BLOGS
13/03/2019 07:25 CET | Actualizado 13/03/2019 07:25 CET

Cuarenta y ocho

Marcelo Del Pozo / Reuters
Carme Chacón.

Vivir es eso que todos hacemos por defecto pero que casi nadie llega a comprender exactamente en qué consiste. Nos perdemos en minucias, en la cotidianeidad; agrandamos problemas que no son tal y achicamos alegrías que son, en cambio, enormes. Muy poca gente sabe vivir apropiadamente, y una de esas pocas afortunadas eras tú, querida Carme.

Hoy hubieras cumplido 48 años, y hubieras seguido viviendo cada segundo como si fuese el último, como solo tú sabías hacerlo. Casi puedo verte ahora brindando con una copa de vino blanco, sonriendo, debatiendo. No te gustaba perder nunca ningún debate y es que ciertamente eres implacable en convencer al de enfrente.

Nos has dejado un ejemplo impagable: el de la vocación por el servicio público; el de la política decente. Fuiste el mejor ejemplo de cómo alguien antepone siempre el bien colectivo al personal, de cómo tu amor por el bien común guiaba siempre cada una de tus decisiones. No creo que llegaras a ser plenamente consciente de todo lo que adecentaste la política española, de cómo tu voz firme será guía en las siguientes generaciones.

Viviste 46 años en plenitud. Tu cardiopatía congénita te obligó a vivir intensamente, te hizo entender la vida de una manera que muy pocos pueden: saboreabas cada momento, cada cena con tus amigos y con tu familia, cada conversación. Los problemas de los demás eran también los tuyos y tu generosidad era y sigue siendo inusitada en estos tiempos.

En estos tiempos en los que los extremismos parece que han venido para quedarse, es importante tener referentes como tú.

Y es que has dejado un vacío enorme en la esfera pública y privada. Quien no te conocía, te admiraba, y los que tuvimos la suerte de ser tus amigos, además de admirarte, te queríamos infinitamente. Siempre estabas, y siempre estás; siempre al teléfono para cada problema, siempre con conversaciones cómplices y, si se podía, bailando hasta que el cuerpo aguantara. Viviste 46 años llenos de vida: reíste, amaste, transformaste la sociedad, tuviste un hijo precioso, y cambiaste la historia de España y del mundo con tu ejemplo. Es imposible no reivindicarte.

En estos tiempos en los que los extremismos parece que han venido para quedarse, es importante tener referentes como tú. Eres el mejor ejemplo de que el sacrificio, la ética y la cultura del esfuerzo tienen recompensa y consiguen cambiar el mundo. Huías de la política cortoplacista, aborrecías los discursos vacíos de contenido, te emocionaban por encima de todo las personas. 46 años de vida, querida Carme; de vida legada, de lucha comprometida; 46 años vividos contra reloj, pero vividos. Intensos y cargados de emociones.

Hoy hubieras cumplido 48 años y parece mentira que no lo podamos celebrar. Parece mentira que ya no esté tu voz para apelar a la concordia en estos difíciles momentos. Nos quedó una última foto por hacernos de aquella última cena que pude disfrutar junto a ti y más amigos. "¡Marianito, se nos ha pasado hacernos una foto!", me dijiste al día siguiente; "¡Da igual! Cuando uno está tan a gusto, las fotos son lo de menos", te dije yo. Y hoy esas palabras resuenan en mi cabeza, aquellas palabras sin importancia en aquel momento. Una vez más fuiste ejemplo de que los afectos son lo primero, de que la amistad y la familia son lo primero.

Te recuerdo, Carme. Gracias por tantos buenos ratos, por tanto cariño. Gracias por cambiar este país. Y gracias por dignificar la política. Gracias por tu amistad. Te echo de menos.

Síguenos también en el Facebook de El HuffPost Blogs

RECONOZCAMOS LO BUENO