Emilia, finlandesa de 26 años, paga 50 euros por una casa de 4 metros cuadrados sin electricidad: "Algunos sueñan con una mansión de un millón; yo estoy encantada"
Emilia no tiene intención de volver a una casa convencional.

Mientras muchas personas aspiran a comprar una casa cada vez más grande, Emilia Korhonen, una finlandesa de 26 años, ha seguido el camino contrario. Mientras en España nos indignamos por los precios de alquiler por 10-12 metros cuadrados, en este caso la protagonista está encantada con la mitad.
Su hogar actual mide apenas entre cuatro y cinco metros cuadrados, pero es que además no tiene electricidad ni agua corriente. Al menos le costó solo 50 euros.
Lejos de verlo como un sacrificio, asegura que está viviendo exactamente como siempre había querido. "Algunas personas sueñan con una mansión de un millón de dólares; yo soñaba con una casita de juegos de unos cincuenta años", explica en Kaksplus. Desde junio de 2026 vive allí junto a su hija de tres años, en un terreno propiedad de su madre, rodeada de naturaleza y con vistas al lago.
Dejó su trabajo para empezar desde cero
Hace poco más de un año, Emilia sentía que su vida se había convertido en una carrera constante. Entre el trabajo, el cuidado de su hija y las tareas domésticas, asegura que vivía agotada. "Los días eran una carga. Estaba constantemente cansada", recuerda.
Fue entonces cuando propuso a su marido un cambio radical: abandonar la rutina y mudarse a una furgoneta. La pareja dejó sus empleos, vendió gran parte de sus pertenencias, alquiló su vivienda y compró una furgoneta que reformaron para recorrer Europa. Durante siete meses vivieron sobre ruedas. "La libertad de poder aparcar donde quisiera me parecía increíble. Estaba absolutamente eufórica", asegura.
Un divorcio cambió todos los planes
Sin embargo, aquella aventura terminó teniendo un coste personal. Durante el viaje la relación se rompió y ambos acabaron divorciándose. La furgoneta quedó en manos de su exmarido, por lo que Emilia tuvo que buscar un nuevo lugar donde vivir con su hija.
En un primer momento pensó en transformar un antiguo contenedor de obra en una pequeña vivienda, pero encontró una alternativa mucho más sencilla. En un portal de segunda mano apareció una casita de juegos de madera por solo 50 euros. La compró de inmediato y propuso trasladarla al terreno de su madre.
Así se vive en cuatro metros cuadrados
El interior apenas deja espacio para lo imprescindible. Una cama de 120 centímetros ocupa buena parte de la habitación. También hay una pequeña mesa, dos sillas, una estantería y la ropa guardada bajo el colchón.
No dispone de electricidad, por lo que tampoco tiene frigorífico. Los alimentos se conservan en una bolsa isotérmica con hielo que se renueva diariamente. Para cocinar utiliza una cocina de camping y calienta el agua manualmente.
El baño está en una caseta exterior y la higiene diaria la realiza en una sauna de leña situada junto al lago. "El lago facilita mucho conseguir agua para ducharse", explica.
Una vida minimalista que no quiere abandonar
Aunque reconoce que la vivienda no podrá utilizarse durante el invierno por carecer de aislamiento, Emilia no tiene intención de volver a una casa convencional. Su objetivo es continuar llevando una vida sencilla y pasar los meses más fríos en el sur de Europa.
Tras recorrer Andalucía durante el invierno pasado, asegura que le gustaría regresar.
"Cuando pruebas el invierno andaluz, lo echas de menos", afirma. Hasta entonces seguirá disfrutando de un verano que cabe en apenas cuatro metros cuadrados.
El auge del minimalismo
El caso de Emilia refleja una tendencia que gana adeptos en distintos países europeos: reducir el tamaño de la vivienda para disminuir gastos, simplificar la vida y dedicar menos tiempo al mantenimiento del hogar.
Lejos de asociar el bienestar con disponer de más espacio o más objetos, quienes optan por este estilo de vida priorizan la flexibilidad, el contacto con la naturaleza y una menor dependencia económica.
En su caso, la experiencia parece haber confirmado que no necesita una gran casa para sentirse cómoda. Mientras otros ahorran durante años para comprar una vivienda de grandes dimensiones, ella asegura haber encontrado su lugar en una pequeña casita de madera que costó apenas 50 euros.
