Hasta dos años de colas en las fronteras de la UE: el nuevo control biométrico ya colapsa aeropuertos en Baleares y Portugal y amenaza el turismo
Bruselas reconoce que los problemas provocados por el nuevo sistema de entrada y salida podrían tardar hasta dos años en estabilizarse. Mientras tanto, miles de viajeros ya sufren retrasos, largas esperas e incluso pérdidas de vuelos.
Lo que comenzó como una medida para reforzar la seguridad en las fronteras europeas amenaza con convertirse en uno de los mayores quebraderos de cabeza para millones de turistas.
La Unión Europea reconoce que las largas colas provocadas por el nuevo sistema biométrico de entrada y salida (EES) podrían prolongarse durante los próximos dos años, una situación que ya está generando problemas en algunos de los principales destinos turísticos del continente.
Aeropuertos de Baleares, Portugal y puntos fronterizos tan transitados como Dover ya han registrado importantes incidencias desde la puesta en marcha del sistema.
La advertencia de Frontex
La alarma la ha lanzado Uku Sarekanno, director ejecutivo adjunto de Frontex, la agencia europea encargada de la vigilancia de fronteras.
Según explicó al diario británico The Sunday Times, los problemas derivados del nuevo sistema tardarán entre uno y dos años en estabilizarse. "Muchos Estados todavía se están adaptando a esta nueva realidad", reconoció.
El responsable europeo admitió que algunos países están teniendo dificultades para gestionar el nuevo procedimiento y señaló que aquellos que están funcionando mejor son precisamente los que han destinado más recursos, más personal fronterizo y un mayor número de terminales de control.
¿Qué está pasando?
El nuevo sistema EES entró formalmente en funcionamiento en abril y afecta a todos los viajeros procedentes de países no pertenecientes a la Unión Europea. Esto incluye a británicos, estadounidenses y otros visitantes extracomunitarios.
La novedad es que ahora deben registrar información biométrica, incluyendo huellas dactilares y reconocimiento facial, además de los datos tradicionales del pasaporte.
En teoría, el proceso completo solo debería realizarse una vez cada tres años. Sin embargo, durante estos primeros meses de implantación muchas fronteras están repitiendo el procedimiento completo en cada viaje debido a problemas técnicos y diferencias en la aplicación de las normas.
Aeropuertos colapsados y pasajeros que pierden vuelos
Las consecuencias ya son visibles.
Durante las vacaciones de mayo se registraron importantes colas en aeropuertos de Portugal, en las Islas Baleares y en el puerto de Dover. Numerosos pasajeros denunciaron esperas de varias horas para completar los controles.
Algunos incluso llegaron a perder sus vuelos mientras aguardaban para superar los nuevos trámites. Las previsiones tampoco son especialmente optimistas.
La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) llegó a advertir este año de que algunas colas podrían alcanzar hasta seis horas en momentos de máxima afluencia.
Por su parte, el Consejo Mundial de Viajes y Turismo ha alertado de que hasta 41 millones de visitantes podrían replantearse viajar a Europa debido a estas demoras.
Una amenaza para el turismo europeo
El problema preocupa especialmente en países cuya economía depende en gran medida del turismo. Aunque Bruselas ha permitido medidas temporales para suavizar los controles durante el verano, esa flexibilidad finalizará en septiembre.
Grecia ya ha anunciado que relajará temporalmente algunos controles para viajeros británicos durante la temporada alta, pero otros países han optado por mantener el sistema sin modificaciones.
Las asociaciones del sector turístico consideran insuficientes estas medidas. "Si la propia Unión Europea espera que las colas duren hasta dos años, entonces no estamos hablando de un problema temporal, sino de un fracaso serio de la política aplicada", afirmó Tim Alderslade, director ejecutivo de Airlines UK.
El gran reto de Europa
Detrás de las dificultades hay otro problema añadido: la falta de uniformidad. Actualmente existen alrededor de 1.700 puntos fronterizos diferentes repartidos entre aeropuertos, puertos y pasos terrestres de toda Europa, y no todos utilizan la misma tecnología ni aplican los procedimientos de la misma manera.
Esa disparidad está generando confusión entre viajeros y operadores. Mientras Bruselas insiste en que el objetivo es mejorar la seguridad y controlar mejor los movimientos dentro del espacio europeo, la realidad es que muchos turistas ya están descubriendo el lado menos amable del nuevo sistema.
Y, según reconocen las propias autoridades comunitarias, la normalidad todavía puede tardar bastante en llegar.