelan poco después para frenar su deterioro natural. Esto evita la pérdida progresiva de vitaminas que puede darse en productos frescos tras varios días en la nevera.
Además, al estar ya limpias y cortadas, reducen el tiempo de preparación y facilitan la idea de tener siempre verduras a mano sin que acaben olvidadas en el cajón. Entre las opciones que más recomienda Melissa están el brócoli, la coliflor, las espinacas y los guisantes. El brócoli y la coliflor aguantan bien el proceso de congelación; las espinacas aportan un extra fácil de sumar a sopas, salsas o batidos; y los guisantes mantienen muy bien su vitamina C y su textura.
En un momento en el que muchos hogares buscan comer mejor sin disparar el gasto, el consejo de Melissa suena menos a tendencia y más a sentido común. Más que perseguir una idea rígida de alimentación perfecta, la clave está en construir hábitos sostenibles en el tiempo, y ahí opciones como las verduras congeladas juegan a favor. Porque, al final, no se trata de elegir entre lo fresco o lo congelado, sino de facilitar que comer bien sea algo posible y constante en la vida cotidiana.