Jaime, vecino de Es Jonquet desde hace 40 años: "Esto ya no es un barrio, es un parque temático del ruido donde nadie puede dormir"
"Solo pedimos poder dormir. Poder vivir tranquilos. No creo que sea tanto".
Desde su pequeña casa en Es Jonquet, uno de los barrios más bonitos y fotografiados de Palma, Jaime, mallorquín de 65 años, mira al mar con una mezcla de orgullo y resignación. Lleva toda la vida viviendo allí, en un entorno de calles estrechas, molinos históricos y vistas privilegiadas al puerto. Pero lo que antes era un remanso de tranquilidad se ha convertido, según dice, en “un infierno nocturno”.
“Antes aquí nos conocíamos todos. Era un barrio de vecinos, de familias. Ahora, en cuanto cae la noche, esto cambia completamente”, explica. El problema, insiste, no es solo el turismo, sino cómo ha crecido y se ha concentrado en determinadas zonas sin control. La cercanía con Santa Catalina, uno de los epicentros del ocio nocturno en Palma, ha transformado Es Jonquet en una especie de extensión involuntaria de la fiesta. La presencia de discotecas en los alrededores ha intensificado una situación que, según los residentes, lleva años empeorando.
“Cada noche es lo mismo: gritos, peleas, gente borracha, botellas rotas… y ruido constante. Es imposible dormir”, lamenta Jaime, quien ya está desesperado ante esta situación.
Un barrio precioso... y agotado
Es Jonquet sigue siendo, a ojos del visitante, un lugar idílico. Sus casas bajas, su estética tradicional y sus vistas lo convierten en una postal perfecta. Pero para quienes viven allí, esa imagen es cada vez más difícil de sostener. “Es muy bonito, sí. Pero vivir aquí ya no es lo que era. Estamos cansados”, reconoce. El ruido es el principal problema, pero no el único. Jaime señala también la suciedad que queda cada mañana tras las noches de fiesta. “Te levantas y ves basura por todas partes. Nadie se hace responsable”.
En su caso, la situación afecta directamente a su vida diaria. Vive con su mujer en la misma casa de siempre, pero el descanso se ha convertido en un lujo. “Hay noches que no pegas ojo. Y ya no somos jóvenes”.
“Lo peor es que ya nos hemos quejado muchas veces, hemos hablado con el Ayuntamiento… Y en teoría hay más control y nos han puesto cartelitos de ‘Respeten el descanso de los vecinos’, pero en la práctica todo sigue exactamente igual. ¡Es desesperante!”, censura el mallorquín.
El impacto de los pisos turísticos
A esta presión se suma otro fenómeno que ha cambiado por completo la dinámica del barrio: la proliferación de pisos turísticos. “Más de la mitad de las casas ya no son de vecinos. Son alquileres de gente que viene unos días y se va”, explica Jaime.
Una situación que, según asegura el mallorquín, no hace más que agravar el problema. “Si sabes que te vas en tres días, no te importa hacer ruido, ni molestar, ni cuidar el sitio. No es tu casa”, explica.
La pérdida de comunidad es, para él, una de las consecuencias más graves. “Antes había vida de barrio, ahora hay rotación constante. No conoces a nadie”, lamenta Jaime, quien afirma que ya casi no reconoce su barrio de toda la vida.
“Queremos seguir viviendo en nuestro barrio”
El caso de Es Jonquet no es aislado. Forma parte de un patrón que se repite en muchas zonas de Palma y en otros destinos turísticos: barrios residenciales que acaban absorbidos por el ocio y el alquiler vacacional.
A sus 65 años, Jaime no se plantea marcharse. “Esta es mi casa, la de toda la vida”, apunta el mallorquín, aunque reconoce que cada vez es más difícil. “Solo pedimos poder dormir. Poder vivir tranquilos. No creo que sea tanto”, denuncia.
Mientras tanto, cada noche, Es Jonquet vuelve a llenarse de ruido. Y cada mañana, sus vecinos se preguntan cuánto más podrá aguantar un barrio que, poco a poco, siente que deja de pertenecerles.