695 euros al mes por 8 metros cuadrados en Mallorca: la Guardia Civil denuncia al propietario que anunciaba una barraca agrícola como vivienda "ideal para buscar tranquilidad y contacto con la naturaleza"
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695 euros al mes por 8 metros cuadrados en Mallorca: la Guardia Civil denuncia al propietario que anunciaba una barraca agrícola como vivienda "ideal para buscar tranquilidad y contacto con la naturaleza"

La infravivienda, imposible llamarla de otra forma, está situada en Maria de la Salut, se anunciaba como una casa de 25 metros cuadrados pero apenas tenía ocho útiles.

Vista de Palma de Mallorca desde el marJose Antonio Bernat Bacete- Getty Images

La crisis del alquiler en Baleares sigue dejando episodios que rozan lo grotesco. Así de siempre. Así de real. El último: una caseta de aperos de ocho metros cuadrados habitables, situada en una parcela rústica del municipio mallorquín de Maria de la Salut, y anunciada online por 695 euros al mes como si fuera una vivienda en toda regla. La Guardia Civil ha denunciado al propietario tras comprobar que el espacio, pese a presentarse como casa de 25 metros cuadrados, no reunía ninguna condición mínima de habitabilidad y estaba siendo explotado de forma irregular en el mercado inmobiliario. En esas estamos. 

Se ha actuado después de localizar el anuncio en portales inmobiliarios y detectar que diferentes medios locales habían empezado a hacerse eco del caso, que destacaba tanto por el precio como por la descripción idílica del inmueble. Según la información facilitada por la Guardia Civil, el propietario promocionaba la edificación como un lugar perfecto para "encontrar tranquilidad y naturaleza", ocultando que en realidad se trataba de una simple barraca agrícola, reformada recientemente y sin autorización para usarse como residencia. 

La realidad tras el anuncio: ocho metros útiles, un camino asfaltado y una reforma exprés

Durante la inspección, agentes del Seprona verificaron que la construcción tenía unos diez metros cuadrados en total, pero solo ocho útiles, muy lejos de los 25 metros cuadrados que figuraban en el anuncio. La caseta se encontraba junto a un camino asfaltado y mostraba señales evidentes de una reforma reciente: paneles solares, una toma eléctrica, un depósito de agua y trabajos visibles para adaptarla como vivienda. Todo ello, según la Guardia Civil, apuntaba a una intención clara de comercializarla como alojamiento pese a que la normativa lo prohíbe expresamente en suelo rústico. 

La oferta no solo era engañosa por la superficie. La inspección reveló también la existencia de un pozo sin permiso, un elemento que supone otra infracción al margen de las irregularidades de vivienda. Una parte de estas actuaciones han sido remitidas a la Conselleria de Vivienda del Govern balear, mientras que otras han quedado en manos de la Agencia de Defensa del Territorio de Mallorca, encargada de supervisar el uso adecuado del suelo rústico. Todo bien, vaya. 

Un caso extremo que resume el problema estructural del alquiler en Baleares

El caso de la caseta de Maria de la Salut no es una rareza aislada, sino un síntoma más de la tensión que sufre el mercado del alquiler en Mallorca. En los últimos años, la combinación de demanda desbordada, salarios estancados y presión turística ha llevado a situaciones límite: desde habitaciones interiores sin ventana hasta caravanas en descampados alquiladas a precios imposibles. La oferta de una infravivienda de apenas ocho metros cuadrados por casi 700 euros mensuales ilustra hasta qué punto el mercado puede llegar a distorsionarse cuando no existe alternativa.

Para la Guardia Civil, el anuncio cruzó varias líneas rojas: no solo se intentaba cobrar un precio "muy elevado" en relación con las condiciones reales, sino que además se presentaba el inmueble como una vivienda completamente legal. Tanto el precio como la descripción falsa de los metros cuadrados han sido claves en la investigación y en la interposición de las denuncias. 

La otra cara: jóvenes y trabajadores atrapados entre precios imposibles e infraviviendas

Colectivos sociales y plataformas por la vivienda en Baleares han vuelto a señalar que este tipo de ofertas se aprovechan de la desesperación de quienes buscan un alquiler asequible. Aunque esta infravivienda ha sido denunciada, insisten en que existen muchas otras situaciones similares que no llegan a detectarse o que quedan en un limbo difícil de controlar.

La caseta denunciada se ha vuelto viral precisamente porque condensa en un solo caso los elementos que definen la crisis: propietarios que intentan sortear la normativa, precios disparados, oferta inexistente y la precarización de los espacios destinados a vivir. Y, aunque este episodio tendrá consecuencias administrativas, quienes trabajan en el sector social recuerdan que la sanción al propietario no resuelve el problema de fondo.

Un cierre simbólico para un caso que no lo es

El propietario deberá ahora responder ante las diferentes administraciones por las infracciones detectadas, que van desde incumplimientos urbanísticos hasta vulneraciones de la normativa de aguas. La intervención policial frena el alquiler ilegal de esta caseta concreta, pero el debate que ha abierto se mantiene: ¿qué ocurre cuando la falta de vivienda digna convierte cualquier espacio, por mínimo que sea, en un producto rentable?

En Mallorca, como en el resto del archipiélago, la respuesta es cada vez más visible. Y este caso, ocho metros cuadrados, 695 euros y una barraca disfrazada de hogar, ha encendido todas las alarmas de nuevo.

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

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