En el puerto de Sídney, un buque de carga de 1.140 toneladas lleva oxidándose desde 1972, hasta que finalmente fue engullido por un bosque entero
De casi ser desguazado a convertirse en uno de los rincones más curiosos de la ciudad.

Hay lugares donde el paso del tiempo solo deja ruinas, y luego está este viejo carguero australiano, que demuestra que la naturaleza puede escribir finales muy distintos. Lo que hace más de medio siglo parecía un simple barco condenado al desguace es hoy uno de los rincones más curiosos de Sídney, con un casco cubierto por un bosque de manglares que ha acabado devorándolo casi por completo.
Desde 1972, el SS Ayrfield permanece varado en la bahía de Homebush, al oeste de Sídney, donde el óxido y la vegetación han transformado su aspecto por completo. Este antiguo buque de carga de 79 metros de eslora y 1.140 toneladas nunca llegó a ser desguazado como estaba previsto y, con el paso de las décadas, acabó convertido en un insólito bosque flotante que hoy se ha convertido en una de las imágenes más llamativas y fotografiadas de la ciudad.
El buque fue construido en Escocia en 1911 y registrado en Sídney un año después para comenzar su vida transportando carbón entre distintos puertos australianos. Según recoge Sciencepost, durante la Segunda Guerra Mundial desempeñó un papel estratégico al abastecer a las tropas estadounidenses desplegadas en el Pacífico. Tras el conflicto volvió a su actividad comercial hasta que, pasados unos años, fue retirado del servicio.
Una transformación imprevista
En 1972 llegó a Homebush Bay para ser desmantelado y convertido en chatarra. Sin embargo, el desplome del precio del acero hizo que los astilleros de desguace cerraran antes de completar el trabajo. Con ello, el barco quedó abandonado junto a otros cascos oxidados, parcialmente hundido y sin ningún tipo de mantenimiento, iniciando una transformación que nadie había previsto.
Con el paso de los años, las semillas de los manglares de los alrededores fueron depositándose sobre la estructura metálica. El barro acumulado, la humedad constante y las mareas crearon las condiciones perfectas para que echaran raíces. De esta forma, lo que empezó con pequeños brotes terminó convirtiéndose en un auténtico bosque que sobresale del casco, hasta el punto de ocultar gran parte del viejo carguero.
Ahora el naufragio se ha convertido en un pequeño ecosistema donde se refugian aves, peces y crustáceos, mientras las raíces y las ramas continúan erosionando lentamente la estructura de acero. El valor de este fenómeno hizo que, en 1976, el SS Ayrfield pasara a formar parte del Área de Conservación de Naufragios de Homebush Bay. Aunque comparte espacio con otros barcos abandonados, ninguno ha experimentado una colonización vegetal tan espectacular como la suya.
