Inés Moreno Sánchez, traumatóloga: “Hay estudios serios que sugieren que el kéfir podría hacer algo a tus huesos que ningún yogur normal hace”
El Kéfir no un sustituto de las terapias médicas indicadas para la osteoporosis.

El kéfir se ha convertido en uno de los alimentos fermentados más populares de los últimos años, especialmente entre quienes buscan mejorar su salud digestiva. Sin embargo, para la traumatóloga Inés Moreno Sánchez, su posible interés va más allá del intestino.
Según explica, existen investigaciones que apuntan a que este producto podría aportar beneficios para los huesos que no ofrece un yogur convencional. "Hay estudios buenos, serios, que sugieren que el kéfir podría hacer algo a tus huesos que ningún yogur normal hace. Pero no por las razones que tú crees", asegura la especialista al introducir una explicación basada en el papel de la microbiota intestinal.
Una ciudad llena de millones de microorganismos
Para explicar su argumento, la traumatóloga compara el intestino como una gran ciudad habitada por millones de microorganismos. Según describe, esa comunidad está formada principalmente por bacterias, pero también por levaduras, virus y hongos que colaboran en funciones esenciales como la digestión, la producción de vitaminas o el entrenamiento del sistema inmunitario.

Cuando ese ecosistema funciona correctamente, todo opera con normalidad. Sin embargo, cuando se altera, aparecen problemas como dolor abdominal, hinchazón, cansancio o malestar digestivo.
La diferencia entre un yogur y el kéfir
Moreno Sánchez sostiene que una de las principales diferencias está en la variedad de microorganismos presentes en cada alimento. Mientras que un yogur tradicional incorpora unas pocas bacterias, explica que el kéfir contiene una comunidad mucho más amplia.
De hecho, cita un estudio publicado en Plos One que señala la presencia de hasta 61 tipos distintos de microorganismos en este alimento fermentado. Para la especialista, esta diversidad podría influir positivamente sobre el equilibrio de la microbiota y, de forma indirecta, sobre distintos procesos relacionados con la salud.

El consumo de kéfir en estudios
La traumatóloga hace referencia a una investigación realizada con 40 pacientes con osteoporosis, todos ellos tratados con calcio y vitamina D. Durante seis meses, uno de los grupos añadió un suplemento de kéfir fermentado a su alimentación, mientras que el otro continuó únicamente con el tratamiento habitual.
Según explica, los resultados mostraron una mejora estadísticamente significativa en marcadores del remodelado óseo, así como un aumento medible de la densidad mineral ósea en la cadera respecto al grupo control.
No obstante, insiste en una matización importante: "El kéfir no fue un tratamiento, fue un complemento que mejoró los resultados". Por ello, considera que puede ser un alimento interesante dentro de una alimentación equilibrada, pero no un sustituto de las terapias médicas indicadas para la osteoporosis.

La especialista menciona además un estudio de Ostadrahimi y colaboradores sobre personas con intolerancia a la lactosa. Según explica, los participantes que consumieron kéfir experimentaron una reducción del 70% de los síntomas digestivos en comparación con quienes tomaron leche convencional. La razón es que las bacterias presentes en el kéfir fermentan parte de la lactosa antes de que llegue al intestino, por lo que el organismo recibe una cantidad menor de este azúcar.
Elegir un kéfir de fermentación viva
Como conclusión, Inés Moreno Sánchez recomienda optar por granos de kéfir o productos elaborados mediante fermentación viva, ya que considera que son los que mejor conservan las características microbiológicas que han despertado el interés de la investigación científica.
Aunque la evidencia continúa evolucionando y son necesarios más estudios para confirmar estos efectos a largo plazo, la traumatóloga recuerda que, cuando un alimento puede sumar beneficios dentro de una dieta saludable, tiene sentido tenerlo en cuenta como un complemento y no como una solución milagrosa.
