Emilia Lozano, la abuela de los menores migrantes de Hortaleza: "La dignidad no entiende de fronteras"
Imagínense el día de su jubilación. Un sueño húmedo para muchos, seguro. Sin embargo, Emilia Lozano rechazó el Imserso y la vida contemplativa una noche en la que paseaba por el barrio junto a su perra Luna. Desde entonces, ligó su vida a lo que siempre le ha apasionado: ayudar y acoger a los que más lo necesitan.
La lluvia abraza las calles del barrio madrileño de Hortaleza, uno de los lugares más ligados a la migración donde centros de menores y jóvenes migrantes son parte intrínseca del escenario urbano. Desde hace años, la extrema derecha ha puesto la diana en los chavales, como el cartel de Vox que les acusaban de robar las pensiones, o grupos como Núcleo Nacional, que orquestan cacerías nocturnas para ir tras ellos. Entre el asfalto, hormigón, toldos verdes y edificios con pisos de gotelé se encuentra Emilia Lozano, una jubilada que una noche decidió levantar un muro de esperanza ante el odio.
"¿Lleváis mucho tiempo esperando?", nos pregunta tras bajar del autobús que la dejaba en las proximidades de la Iglesia Evangélica Cristo Vive, lugar que les ha cedido un pequeño espacio para dar cursos y clases a los menores migrantes. "Mira que no tenemos nada que ver con la iglesia ni con ningún tipo de religión, pero agradecemos poder tener este huequito", explica con humor. Pese a su labor, el apoyo institucional al proyecto de Emilia, llamado Somos Acogida, es nulo y salen adelante gracias a pequeños donativos y el trabajo de voluntarios.
A la llegada a la puerta trasera del edificio religioso, una decena de jóvenes la esperan, al igual que dos nuevas voluntarias. "Es nuestro primer día, la verdad que tenemos muchas ganas", cuentan. Emilia saluda uno a uno a los chavales, preguntando cómo pasaron la noche, si saben algo de sus papeles, cómo les va en los estudios que cursan e incluso si han conseguido trabajo.
Para que se hagan una idea, hablar con ella es como hablar con una abuela que tiene en el inventario mil anécdotas e historias que contar: de sus vivencias, su proyecto, cómo pasa el tiempo... Por ejemplo, recientemente estaba en juego la nominación a los Goya de un documental sobre su trabajo. "Mira que nos han dado 46 premios, pero nada, la academia este año ha dejado fuera lo social", reprocha indignada, aunque la parte positiva es que tras la noticia hizo bizcocho para todo el equipo.
Se sienta con El HuffPost una jubilada que renunció al Imserso y a la vida contemplativa, propia de la edad, para acoger a menores migrantes, a tratar de darles un fututo bajo la premisa que todos merecemos vivir con dignidad. Un trabajo que, dice, le ha vuelto a dar la vida y la energía que pensaba perdida y que, ahora, prevé tener el camino más fácil con la regularización de migrantes masiva.
Cuéntame Emilia, ¿cómo comenzó toda esta historia de Somos Acogida?
Empezó de la manera más sencilla que te puedas imaginar: paseando a mi perra por un parque que está justo al lado del centro de menores de Hortaleza. Empecé a ver a chicos muy jóvenes, adolescentes de 14, 15 o 16 años, sentados en bancos, apartados. Veías cómo una parte de la sociedad se alejaba de ellos, como si molestaran. Yo llevo viviendo en el barrio 45 años, pero hasta entonces no era consciente de la realidad que había ahí abajo.
Descubrí lo injustos que somos como sociedad y también cómo funcionan algunos centros. Estamos hablando de niños, de adolescentes. Yo pensaba: ¿cómo es posible que tratemos así a chavales tan jóvenes?
¿Tenías experiencia previa en el ámbito migratorio?
Ninguna. Yo había trabajado toda mi vida en movimientos sociales: creé las dos primeras asociaciones de mujeres en Hortaleza, estuve en el Consejo de la Mujer, impulsamos el Foro contra la Violencia hacia las Mujeres… pero de inmigración no sabía nada. Imagínate, cuando nos jubilamos, mi marido y yo nos cambiamos de casa para tener algo más pequeño, viajar con el Imserso, irnos al pueblo... Esas cosas que se suelen hacer.
¿Y qué cambió ese plan?
Que estos chicos me devolvieron una energía que creía perdida. Descubrí que me daban ellos más a mí que yo a ellos. Esa fuerza que pensaba que se estaba apagando volvió con más intensidad, aunque yo ya soy mayor. Y así empezó todo.
¿Cómo se forma Somos Acogida?
Poco a poco. Empezamos siendo un grupito muy pequeño de cuatro personas. Y así, sin grandes planes, pero con mucha convicción, nació Somos Acogida. Después se fue sumando más gente y nos cedieron un espacio y ahora estamos aquí.
Después de una vida de trabajo y de cambiar de casa para ir a una más pequeña para hacer el Imserso y parar, ¿qué te dijo tu marido cuando de pronto apareces en casa con chavales desconocidos?
Un día, hace unos seis años o así, me encontré a dos chicos cerca del centro de Hortaleza, hacía muchísimo frío, finales de noviembre debía ser. Llevaban una bolsa de patatas y bajaban la calle. Les pregunté que a dónde iban con tanto frío y me dijeron que no podían estar en el centro hasta la noche, que a las nueve de la mañana los echaban y no volvían hasta la hora de comer, y luego, sobre las cuatro, otra vez a la calle y así hasta la noche.
Les dije de ir a un bar para tomar algo caliente. Entraron ellos primero y la dueña les dijo "fuera, fuera". Pensé que iba a cerrar. Cuando yo entré detrás, a mí sí me dejó pasar. Ahí me di cuenta de que era puro racismo. Me indigné. Quiero decir, ella era china, los chavales africanos y yo manchega, aquí no hay nadie de Madrid. Después de que nos echara, me llevé a los chicos a casa.
Mi marido, imagínate (ríe), abrió la puerta, se encendió la luz del portal y vio a dos chicos negros, uno enorme y otro más bajito. Me miró como diciendo "ya te has metido en otra". Y así fue. Pero esta vez nos metimos los dos. Hoy él está tan enganchado como yo.
Nos ha dado vida. Nos une, nos da vitalidad. No es que nosotros ayudemos a los chicos, es que nos ayudamos mutuamente. Vamos sosteniéndonos unos a otros en el mismo camino.
La mayoría de edad y la condena para los migrantes
¿Qué te cuentan los chicos sobre su llegada a España y el mal recibimiento muchos les dan?
Muchos no son conscientes al principio. Se han acostumbrado tanto al sufrimiento que no perciben el maltrato externo. Pero con el tiempo algunos te dicen: "Si lo hubiera sabido, no sé si habría venido. Siento que pierdo mi dignidad".
Es en algunos centros de acogida donde la pierden . Las trabajadoras se dejan la piel, quiero que eso quede claro, pero las políticas y algunas direcciones son terribles. Hay centros donde se machaca a las personas, donde no se les trata como seres humanos y les dan palizas.
Cuéntanos, ¿qué ocurre cuando cumplen la mayoría de edad?
El mismo día que cumplen 18 años, si no hay recurso, a la calle. Sin alternativa habitacional, sin papeles, sin nada. Hemos recogido a chicos a las dos de la madrugada llorando, con una mochila y una manta. Incluso el propio 31 de diciembre, ya en noche cerrada, nos llamaron porque uno se había quedado fuera, con sus cosas en la maleta y en la calle. Nos llamó con pánico, llorando, sin saber qué hacer, desamparado.
Es devastador. Hay chicos que vienen de centros donde han estado bien cuidados y de repente se ven solos, sin entender nada. El miedo que pasan es indescriptible.
¿Qué cambia cuando entran con vosotros en Somos Acogida?
Todo. Pasan del terror a la calma. Del miedo a la sonrisa. Empiezan a estudiar, a relacionarse, a sentirse normales. En el pueblo donde tenemos la Casa de la Solidaridad los reciben con abrazos. Es emocionante. Uno recibe a otro y le dice "tranquilo hermano, aquí vas a estar bien".
Ver cómo porco a poco recuperan la alegría. Cómo empiezan a imaginar un futuro. Algunos trabajan, otros estudian, otros han podido volver a ver a sus familias. Cuando uno te dice "Emilia, ya tengo coche" o "quiero ser enfermero", se te ponen los pelos de punta.
Son educados, son buenas personas. ¿Hay alguno que no es así? Claro, pero cómo van a estar cuando con 18 años les ponen en la calle, ¿cómo estaríamos nosotros? Todos "yo con 18 me voy a sacar el carnet" o "me van a regalar no sé qué" o "vamos a hacer una fiesta en no sé donde". Ellos, tres meses antes de cumplir los 18 años, ya están llorando porque saben lo que les espera: una mochilita, sin papeles, una mantita y fuera.
El auge del odio y del racismo
¿Qué le dirías aquellos que propagan el discurso de odio?
No sé, me pondría de mala leche y no creo que sea bueno. Les diría que piensen en su casa, que seguro que la limpia una migrante. Digo una, eh, no uno. Seguro que otra también cuidará a sus padres, ¿por qué no se paran a pensar en estos chicos que los va a necesitar y a los que les están gritando y largando tanto odio?
Expanden odio, bulos y humo. Todo eso lo están haciendo en este mismo barrio. Núcleo Nacional a las dos y tres de la mañana van diez o doce personas, nunca más de 15, a pasear por el parque al lado del centro de Hortaleza a ver si hay algún chico durmiendo en un saco. No hay derecho, no es justo, no podemos ser tan inhumanos. Los que sobran en este país son ellos: los que nos faltan el respeto a la mayoría de españoles. Somos muchos más que ellos, solo que no vendemos humo, vendemos realidades, les abrimos las puertas y los metemos a nuestra casa.
Si los Cayetana o Abascal tuvieran que estar como estos chicos se iban a enterar. Entonces sí que nos iban a salir malos, seguro, porque ellos nacieron con la cucharilla de plata en la boca y estos han nacido con mucha hambre y esa es la diferencia.
¿Por qué crees que está aumentando el discurso del miedo y el anti migratorio en la sociedad?
Es una ola a nivel europeo, no entiendo por qué pasa. Yo viví la época franquista y sufrí mucho en mi adolescencia y hasta pasados los 30 años. Creo que por eso entiendo tanto a estos chavales, pero no entiendo ni soy capaz de comprender por qué hay tantas personas que parecen animales.
No entiendo cómo unos chavales con gorra, sudaderas negras vienen a tirar una granada a un patio de menores. No entiendo por qué grupos de 12 personas vestidos de la misma manera pasean de madrugada en busca de migrantes para darles palizas. De verdad que es algo que soy incapaz de comprender.
En seis años por Somos Acogida han pasado 1.200 chavales, en la Casa de la Solidaridad tenemos a 60 chicos. Trabajamos, formamos, les damos sus documentaciones, ¿por qué no lo hacemos más? ¿Por qué nos los repartimos como si fueran cajas? Son personas. Naveguemos todos en la misma dirección, ya verías como nos comíamos a los cuatro locos que montan humo.
Sin apoyo institucional
¿Cómo mantenéis en pie el proyecto, recibís alguna ayuda institucional?
Ninguna. En seis años no hemos tenido local propio. Estuvimos en uno que nos dejó una asociación cultural, se disolvió y como era alquilado lo han dejado. Ahora nos han dejado un espacio en una iglesia evangelista y estamos muy agradecidos. Nosotros nada tenemos que ver con religiones. Los chicos el 99% son musulmanes, pero estamos muy agradecidos de lo que nos respetan.
Hemos ido a ver desde la ministra de Migraciones, al Ayuntamiento, la Comunidad... A todas partes, lo que nos ha dicho la directora de Familia de la Comunidad de Madrid nos es que era maravilloso lo que estábamos haciendo, pero que ellos ya no daban subvenciones, ni ayudas, solamente nos podían dar un curso, algunos cursos de de voluntariado.
Te dan muchas ganas de decirle "señora, nosotros le podemos dar 20 cursos de voluntariado para que supiera lo que es". La ministra de Migraciones no nos han contestado, le hemos pedido varias veces que queremos reunirnos con ella y no nos ha contestado. La reina Letizia nos dio el premio de Cruz Roja, la medalla de oro. Contamos que estábamos sin local. La reina le dijo a la ministra "tienes que arreglar esto". Se comprometió a que sí. En mayo va a hacer un año y el jefe de gabinete de la ministra nos dijo que era una organización muy pequeña y no nos podían ayudar.
Si este proyecto está saliendo adelante es por las pequeñas donaciones, voluntarios y los medios de comunicación que nos dan visibilidad y así llegan más aportaciones. Pero de instituciones nada, da igual el color que tengan, ni el PP, ni el PSOE, ni Sumar... Nadie nos quiere recibir.
Las famosas "ayudas"
¿Qué hay de cierto en eso de que los migrantes viven de ayudas del Estado?
Mira, ayer nos llevamos a la Casa de la Solidaridad a un chico que llevaba 11 días en la calle. Sólo comía una vez al día y tiene papeles, pero no encontraba trabajo. No solamente es que no tengan ayudas, es que no tienen ninguna solución habitacional, si salen del centro se quedan en la calle. Imagínate las ayudas que les dan.
Es mentira. Ni las pagas, ni el Ingreso Mínimo Vital, nada. Las ayudas del centro son comer y dormir. Con 18 años se van a la calle. Ni en Madrid ni en ningún sitio de España les dan ayudas a estos chicos. Es más poner pegas y dilatar su documentación.
Alpha y los papeles
¿De qué país eres y cómo llegaste a España?
Soy de Guinea. Entré en España en enero de 2025. Llegué primero a Canarias, estuve en Tenerife y luego me trasladaron a Madrid. Estuve varios meses esperando que me confirmaran como menor para poder entrar en un centro.
¿Cómo fue ese proceso una vez llegaste a la península?
Fue muy difícil. No tenía papeles y no podía buscar piso ni trabajar. Me dijeron que tenía que esperar, pero pasaban los meses y no había soluciones.
¿Qué ocurrió cuando cumpliste los 18 años?
Aunque tenía papeles en trámite, al cumplir los 18 me dijeron que tenía que salir del centro. No tenía dinero ni un sitio donde vivir.
¿Cómo viviste ese momento?
Fue muy duro. Tenía dolores de salud y aun así me dijeron que me fuera. Me quedé sin saber qué hacer.
¿Cómo recuerdas el viaje desde tu país hasta España?
Fue muy duro. No hablaba español, no conocía a nadie. Salí solo. Mi padre murió cuando yo era pequeño y no tenía otra opción. Emilia me ayudó mucho con el español. Cuando llegué aquí no tenía clases y con ella empecé a aprender. Me sentí apoyado por primera vez.
Y ahora, ¿qué quieres hacer?
Quiero aprender español bien y buscar trabajo. Me gustaría ser soldador de coches. En mi país ya tenía diplomas de mecánica y de informática.
¿Cómo ha sido la acogida en España?
Es difícil. Si no tienes estudios ni dinero, es muy complicado. A veces te sientes muy solo.
¿Te has sentido acompañado aquí?
Ahora sí. Aquí he hecho amigos y me ayudan mucho. Gracias a eso me siento mejor.
Paladji y su historia
¿Recuerdas cómo llegaste a España?
Llegué en 2023. Primero estuve en Canarias, en Tenerife, y luego vine a Madrid con mis amigos porque los centros de allí son muy duros y no nos ayudaban.
¿Qué pasó cuando llegaste a Madrid?
Fuimos a la policía. Todos éramos menores. Yo tenía 17 años. Nos llevaron a Hortaleza, pero a mí me dijeron que era mayor y no me dejaron entrar al centro.
¿Dónde dormiste entonces?
Dormí cuatro días en la calle. Mis amigos estaban dentro del centro y yo fuera. Luego gracias a Emilia pude tener un sitio donde quedarme.
¿Cómo fue el viaje hasta España?
Duró ocho días. Fue muy duro. No venimos a hacer nada malo, venimos a buscar un futuro mejor.
¿Por qué crees que hay gente que piensa que venís a hacer daño?
Porque no saben cómo somos. Hay gente preparada, con estudios. No todos somos malos.
¿Qué estás haciendo ahora?
Estoy estudiando informática y carpintería. Quiero trabajar, de lo que sea.
¿Qué ocurre cuando cumples 18 años en un centro?
No te dan nada. Ni pasaporte, ni casa. Te echan a la calle.
Emilia decía que para muchos jóvenes cumplir 18 es una condena.
Sí. Para otros es una fiesta, para nosotros es miedo. Yo nunca he celebrado mi cumpleaños.
¿Cómo conociste a Emilia y a las personas que te ayudaron?
En un parque. Ella bajaba con su perra y nos preguntó si necesitábamos ayuda. Gracias a ella ahora estoy en una casa con una familia.
¿Cómo es vivir con una familia de acogida?
Muy bien. Me tratan como a un hijo. Estoy tranquilo y me siento protegido.
¿Cómo estás ahora?
Mucho mejor. Estoy contento. Ojalá siga así.