Mario Sánchez, tecnólogo de alimentos: "Ni se te ocurra comer arroz o pasta si llevan más de 24 horas en la nevera; pueden tener una espora que no se destruye con el calor"
El error que casi todo el mundo comete con el batch cooking: lo que parece práctico puede convertirse en un riesgo invisible si no sabes cómo conservar bien los alimentos
Cocinar un domingo para toda la semana suena a organización, ahorro de tiempo y vida resuelta. El famoso batch cooking se ha convertido en una rutina habitual en miles de hogares, especialmente entre quienes quieren comer mejor sin complicarse a diario. Sin embargo, lo que muchos no saben es que no todos los alimentos soportan ese plan sin consecuencias. Y hay dos en concreto que pueden convertirse en un problema serio si se gestionan mal: el arroz y la pasta.
"El límite está en 24 horas", advierte el tecnólogo de alimentos Mario Sánchez. A partir de ahí, aunque el alimento tenga buen aspecto y haya estado refrigerado, el riesgo empieza a aumentar. El motivo no es evidente a simple vista ni tiene que ver con el olor o el sabor, sino con la microbiología. Existe una bacteria, Bacillus cereus, que puede estar presente de forma natural en estos alimentos y que genera una estructura especialmente resistente: una espora capaz de sobrevivir incluso a altas temperaturas.
¿Qué es el bath cooking?
Ese detalle cambia completamente las reglas del juego. Porque no basta con recalentar bien el plato para hacerlo seguro. Esa espora no se destruye con el calor convencional, y si el alimento ha estado varios días en la nevera, las bacterias pueden haber proliferado lo suficiente como para provocar una intoxicación. El frío ralentiza su crecimiento, pero no lo detiene por completo. Por eso, lo que parece una práctica inofensiva como guardar arroz o pasta varios días puede acabar siendo un error.
Esto no significa que el batch cooking sea peligroso en sí mismo, pero sí que exige conocer los límites de cada alimento. Según explica Sánchez, la mayoría de platos preparados pueden conservarse entre dos y cuatro días en el frigorífico, dependiendo de su composición y de lo sensibles que sean sus ingredientes. Sin embargo, arroz y pasta juegan con otras reglas. La recomendación es clara: consumirlos como máximo al día siguiente o, como mucho, en un plazo de 24 horas.
La solución, en realidad, es sencilla. En lugar de cocinar grandes cantidades de estos alimentos para toda la semana, es preferible prepararlos en el momento o con muy poca antelación. “Son productos que tardan muy poco en hacerse”, recuerda el experto. En apenas diez minutos puedes tener pasta o arroz recién hechos, evitando así riesgos innecesarios y mejorando también el resultado final en textura y sabor.
Pero este no es el único error común en la cocina doméstica. La forma en la que organizamos la nevera también tiene un impacto directo en la seguridad alimentaria. Por ejemplo, colocar huevos o leche en la puerta, algo que mucha gente hace casi por inercia, no es lo más adecuado. Esa zona está sometida a constantes cambios de temperatura cada vez que se abre el frigorífico, lo que puede afectar a la conservación de productos más sensibles. Lo recomendable es situarlos en las baldas interiores, donde la temperatura es más estable.
La descongelación
En la puerta, en cambio, deberían ir alimentos menos delicados, como bebidas, salsas o mermeladas. Mientras tanto, los productos frescos como carnes o pescados deben colocarse en las zonas más bajas, especialmente si están en proceso de descongelación. El motivo es simple: evitar contaminaciones cruzadas. Si estos alimentos liberan líquidos, pueden arrastrar bacterias que acaben afectando al resto de productos.
Precisamente, la descongelación es otro de los puntos críticos. Sacar carne o pescado directamente a temperatura ambiente es una práctica habitual, pero poco recomendable. Ese cambio brusco de temperatura crea un entorno perfecto para que las bacterias se multipliquen rápidamente. Lo más seguro es hacer la transición de forma progresiva, pasando el alimento del congelador al frigorífico y dejando que se descongele lentamente. El microondas puede ser una opción rápida, pero a costa de perder calidad si no se hace con cuidado.
Más allá de la conservación, también existe cierta confusión con las fechas de caducidad. No todos los alimentos se comportan igual. Por ejemplo, productos como el yogur, que contienen bacterias beneficiosas, pueden consumirse unos días después de la fecha indicada sin que suponga necesariamente un riesgo. Sin embargo, en alimentos más sensibles como carnes o pescados, la recomendación es mucho más estricta. Y en poblaciones vulnerables: niños, personas mayores, embarazadas no conviene asumir ningún riesgo.
Cuidar los pequeños detalles
A esto se suma otro concepto que muchas veces pasa desapercibido: la vida útil una vez abierto el envase. Un producto puede durar meses cerrado, pero una vez abierto, el margen cambia por completo. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la leche. Aunque pueda conservarse fuera del frigorífico antes de abrirla, una vez abierta debe consumirse en pocos días. A partir de ese momento, el alimento pierde la protección inicial y queda expuesto a contaminantes externos.
Incluso gestos aparentemente inofensivos, como congelar carne directamente en su envase original, pueden afectar a su calidad. Muchos de estos envases contienen atmósferas modificadas diseñadas para prolongar la vida útil en refrigeración, pero que no funcionan igual en congelación. Lo recomendable es retirar el producto, guardarlo en bolsas adecuadas y eliminar al máximo el aire antes de congelarlo, evitando así que se degrade.
Al final, la diferencia entre una cocina segura y una que no lo es no está en grandes decisiones, sino en pequeños detalles que suelen pasarse por alto. Y en ese contexto, el arroz y la pasta se han convertido en uno de los ejemplos más claros de cómo un hábito cotidiano puede esconder un riesgo que casi nadie ve venir.