Íñigo Martincorena, líder investigador en Cambridge en la lucha contra el cáncer: "La formación en España es muy buena, pero falta una financiación ambiciosa y estable"
Un caso más de fuga de talento que vuelve a España tras 18 años en el extranjero, pero solo para recoger un premio.

Según el INE, casi 140.000 españoles salieron en 2024, la mayoría en busca de nuevas oportunidades, de unas condiciones laborales y profesionales mejores. La historia se ha repetido en 2025 y casos como el de Íñigo Martincorena son cada vez más frecuentes. Cualquier salida es un debe para el país, pero más aún si son médicos, catedráticos, ingenieros, o como en este caso, investigadores galardonados.
Íñigo volvió a España, pero solo esporádicamente, para recoger el Premio Doctores Rodríguez Pintado, impulsado por el Centro de Investigación del Cáncer (Universidad de Salamanca, CSIC y FICUS) junto con la Fundación Doctores Diz Pintado, por sus resultados en la lucha contra el cáncer liderando un grupo de evolución somática en el Wellcome Sanger Institute (Cambridge).
Como él mismo dice en una entrevista en La Gaceta, no se fue hace 18 años allí "por su clima" sino "porque en España no hay un apoyo ambicioso y estable". Eso sí, alaba la excelente formación, lo que resulta aún más dolorosa esa pérdida de mentes brillantes, que las "aprovechan" otros países e instituciones foráneas.
El jurado ha subrayado su aportación para entender cómo aparecen y compiten las mutaciones en tejidos sanos, un paso clave para llegar antes que el cáncer, cuando aún no se ve. Lo ha tenido que hacer en Reino Unido, donde lleva 18 años.
Lo primero que se viene a la mente es el concepto de fuga de talento, de carreras científicas interrumpidas y de proyectos que no aguantan el ritmo si dependen de convocatorias intermitentes.
España: buena cantera, dinero a trompicones
La crítica de Martincorena a la falta de financiación estable la matiza, indicando que España está mejorando en inversión, pero sigue lejos de donde se juega la Champions científica.
Según el INE, el gasto interno en I+D en 2024 fue de 23.931 millones de euros, equivalente al 1,50% del PIB. El propio Ministerio de Ciencia subraya que la media de la UE ronda el 2,2% desde 2018, una referencia que ayuda a entender por qué tantos investigadores miran fuera cuando toca consolidar laboratorio y equipo.
Mientras, centros como el CIC de Salamanca funcionan como piezas clave del ecosistema: forman, investigan, conectan con hospitales y empujan la transferencia.
Que el Premio Diz Pintado recaiga en un perfil como Martincorena también tiene esa lectura: poner el foco en la ciencia básica que, con el tiempo, acaba aterrizando en prevención, diagnóstico y tratamientos.
La fuga de cerebros en España
Los datos oficiales no hablan en estos términos, pero los registros de españoles en el extranjero y las salidas de nacidos en España muestran un aumento sostenido de talento que se ve en la última década, sobre todo en 2025.
A 1 de enero de 2025 había 3.045.966 españoles residiendo en el extranjero según el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE) del INE, un 4,7% más que un año antes y el mayor incremento desde 2016, según publicó El Diario de Madrid a partir de datos del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE) del INE.
En 2024 se registraron 40.982 nuevas salidas de personas nacidas en España, de las cuales el 68,4% eran jóvenes en edad laboral (16-64 años).
En los últimos cinco años, el número total de españoles residentes fuera ha aumentado cerca de un 15%, lo que indica una salida acumulada significativa de población nacional, buena parte con estudios medios o superiores, según las mismas fuentes, sobre todo titulados universitarios de áreas STEM (ingeniería, informática, biomedicina), sanidad (médicos, enfermeras), investigación y personal científico.
Los propios protagonistas citan como principales razones para irse salarios bajos, inestabilidad contractual, falta de carrera investigadora y mejores oportunidades en Alemania, Reino Unido, Francia, países nórdicos y, fuera de Europa, Canadá o EEUU, según este repositorio de la Universidad Pontifica de Comillas.
