Flavio Briatore llama "cretino" a quienes pagan 70 euros por un helado con oro y el dueño de la heladería responde: "Tenemos 148 personas en lista de espera, con reservas hasta el 22 de septiembre"
El exclusivo helado con oro y azafrán que atrae clientes de medio mundo.

Los lujos absurdos u ostentosos atraen tanto como repelen. La comida no se libra, en este caso un helado con láminas de oro, que ha desatado uno de los debates gastronómicos del verano en Italia. Y el que ha alzado la voz no ha sido una persona "del pueblo", sino un multimillonario: todo comenzó cuando el empresario Flavio Briatore cargó contra quienes pagan 70 euros por un helado de lujo y aseguró que solo un "cretino" gastaría esa cantidad en un producto de ese tipo. La respuesta no ha tardado en llegar.
El propietario de la heladería Mokambo, en Ruvo di Puglia, defiende que no vende un simple helado, sino una experiencia gastronómica que lleva ocho años desarrollando y que, lejos de perder clientes tras la polémica, sigue acumulando reservas. "Hoy tenemos 148 personas en lista de espera, con reservas hasta el 22 de septiembre", asegura al Corriere della Sera Vincenzo Paparella, que dirige el negocio familiar junto a su hermana Giuliana.
"No es un helado para presumir"
Paparella cree que Briatore ha juzgado el producto sin conocer realmente el proyecto. "Probablemente se imaginó que cogemos un helado normal, le ponemos unas láminas de oro y lo vendemos a un precio desorbitado. Si fuera así, tendría razón. Pero nuestro proyecto es completamente distinto", explica.
Según relata, la propuesta nació hace ocho años tras un largo proceso de investigación y experimentación. Desde entonces, calcula que más de 2.000 personas han viajado expresamente hasta esta localidad del sur de Italia para probar el producto. "Es una experiencia gastronómica. Hay una historia detrás, un proceso y mucho trabajo", resume.
Clientes de Japón, Australia o Estados Unidos
La repercusión mediática no ha reducido el interés. Más bien al contrario. Paparella asegura que siguen recibiendo visitantes procedentes de numerosos países, entre ellos EEUU, Alemania, Francia, Polonia, Japón o Australia, algo que considera especialmente significativo teniendo en cuenta que Ruvo di Puglia no figura entre los grandes destinos turísticos italianos.
"No vienen solo por un helado. Buscan una experiencia diferente y después la comparten mediante vídeos, reseñas y testimonios en internet", afirma. Esa difusión, sostiene, explica que continúen llegando solicitudes desde todo el mundo.
Una invitación directa a Briatore
Lejos de alimentar la confrontación, el empresario ha optado por invitar personalmente al fundador de Crazy Pizza a conocer su negocio. "Primero debería venir, conocer nuestro trabajo y probar el helado. Después podrá expresar su opinión", señala.
Paparella incluso reconoce que comprende perfectamente el modelo de negocio de Briatore. "Creo que ha creado un formato de éxito. Quien va a Crazy Pizza no paga únicamente una pizza, paga una experiencia. Aquí ocurre exactamente lo mismo", asegura.
A su juicio, ambos conceptos responden a una misma lógica: ofrecer algo diferente al cliente, más allá del producto en sí.
Mucho más que un helado de lujo
El propietario también quiere desmontar una idea que, según dice, se ha extendido tras la polémica. "Mucha gente piensa que solo vendemos helados de 95 euros, pero no es cierto", explica.
La inmensa mayoría de los clientes compra helados tradicionales que rondan los cinco euros, aunque insiste en que también detrás de esos productos existe un importante trabajo de selección de materias primas.
La heladería utiliza leche procedente de vacas criadas en pastos, huevos de gallinas camperas y elabora directamente ingredientes como el chocolate, utilizando granos de cacao procedentes de 36 orígenes diferentes, además de pistachos, avellanas y otros productos seleccionados. "El helado de 95 euros es una propuesta excepcional; no representa nuestro trabajo diario", aclara.
La polémica como escaparate
Paparella reconoce que la discusión con Briatore ha dado una enorme visibilidad al negocio, aunque considera que esa exposición solo funciona cuando existe un proyecto sólido detrás.
"La polémica forma parte de la comunicación, pero solo funciona si tiene fundamento", afirma. Para él, el verdadero motivo por el que siguen recibiendo reservas ocho años después no son las redes sociales ni las declaraciones del empresario italiano.
"Si este proyecto continúa atrayendo a personas de todo el mundo es porque se basa en la calidad del trabajo, en la experiencia que ofrecemos y en las opiniones de quienes ya la han vivido", concluye.
Mientras tanto, el helado más polémico de Italia continúa agotando fechas. Y, pese a las críticas de Briatore, la lista de espera sigue creciendo.
