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05/07/2013 07:36 CEST | Actualizado 03/09/2013 11:12 CEST

La tercera flecha de la Abenomics: la estrategia de crecimiento

La economía de Japón es demasiado grande para seguir avanzando a la deriva a través de la recesión y la deflación. Cuando pienso en los retos que tenemos, parto de esta convicción. La conclusión es simple. El mero hecho de crecer es una gran aportación de Japón al mundo.

La economía de Japón es demasiado grande para seguir avanzando a la deriva a través de la recesión y la deflación. Cuando pienso en los retos que tenemos por delante, siempre parto de esta convicción fundamental.

Para situar la economía japonesa en contexto, medida en PIB nominal, es mayor que las de Alemania y el Reino Unido juntas.

En el primer trimestre de 2013, la tasa de crecimiento anualizada de Japón fue del 4,1%. Si esa tasa se prolonga durante todo el año, equivaldrá a la súbita aparición de una economía mayor que la de Israel.

Durante los últimos 20 años, Japón ha experimentado periodos de recesión deflacionaria. Como consecuencia, en el último periodo se perdieron casi 500.000 millones de dólares de renta nacional bruta, algo así como si desapareciera una economía equivalente a las de Noruega o Polonia.

El crecimiento como responsabilidad de Japón

La conclusión es simple. El mero hecho de crecer es una gran aportación de Japón al mundo. Si un país como el nuestro experimentase crecimiento negativo, eso sería probablemente la receta definitiva para el empobrecimiento general, una situación que merecería las críticas de todos.

El crecimiento de la economía japonesa no solo beneficia a Japón. Mi opinión fundamental es que se trata de una responsabilidad de Japón para con el mundo.

A Japón le interesa apoyar la seguridad y la libertad de movimiento en los mares, los cielos y el espacio, así como garantizar la seguridad del ciberespacio. Tenemos la responsabilidad de encabezar la lucha para preservar y cultivar estos bienes comunes globales de manera responsable.

En África, Japón cumple un importante papel, al suministrar conocimientos y dinero para sostener el desarrollo de infraestructuras y facilitar oportunidades de inversión, dar más poder a las mujeres y mejorar la salud materna e infantil. Japón no escatima esfuerzos en la contribución a la paz y la seguridad de la comunidad internacional.

Llevar adelante estos principios no es un lujo sino una necesidad, y para asegurarnos de que Japón va a poder seguir haciéndolo, es necesario crear crecimiento.

Así lo manifesté durante el discurso que pronuncié en el Guildhall de Londres con ocasión de mi reciente visita. Para recordar lo que solía decir la difunta baronesa Margaret Thatchet, este es un caso de NHOA: "No hay otra alternativa".

Crecimiento, seguido de consolidación fiscal

Los intentos de recuperar la solidez fiscal también son muy importantes. Cuando la economía japonesa perdió el equivalente a las economías de Noruega o Polonia durante la contracción, la base impositiva perdió esa misma cantidad, por lo que la deuda pública pasó a ser más del doble del PIB. Para rebajar la deuda, es crucial que aumenten los ingresos fiscales mediante el crecimiento económico.

Si queremos garantizar la confianza de nuestros socios internacionales, debemos dejarles claro que, mientras situamos nuestra economía en una vía de crecimiento sostenible, mantendremos una robusta disciplina fiscal. No existe reconstrucción fiscal sin crecimiento.

Por eso es vital la "tercera flecha" de mi política económica, la estrategia de crecimiento.

¿Cómo la ponemos en marcha? Aunque el abanico de posibles estrategias es conocido, se puede resumir diciendo que debemos estimular el crecimiento mediante la inyección simultánea de una serie de catalizadores.

Un Japón abierto y la reforma reguladora

En primer lugar, abriremos Japón y sus mercados, con la eliminación de las barreras comerciales y a la inversión siempre que sea posible. Duplicaremos la balanza de inversiones directas de compañías extranjeras en Japón. Asimismo debemos vender nuestros productos agrarios, que hasta ahora nunca contaban como productos exportables, al mercado mundial.

El contacto con personas, bienes y capital de todo el mundo será para Japón un poderoso catalizador que ayudará a alimentar nuestro crecimiento. Por eso creo que Japón debe incorporarse a las negociaciones del Partenariado Transpacífico cuanto antes.

Lo siguiente será una amplia reforma reguladora. Aquí hay dos ejemplos importantes. El primero, la reforma estructural en el mercado eléctrico, para acabar con un oligopolio histórico. Tomar la decisión de separar la generación y la transmisión de energía eléctrica será una reforma importante de unas normas existentes desde hace décadas.

Se prevé que dentro de este año fiscal el mercado japonés de paneles solares vuelva a recuperar su puesto entre los mayores del mundo. Creo que con la reforma del mercado eléctrico veremos la aparición y expansión de empresas, productos y servicios nuevos.

La reforma urbana como escaparate

La segunda gran estrategia es la desregulación exhaustiva y la creación de "Zonas Especiales Estratégicas Nacionales" que servirán de escaparates de la reforma estructural.

Para sacar el máximo provecho a las funciones de las ciudades es necesario revisar las ordenanzas urbanísticas. Se trata de crear configuraciones urbanas como la de Manhattan, donde la distancia entre el hogar y el trabajo es corta y hay escasa diferencia entre los habitantes de día y los de noche.

Otro propósito es crear ciudades en las que a los extranjeros les sea fácil vivir y trabajar. Para fomentar un entorno económico internacional, es fundamental que proporcionemos las necesarias estructuras de apoyo, como la dotación de servicios médicos y educativos internacionales de calidad y las facilidades para que se instalen esos servicios.

¿Qué novedades reales hay?

No piensen que este llamamiento a las inversiones extranjeras directas y las reformas estructurales es el de siempre. Aunque las opciones parecen ser las mismas, la persona que las dirige es otra. Las "Zonas Especiales Estratégicas Nacionales" son responsabilidad directa y personal mía, en mi calidad de primer ministro. Estoy dispuesto a arriesgar todo mi capital político para triunfar.

Ni que decir tiene que incrementar la participación de las mujeres en la fuerza laboral y los puestos de gestión ha dejado de ser un lujo para ser una necesidad. Estamos atrasados en el aprovechamiento de las aptitudes y el talento de nuestras mujeres. Con la reducción de nuestros ciudadanos en edad de trabajar, activar al sector femenino y volver a contratar a los mayores es también un objetivo de NHOA.

Estados Unidos es el ejemplo de un país que supo aumentar la productividad laboral en los sectores de servicios y administrativo al tiempo que mejoraba el entorno laboral de las mujeres. Japón necesita ponerse al día urgentemente.

Este es un catalizador indispensable para el crecimiento, y estamos preparando ya iniciativas de ayuda, empezando por la rápida eliminación de las listas de espera en las guarderías.

Como ven, necesitamos trabajar en múltiples frentes al mismo tiempo. La sensación de urgencia que crea esa necesidad realza nuestro compromiso de disparar la tercera flecha.

En alguna ocasión me han dicho que Japón parece moverse despacio pero consigue resultados importantes en el plazo de unos pocos años. Incluso en los últimos 20 años, drante los que Japón sufrió una deflación y una crisis económica, la silueta de Tokio ha cambiado por completo. Quienes llegan hoy a la estación se sorprenden al ver lo distinto que es el panorama al de hace 20 años.

Estamos decididos a construir un Japón fuerte que continúe alimentando y protegiendo los bienes comunes globales y contribuya a la paz y la estabilidad del mundo.

Dentro de 20 años, nos asombraremos de ver cuánto ha cambiado Japón.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia