Los científicos lo confirman tras analizar durante 7 años a 5.474 adultos: el olfato puede predecir el deterioro físico en la vejez años antes de aparecer
Una señal para mirar con más atención el estado general de alguien con peor olfato.
El olfato es uno de esos sentidos discretos que trabajan en segundo plano, pero que condicionan más de lo que parece nuestra vida diaria. Nos avisa de un alimento en mal estado, nos conecta con recuerdos de forma casi instantánea y da matices a lo que comemos sin que apenas nos demos cuenta. Por eso, cuando empieza a fallar, no solo se resiente cómo percibimos el mundo, sino que también puede estar revelando cambios más profundos en nuestra salud.
Eso es precisamente lo que sugiere un nuevo estudio que ha seguido durante siete años a un total de 5.474 adultos mayores, con una media de edad de 75,3 años al inicio Sus resultados apuntan a que una pérdida del olfato no es solo un problema sensorial asociado a la edad, sino que podría estar relacionada con un deterioro físico más acelerado. En concreto, quienes presentaban un olfato más debilitado mostraban peores resultados en pruebas de movilidad, equilibrio y fuerza.
El estudio, publicado en JAMA Otolaryngology–Head & Neck Surgery, evaluó el sentido del olfato mediante una prueba estandarizada de identificación de olores y lo comparó con indicadores clave de capacidad física como la velocidad al caminar, la fuerza de agarre o la facilidad para levantarse de una silla. A lo largo del seguimiento, los investigadores observaron una tendencia clara: cuanto peor era el rendimiento olfativo, más acusado era el declive funcional con el paso de los años.
Es una asociación, no una regla
Frente a quienes tenían un olfato conservado, las personas con peor puntuación presentaron una peor función física global, una marcha más lenta y menos fuerza de agarre. En la interpretación de los autores, el hallazgo podría tener utilidad clínica para detectar a mayores con más riesgo de perder independencia funcional en el futuro. Eso sí, el propio trabajo subraya que se trata de una asociación y no de una relación de causa y efecto demostrada.
Una de las hipótesis que plantean los investigadores es que el olfato deteriorado sea un marcador de envejecimiento biológico más amplio. Otra, que la pérdida del olor reduzca el apetito y el disfrute de la comida, favorezca una peor nutrición y termine pasando factura al cuerpo. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos recuerda, además, que con la edad el olfato puede debilitarse, alterar el sabor de los alimentos y afectar el ánimo y la calidad de vida.
Este trabajo encaja con otros estudios previos que relacionan también la pérdida de olfato con peor movilidad, fragilidad y otros desenlaces adversos en personas mayores, lo que refuerza la idea de que la nariz podría estar dando pistas sobre algo más profundo que un simple resfriado o una sinusitis. Aun así, oler peor no significa que alguien vaya a volverse frágil, pero sí podría ser una señal para mirar con más atención el estado general de la persona.