Marisol, vecina del Barrio de Santa Cruz de Sevilla: "Ya no quedan panaderías, solo tiendas de souvenirs y colas para desayunar"
"Lo que está pasando es que nos están echando".

En el corazón de Sevilla, donde antes el aroma a pan recién hecho marcaba el ritmo de las mañanas, hoy predominan las colas de turistas buscando brunch y las tiendas de recuerdos de la ciudad.
El cambio no es solo estético: es, para muchos vecinos, una señal clara de que la ciudad está dejando de ser habitable. Y pocos lo resumen con tanta contundencia como Marisol, residente del histórico Barrio de Santa Cruz: "Ya no quedan panaderías, solo tiendas de souvenirs y colas para desayunar".
El testimonio de Marisol, recogido por el Diario de Sevilla, pone voz a un malestar creciente en una ciudad que supera ya las 9.800 viviendas turísticas reguladas y más de 32.000 plazas destinadas a visitantes. A eso se suman más de 250 hoteles. Un volumen que, según denuncian los vecinos, está transformando barrios enteros y expulsando progresivamente a quienes los habitan.
Pintadas de desesperación
El enfado ha empezado a tomar forma en las calles. En los últimos días, mensajes como "Fuera Airbnb" han aparecido en paredes de zonas como el Casco Antiguo, Triana o la Alameda.
Y esto no son simples actos vandálicos, según cuentan los residentes que viven en estas zonas de la capital andaluza, sino una forma de visibilizar un problema que consideran ignorado.
Marisol lo tiene claro: "La única manera que tenemos para intentar frenar esto es que la gente se reivindique". Aunque asegura no saber quién está detrás de las pintadas, entiende el mensaje: "Si no llenamos las paredes, parece que aquí no pasa nada, y lo que está pasando es que nos están echando".
El malestar también se ha dirigido hacia los cajetines de llaves utilizados por muchos apartamentos turísticos, los cuales han aparecido sellados con silicona o pintados, dificultando así su uso. Para los vecinos, estos dispositivos simbolizan un modelo que prioriza el alquiler turístico frente a la vivienda residencial.
Una ciudad que cambia de piel
El caso del Barrio de Santa Cruz es paradigmático. Uno de los enclaves más emblemáticos de la ciudad, con calles estrechas y casas encaladas, se ha convertido en uno de los puntos más tensionados por la presión turística. "Aquí ya casi no queda vida de barrio", lamenta Marisol.
La reciente Semana Santa de Sevilla ha sido, según muchos residentes, el detonante final. La ocupación rozó el 100%, evidenciando la enorme capacidad de atracción de la ciudad, pero también sus límites.
Mientras tanto, el Ayuntamiento de Sevilla estudia fórmulas para limitar nuevas licencias, aunque el crecimiento del turismo sigue avanzando más rápido de lo que se establecen las medidas.
¿Ciudad o parque temático?
El debate de fondo va más allá de las cifras. Sevilla se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿puede seguir siendo una ciudad para vivir o está destinada a convertirse en un escaparate para visitantes?
Para Marisol, la situación es desbordante y asfixiante para los vecinos y, por ello, considera que la respuesta es urgente: "Esto no va de estar en contra del turismo, va de poder seguir viviendo aquí".
Y es que su frase sobre las panaderías no es solo fruto de la nostalgia: es una advertencia sobre todo lo que se pierde cuando el equilibrio se rompe. Y en calles donde cada vez es más difícil encontrar vecinos y más fácil encontrar maletas, esa advertencia empieza a resonar con fuerza.
