Carolina, cuidadora colombiana en España: "Gano 1.000 euros, fines de semana y festivos me los pagan a parte"
Sus jornadas son duras, pero no se arrepiente de la decisión que ha tomado.
Emigrar es una decisión compleja que exige un tiempo de reflexión sustancial. Los que deciden dar el paso no solo tienen que decir adiós a familiares y amigos que se quedan en el país natal, sino que también han de afrontar diversas dificultades económicas, personales y laborales desde el momento en que ponen pie en este nuevo destino.
Muchos son los emigrantes que se ven obligados a coger cualquier trabajo, independientemente de sus estudios y formación previa en su nación de origen. De acuerdo al Real Instituto Elcano, se concentran en sectores de baja cualificación, entre los que destaca la agricultura —cerca del 80% en algunas campañas—, la construcción, la hostelería y el servicio doméstico, en el que representan el 70% de las empleadas.
Carolina es una de las personas que contribuye a este último porcentaje. Esta mujer colombiana trabaja en el ámbito de los cuidados en el hogar y, como muchas otras, tiene que lidiar con unas condiciones laborales precarias. "Gano 1.000 euros; fines de semana y festivos me los pagan a parte", subraya en una entrevista en el canal de Youtube, Elandrevblog.
Llegó a Madrid hace ya años, pero solo duró 11 días en Madrid. También trabajó en la recolección de frutas durante dos meses en Murcia; un empleo muy duro que le llevó a replantearse dormir en un parque para ahorrar dinero. Ahora comparte habitación y fue, "gracias a la sobrina del señor que me la rentó", como consiguió este trabajo de cuidadora.
Una jornada larga
Residente en un pueblo, sabe que no le queda otra que trabajar "cuidando abuelitos" o en el campo. Ahora, su jornada comienza a las 6:45 y se organiza. "Adelanto el desayuno de la abuelita y voy a hacer sus curaciones, todo lo necesario", apunta.
De 8 a 9 va al gimnasio para a las 10 ya estar de vuelta en el trabajo. "Estoy interna, pero con mucha libertad", apunta. A las dos de la tarde acuesta a la señora que cuida y disfruta de dos o tres horas libres que aprovecha para caminar, descansar o salir. La jornada finaliza a las 10 de la noche, cuando deja acostada a la anciana.
"Es una lotería". Con esta frase tan contundente define lo que significa para ella el oficio de cuidadora. Los 1.000 euros le sirven para mantener su economía diaria: paga 100 euros de una habitación gracias a contactos donde puede gozar de cierta libertad durante sus días de descanso y, apenas, gasta en alimentación. Su vida en este pueblo de Murcia transcurre tranquila y destaca que ese ritmo pausado no está hecho para todos.
A pesar de todas las dificultades que ha tenido que pasar, no se arrepiente de la decisión que tomó. "Ningún mal momento es eterno. Hay que perseverar. Aunque sintamos que ya no queremos rendir, podemos dar un poco más", concluye.