Antes del aire acondicionado, la gente se sentaba sobre bloques de hielo, los abanicaba para refrescarse e incluso los lamía para sobrevivir a las olas de calor
Antes de que el aire acondicionado llegara a los hogares, millones de personas recurrían a métodos tan ingeniosos como extremos para soportar las olas de calor.
Ahora tenemos "lujos" y comodidades que damos por hechas, como si siempre hubieran estado ahí. Como se suele decir, cuando te falta es cuando lo valoras. Una de ellas es el aire acondicionado. Es cada vez más necesario cuando las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas en buena parte del mundo.
En Europa, donde solo alrededor del 20% de los hogares dispone de aire acondicionado, las altas temperaturas vuelven a poner sobre la mesa una pregunta inevitable: ¿cómo lograban soportar el verano generaciones anteriores sin sistemas de climatización?
La respuesta pasa por una combinación de ingenio, costumbre y adaptación, como muestran en Business Insider. Mucho antes de que el aire acondicionado se popularizara a mediados del siglo XX, las familias desarrollaron toda clase de estrategias para combatir el calor, algunas tan llamativas como sentarse sobre grandes bloques de hielo o incluso lamerlos para aliviar la sensación térmica.
El hielo era el mejor aliado contra el calor
Antes de la expansión de los frigoríficos eléctricos durante la década de 1930, los hogares utilizaban neveras de hielo para conservar los alimentos. Periódicamente, un repartidor dejaba grandes bloques de hielo que mantenían frescos los productos. Pero el hielo servía para mucho más.
Según recoge la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, muchas personas aprovechaban esos bloques para refrescarse directamente. Se sentaban sobre ellos, utilizaban abanicos para dirigir el aire frío hacia el cuerpo e incluso los lamían en los días más sofocantes.
Era una solución sencilla, pero eficaz, en una época en la que el calor extremo podía convertirse en un auténtico problema de salud.
Bebidas frías y helados como refugio
La limonada, los refrescos y los helados adquirieron una importancia especial durante los veranos de principios del siglo XX. Una receta publicada en un periódico estadounidense en 1915 definía la limonada como "la mejor amiga de la familia cuando el sol aprieta".
Durante la Ley Seca, además, los refrescos con helado se convirtieron en una de las bebidas más populares del país. En 1922, los estadounidenses consumieron más de 325 millones de galones de estos postres helados, según datos históricos.
Los abanicos eran imprescindibles
Aunque el ventilador eléctrico fue inventado en 1882, durante décadas siguió siendo un artículo caro reservado a los hogares con mayor poder adquisitivo. La mayoría de las familias seguía utilizando abanicos de mano.
En muchas iglesias del sur de EEUU era habitual repartir abanicos decorados con imágenes religiosas o publicidad local para ayudar a soportar el calor durante las ceremonias.
No fue hasta la década de 1940 cuando los ventiladores eléctricos comenzaron a extenderse de forma masiva.
Cocinar sin calentar la casa
Preparar la comida también requería estrategia. Encender los fogones durante las horas centrales del día suponía aumentar todavía más la temperatura del hogar, por lo que muchas familias modificaban completamente sus horarios.
Un manual del Departamento de Agricultura de Estados Unidos publicado en 1919 recomendaba cocinar muy temprano por la mañana para evitar que la vivienda acumulase calor durante el resto del día.
Las barbacoas al aire libre también ganaron popularidad precisamente porque mantenían el calor fuera del interior de la casa.
Los niños convertían las bocas de incendio en piscinas improvisadas
En ciudades como Nueva York era habitual que los niños abrieran las bocas de incendio para crear improvisados aspersores gigantes en plena calle.
La costumbre llegó a ser tan frecuente que durante una ola de calor de 1925 el jefe de bomberos pidió a la policía que vigilara las bocas de incendio para evitar que fueran manipuladas.
La tradición no ha desaparecido del todo. Hoy en día, el Ayuntamiento de Nueva York permite solicitar adaptadores especiales que convierten las bocas de incendio en aspersores seguros para refrescar los barrios durante los episodios de calor extremo.
Un problema que vuelve a ser actual
Aunque hoy el aire acondicionado es una solución habitual en muchos países, las olas de calor cada vez más frecuentes están recuperando el interés por muchas de aquellas estrategias tradicionales.
Mantener las viviendas cerradas durante las horas de mayor insolación, beber líquidos fríos, cocinar en los momentos más frescos del día o utilizar ventilación natural siguen formando parte de las recomendaciones de numerosos expertos.
Eso sí, pocas personas estarían hoy dispuestas a volver a una de las imágenes más curiosas del pasado: sentarse sobre un enorme bloque de hielo para intentar sobrevivir al verano.