No solo Rosalía: qué ha pasado para que no se hable del feminismo como se hacía en el 8M de 2018
Las convocatorias a las manifestaciones feministas del 8M tienen menos respuesta y los rostros conocidos que se posicionan a favor de la lucha por la igualdad de las mujeres han disminuido, al igual que la aceptación entre los jóvenes.
En 2028 sonaban Lo Malo de Aitana y Ana Guerra, que aunque no nos representara en Eurovisión dio para muchas pancartas moradas, y cientos de miles de mujeres pararon el 8M en toda España en la que fue la primera huelga feminista. El #MeToo llenó todas las temporadas de premios de Hollywood (y también se trasladó a España reclamando mayor presencia femenina) y en Madrid se marcaba un hito de asistencia con más de 180.000 mujeres recorriendo las calles según datos de la Policía Nacional (cerca de 500.000, según las organizadores).
De eso, hace solo ocho años, pero la lucha feminista y todos los avances conseguidos parecen ocupar en 2026 un lugar secundario e incluso socialmente se han dado pasos atrás en una situación global en la que acecha la ultraderecha.
Este 2026 pocas figuras, a excepción de la cineasta Alauda Ruiz de Azúa que recalcó el poco reconocimiento de las directoras por parte de la Academia de cine al recibir el Goya a Mejor dirección, hicieron un llamamiento por las mujeres en la alfombra roja de los premios del cine, y rostros que en su momento llevaron por bandera la lucha feminista como Rosalía declaran no querer "alinearse con ningún ismo".
Mientras tanto, los discursos misóginos y de odio contra las mujeres siguen creciendo y las víctimas de violencia de género alcanzaron en 2023 una cifra récord y las mortales alcanzaron, tanto ese año como en 2024, la de 58 mujeres asesinadas. Desde 2018, 427 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Asimismo, en 2024 se registraron 22.846 delitos contra la libertad sexual, un 66% más que seis años antes. Por no hablar de los casos de violencia sexual que han dado la vuelta al mundo, como los revelados en los archivos de Epstein o la causa de Gisèle Pelicot.
Por lo que, lejos de la realidad que podrían reflejar las manifestaciones del 8M, que han visto reducida su afluencia hasta las 34.500 asistentes (sumando las dos convocatorias, según datos de la Policía Nacional), la asistencia a las marchas feministas ha caído alrededor de un 81% respecto al pico de 2018.
Tal y como contó la periodista feminista Ana Bernal-Triviño en su charla con El HuffPost, "la pandemia fue el punto de inflexión con el hecho de que solamente la manifestación del 8 de marzo fuera la que se denunciara y fuera llevada ante los tribunales". "Explica mucho de lo que está pasando ahora, porque fue el único caso que se denunció", añadió.
Para la especialista en género, autora del libro La raíz del poder (Espasa), "a partir de ahí comenzó una escalada" tanto en medios de comunicación como en la calle a la hora de cuestionar leyes como la Ley del solo sí es sí y, especialmente, el consentimiento. Pero, ¿qué ha pasado para que en ocho años la lucha feminista haya perdido visibilidad y apoyo público en el caso de las marchas del 8M?
La manosfera, el incremento de las violencias digitales y la hostilidad
Buena parte de este clima hostil y del incremento de la violencia hacia las mujeres ha sucedido en estos ocho años en el entorno digital, lo que ha propiciado que las activistas, periodistas y rostros conocidos que se han posicionado abiertamente con la causa feminista reciban incluso amenazas de muerte en redes sociales.
Según datos recopilados por la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) en un informe elaborado por el Ministerio de Igualdad, "el 73 % de las periodistas sufren este tipo de violencia con ataques sexistas, sexualizados y centrados en la apariencia física, no en el desempeño" de las que "el 46,9% dice haber experimentado amenazas de muerte o violación".
El estudio concluye que el 70% de las denuncias en canales especializados como la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) corresponden a casos de violencia digital contra las mujeres.
Para Mara Mariño, periodista especializada en sexualidad, sexóloga y activista, autora de los libros #S3xpidemia y Todo lo que mi novio debe saber sobre feminismo y columnista con perspectiva de género sobre sexo y relaciones de pareja, "las redes sociales han sido en gran parte responsables de esto con la amplificación de ciertos discursos".
"Se promueven más los videos que provocan o muestran estas ideas misóginas, los algoritmos los viralizan de una manera que no se hace con un vídeo hablando de buenas prácticas en la relación de pareja", recalca Mariño.
Estos espacios digitales, donde predominan discursos misóginos que cada vez ocupan un mayor lugar en las redes sociales sin necesidad de acudir a determinados canales de YouTube, 4Chan o Forocoches, se conocen como manosfera y abarca desde los llamados incels (celibato involuntario) a los hombres que denuncian la situación con sus mujeres tras el divorcio o a quienes difunden contenido sin consentimiento.
"Tenemos datos de esto: los propios algoritmos promueven hasta cuatro veces más contenidos antifeministas que los de las personas que estamos haciendo pedagogía. Reciben hasta 100 veces más de 'me gusta", denuncia Mariño, quien recuerda que "esto no es accidental". "Utilizamos plataformas que no están reguladas y su diseño está pensado para maximizar nuestra atención y aumentar la rentabilidad de las empresas privadas que los utilizan", indica y recuerda que estos contenidos "coinciden con la visión que tienen los propietarios de estas empresas".
De hecho, tanto Elon Musk como Mark Zuckerberg son símbolos de lo que se conoce popularmente como "bro culture", una visión machista empresarial que predomina en Silicon Valley.
Lo mismo apunta a El HuffPost Laura López Navarro, miembro de la Junta directiva de la Federación de Mujeres Jóvenes, quien admite que a veces no se posiciona por miedo a recibir represalias. "A mí me gusta el feminismo, pero a veces pienso en grabarme más allá de lo que hacemos en la Federación, a nivel personal, y lo que ocurre es que tienes 200.000 comentarios de odio. ¿De verdad me renta? Nosotras recibimos amenazas en la Federación de Mujeres Jóvenes y somos una entidad con sello y recibimos amenazas en la puerta de nuestra sede", detalla.
Una juventud ¿cada vez menos feminista?
Otro dato alarmante de cara a la caída de la participación activa y la visibilidad de la lucha feminista es que los jóvenes, especialmente los chicos, se sienten menos feministas que hace ocho años, algo que se ha visto especialmente influenciado por el auge de la extrema derecha.
Según el Barómetro Juventud y Género de FAD del pasado mes de febrero, solo se considera feminista el 38,4% de los encuestados, situándose como el dato más bajo desde 2021, casi 12 puntos menos del máximo histórico.
Para López, esto no es algo nuevo, sino que es algo que se ha repetido a lo largo de la historia del feminismo. "Cuando había avances muy grandes en cualquiera de las cuatro olas, siempre había una época chunga después. La misoginia romántica fue horrible y ahora nos encontramos en esa época, es importarle conceptualizarlo en el tiempo", recuerda.
A la polarización y el auge de una ultraderecha cada vez más violenta y con cada vez más adeptos jóvenes se suman los influencers que venden el discurso misógino de "mujeres de alto valor" o de los valores tradicionales. Según una encuesta de 40db, un 27% de los jóvenes entre 18 y 24 años se decantaría por la extrema derecha, una cifra que llega al 50% si se eleva la cifra hasta los 34 años.
"Creo que hay muchos discursos que están calando mucho a través de las redes sociales a la gente más joven y están haciendo que sea supercomplicado hablar de temas de feminismo con la gente de tu día a día", denuncia López, quien apunta que muchos hombres jóvenes reciben una visión totalmente distorsionada de lo que es el feminismo: "Se está alimentando un contenido contrafeminista increíble".
"A veces nos ponen a las feministas como personas con odio, que van con una pistola a matar hombres... Cuando opinamos y hablamos con los hombres de pornografía, prostitución, de igualdad... Se sorprenden de compartir opiniones", explica la miembro de la Federación de Mujeres Jóvenes.
Asimismo, López hace autocrítica del propio movimiento feminista: "Muchas veces se confunde con que el feminismo aboga que todas las mujeres son buenas y ese mensaje también está calando mucho y no es para nada eso".
Además, en los últimos cuatro años la convocatoria de las marchas con motivo del 8M han estado divididas en dos grandes columnas en Madrid y Barcelona, signo de las divisiones dentro del movimiento feminista con respecto a temas como la prostitución, las mujeres trans o la pornografía.
No obstante, desde la Federación de Mujeres Jóvenes dejan claro que no creen que "el feminismo esté debilitado", sino que es una época "compleja" a nivel teórico. "El feminismo debe ser abolicionista, porque es que si no, ¿qué clase de feminismo vamos a vivir si no estamos en contra de la pornografía, de la prostitución? Vemos a esas mujeres como víctimas del sistema patriarcal", sentencia.
¿Qué pasa con los rostros conocidos? Llevar el feminismo por bandera sale caro
Esta caída del auge de la lucha feminista también se ha reflejado en muchos rostros conocidos. Fue el caso de Rosalía, que el pasado mes de diciembre declaró en una entrevista con Radio 3, que se rodeaba de "ideas feministas" sin declararse dentro del feminismo.
"No me considero moralmente lo suficientemente perfecta como para considerarme dentro de un ismo, pero sí que me inspiran y me rodeo de ideas feministas, desde siempre", señaló. Sin embargo, su posición no ha sido nunca demasiado clara al respecto.
No obstante, López entiende que en esta situación de crispación, la catalana mantenga un perfil bajo a nivel de causas sociales. "La gente que tiene un rostro público se tiene que mojar en determinados aspectos, pero también al final es su vida y prima la seguridad, el bienestar mental de esa persona y lo que le pueda caer", justifica.
Lo mismo opina Ana Bernal-Triviño, que recuerda que ahora mismo "todo el mundo que se dedica a visibilizar parte de este sistema se encuentra con una respuesta muy agresiva, con muy poco apoyo social y, a veces incluso, familiar" y que, además, el feminismo cuenta con muy poca valoración social.
"Son mujeres que se encuentran muy solas batallando contra esto y lo vamos a ver cada vez más. Va a haber una merma de exposición pública, básicamente por miedo a sentirte rechazada, por miedo a abrirte un frente, por miedo a abrirte una situación de violencia o de control que puedan desarrollar sobre ti", detalla Bernal-Triviño.
Sin embargo, la periodista deja claro que en 2018 "también había mucha gente que en aquel momento se declaraba feminista para hacerse unas fotos y subirlas a Instagram" y que al recibir la represión se han retirado de la lucha.
Mariño, que recibió el Premio Menina 2025 del Ministerio de Igualdad por su contribución en la lucha contra la violencia de género, cree que "posicionarse con el feminismo es decir que crees en una igualdad entre hombres y mujeres y que no apoyas la discriminación", por lo que no debería de ser nada conflictivo.
En el caso de Rosalía, considera que "no se ha posicionado porque prefiere mantenerse alejada de todo lo que pueda tener un aspecto político (como sucedió con su falta de posicionamiento con el genocidio de Gaza)".
"El interés es meramente profesional, que es sinónimo de económico, para no arriesgarse a perder oportunidades o cerrarse puertas como han hecho otras y otros artistas que sí se han pronunciado", señala y recuerda que puede afectar más a la opinión pública sobre la artista que al propio movimiento feminista.
"Mantenerse imparcial en la actualidad no es una postura equitativa, es posicionarte de manera indirecta hacia quienes ostentan el poder", denuncia Mariño, quien pone sobre la mesa la labor de otros rostros que se han convertido en iconos feministas. "Mientras Rosalía pronunciaba esas palabras, se cumplía un año del caso Gisèle Pelicot, que sigue teniendo mucha más influencia por representar un aspecto vital de la lucha feminista. La gran labor que continúa haciendo por lograr un cambio de bando de la vergüenza que históricamente recaía sobre las víctimas de agresión sexual", añade.