El estrecho de Ormuz se ha reabierto, pero ha aparecido un nuevo enemigo para los barcos: las conchas marinas
La normalización del tráfico marítimo en Ormuz no está siendo tan rápida como se esperaba.
La reapertura del estrecho de Ormuz está siendo más complicada de lo previsto. En los últimos días, Trump ha acusado a Irán de atacar buques y la situación ha estado muy cerca de volver a escalar. Ahora ambos países han acordado frenar los ataques y se han citado esta semana en Qatar con la intención de rebajar la tensión.
En principio, los petroleros pueden circular sin problemas en Ormuz al menos durante las próximas 48 horas. Pero más allá de los ataques y de una nueva posible escalada, los barcos se enfrentan a otro tipo de problema: la acumulación de organismos marinos en sus cascos.
Los buques están sufriendo un fenómeno denominado bioincrustación. Ocurre cuando la vida silvestre se adhiere a los barcos y estos no pueden avanzar hasta que logran eliminar por completo los restos.
Algunos de estos organismos son percebes, mejillones, almejas, algas y conchas. Para que los equipos logren navegar lo antes posible, varios equipos de buzos están trabajando en la limpieza de los cascos. Tienen la labor de desprender los crustáceos y bivalvos en tiempo récord.
No se trata de una problemática extraña en el mundo marino, según aclara a la CNN un limpiador profesional de cascos llamado Hamm. "Cuatro meses es tiempo suficiente para que se acumulen un montón de cosas asquerosas", añade.
Uno de los inconvenientes es que los organismos marinos se acumulan en los sistemas de refrigeración y pueden dañarlos, lo que aumenta el tiempo necesario para reparar las embarcaciones.
Así se están limpiando los grandes petroleros
La bioincrustación tiene consecuencias técnicas y económicas relevantes. El rendimiento de los barcos se reduce porque aumenta la resistencia al agua, los motores tienen que trabajar más y hay una mayor necesidad de combustible. Por eso los buques no pueden simplemente reanudar la navegación, es necesaria una limpieza a fondo.
Los buzos especializados están raspando los percebes adheridos, también utilizan hidrolimpiadoras o herramientas eléctricas para que la labor sea más rápida. Además, deben asegurarse de que no quedan restos de especies invasoras que pueden provocar grandes daños en otros ecosistemas.
Hay miles de barriles de petróleo a la espera de que los buzos terminen su trabajo, y todos los actores implicados dividen su atención entre la pequeña fauna marina y las negociaciones de Irán y Estados Unidos.